Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


Prólogo

Abril 1945.

Al final de la segunda guerra mundial, la muerte violenta formaba parte de la rutina y costumbre de un mundo que se despedazaba a cambio de dominio y propiedad. Las víctimas convertidas en cifras se habían desprovisto del atributo de la desgracia: eran números, no personas.
En la medida en que se liberaban los campos de exterminio, se daban a conocer los horrores sufridos por millones de personas. Los grandes jefes del ejercito nazi se suicidaban o adoptaban personalidades falsas para escapar.
Mientras la geografía del poder se acomodaba dentro del botín territorial de los vencedores; un grupo especial de nazis, formado por maquillistas, cirujanos plásticos, científicos y expertos en finanzas, trabajaba en un plan de escape que pretendía perpetuar el poder hitleriano.
Esa masa anónima de especialistas no ocupó un papel importante en el conflicto bélico ni se les podía acusar de crímenes de guerra. Libres de culpa, actuaban con libertad en cualquier país, inclusive en Alemania.
Algunas células nazofilas diseminadas en América, Europa y los Países Arabes, se prepararon para recibir a los fugitivos y a proporcionarles lo necesario para mantener su proyecto de supervivencia y expansión. Los contactos mundiales estaban listos para acoger a grupos de inmigrados con documentos apócrifos. El plan de escape más grande de la historia se había activado en un planeta donde la población se redistribuía. Los asesinos adquirían una nueva cara; una identidad que les permitiría continuar con los propósitos originales del nazismo.
En el mes de abril se anunció la muerte del presidente de los Estados Unidos: Franklin Delano Roosevelt. Benito Mussolini fue ejecutado por los partisanos. Adolfo Hitler y Eva Braun se suicidaron. Miles de personas murieron de hambre. Diecinueve niños judíos utilizados en experimentos fueron ahorcados por la SS.
Al margen de estas noticias, algunos periódicos de la ciudad de México publicaron un reportaje donde se reseñaba el secuestro de tres mujeres y el asesinato de una de ellas.
El cadáver respondía al nombre de Leonor Marcos Cáceres, mujer de cuarenta y ocho años en cuyo cuerpo se descubrieron huellas de tortura y heridas múltiples en la zona genital. El informe del forense destacaba las lesiones producidas por quemaduras de cigarro, mordidas humanas y golpes. Además, la víctima había sido violada antes de morir asfixiada por estrangulamiento.
Víctor Cáceres Marcos, hijo único, identifico el cuerpo sacrificado de su madre. Horrorizado por la situación, urgió a la policía para que esclareciera el crimen.
Durante la investigación no se definieron móviles específicos . Los celos y los motivos económicos estaban descartados. La mujer se dedicaba a la literatura y gozaba de una situación holgada gracias a una herencia familiar. Carente de identidad religiosa, su vida era simple y con vínculos superficiales. Participaba en eventos culturales de un grupo de intelectuales, artistas y periodistas, unidos por su afinidad a la causa nazi.
Los detectives interrogaron a las dos mujeres que sobrevivieron al secuestro. Se siguieron las pistas disponibles; se interrogó a muchos de los posibles involucrados sin obtener datos concluyentes ni hipótesis plausibles. Al cabo de dos años, las investigaciones policiacas fueron abandonadas.
Ésta es la historia de lo que sucedió.

© Natán Zachs