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Ulysses
"Todos
los que pudieron evitar la negra muerte, escapándose de la guerra y
del mar, habían vuelto a sus hogares; pero Ulises quedaba solo,
lejos de su país y de su esposa...". La Odisea, Canto número
I Homero
El
día, todavía sin su máximo esplendor, era alumbrado por los
faroles que de las interminables calles de Buenos Aires. La ventana
estaba media abierta y cerrada pero, ante la ausencia de los rayos
del sol, lo recién descrito carecía de importancia, más que nada
porque, al menos a esas horas, pocas cosas podían despertarme. Tal
vez intente ese reto alguna bocina de auto o el ruido de algunos
pájaros cantores que, al parecer, estaban más dormidos que yo. El
despertador o el despertador celular (gracias a la tecnología) me
indicaba que ya es hora de levantarme. Un rápido salto y hago uso de
mi condición de bípedo. Lo de extrañarse era que no me sentía tan
soñoliento como de costumbre, aunque el espejo me señalara lo
contrario.
Una rápida ducha de 10 minutos y disfruto del desayuno
con el abrigo de la televisión matutina. Uno de los beneficios de
ver tele a la mañana es que el rating no importa, por lo tanto, no
nos encontramos con una programación tan contaminada como estamos
acostumbrados en los horarios "prime time" (siglas en
inglés que significan horario estelar, suena más "top"
prime time). Un viejo capítulo del "Increíble Hulk" (la
serie vieja, no la película infestada de efectos especiales) logró
retenerme en casa hasta las 7 de la mañana. La Avenida estaba
completamente vacía. Yo contaba las monedas y al mismo tiempo miraba
hacia atrás para que el chofer del colectivo velocista me tome por
tonto y me haga esperar 5 minutos más, frecuencia APROXIMADA de los
colectivos de la ciudad. El horario tope para el recibimiento de
personas al edificio era las 8 de la mañana. Afortunadamente,
colectivo y subte todavía es la inversión de dinero y tiempo más
rentable que uno puede conseguir en la cartelera de servicios de
transporte, a pesar de que los aumentos "mínimos" a los
que estamos acostumbrados intenten machacar el sueño de un viaje
rápido Con copete de gorrión me dirijo al registro de
extranjeros. Haberme levantado a las 6 de la mañana me daba una
confianza que en unos segundos iba a ser derrumbada por el poder de
la realidad. Seguramente las 50 personas que ya se encontraban
sentadas, con número en mano, fueron mucho más precavidas que yo.
Solo la esperanza de una burocracia rápida, segura y eficaz me daba
el consuelo de no tener que echar raíces en el lugar para cumplir mi
cometido.
¿Cuál es mi cometido? simple, conseguir mi certificado
de nacimiento, no la partida, esto es otra cosa, es un papelito en
donde dice donde nací y quienes son mis padres, verán, para sacar
la cédula de identidad argentina me solicitan, además del DNI, la
partida de nacimiento ¿El inconveniente? mi partida no está visada
por mi país y el consulado que, teóricamente es la representación
de mi nación, no lo puede sellar por lo tanto debo irme hasta mi
país para efectuar el trámite. Por cuestiones de dinero y tiempo
esto me resulta casi irrealizable. Afortunadamente, gracias a un
amnisticio de un presidente anterior, el trámite se podía realizar
también con este certificado que les comenté.
La
policía de la entrada me consulta extrañada si yo era extranjero y
si tenía el documento, me indica que saque número en la "caja
1" y espere. Mi número de la suerte es el 64. El cartel
luminoso mostraba el numero 25. Mis esperanzas de que la palabra
"trámite" significara eficacia y rapidez, como estamos
acostumbrados para el uso de dicha palabra, seguía intacta ¿curioso
no?
Estaba sentado en un banco que por cierto estaba roto y me
obligaba a hacer equilibrio para no quedar con mi cuerpo paralelo al
suelo. De a poco mis sentidos se agudizaron y empecé a estudiar la
forma de operar del lugar. En la parte izquierda del edificio, se
encontraban las "cajas", primer destino en donde tomaban el
nombre y el trámite a realizar, luego derivaban a la gente a una
segunda instancia en donde confirmaban los datos. Si lo realizado
tenia un importe a pagar entonces el 3er destino era la caja. Luego
de abonar, la instancia 4ta y última era donde confirmaban la
confirmación de la solicitud del trámite a realizar y la posterior
demora de la entrega del certificado, un método infalible en donde
no hay lugar para errores. Confirmación de la confirmación, más
que curioso pero necesario supongo. Observando la fachada del
lugar me recordaba mucho a la infraestructura de una iglesia, Grandes
columnas a la entrada y el techo de cristal. Intuía que en algún
momento tal vez lo fue. La caja uno estaba posterior a una barra que
cruzaba la parte izquierda del lugar, muy parecido a un banco en
donde la gente espera ser atendida y una barra separa al personal del
banco y a las personas normales. Las cajas en realidad estaban
compuestas por una computadora y no eran cubículos, todo estaba como
sin separar y separado al mismo tiempo. A la izquierda a las cajas de
la primera instancia, se encontraban las cajas de la segunda
instancia, en total tres, seguramente para poder efectuar el proceso
de gente rápidamente. Al final de estas, unos dos metros continuando
el sendero, se encontraba la caja de la 3era instancia. Esta se
encontraba atendida por un muchacho de pelo largo muy al estilo "sui
generis". Dando una media vuelta hacia la izquierda ya se
encontraba una especie de salón en donde las mesas de los empleados
públicos se encontraban enfrentadas al estilo "tribunal"
con los asientos de los solicitantes extranjeros. Todo estaba
delimitado y organizado y, al mismo tiempo como en una doble
dimensión, limitado y desorganizado.
Lo llamativo también estaba
en la gente que componía al grupo mayoritario expectante entrante.
Pude encontrar un crisol de razas. Me sentía en los ejércitos
antiguos en dónde gente de todas nacionalidades conformaban el mismo
grupo. Asiáticos y sudamericanos, africanos y europeos, rubios y
morochos, de piel morena o blanca como la nieve, todos conglomerados
en el mismo lugar por causas parecidas.
La gente comenzaba a
impacientarse, los números no avanzaban. Uno de nosotros finalmente
decidió tomar partido y se acercó para informarse sobre la demora,
cruzó un par de palabras con uno de los empleados y se volvió a
sentar. ¡64! aúlla el encargado de la caja número 1: _¿para
que venís? _para el certificado de nacimiento _¿libreta? _no
no, certificado. (toma mi DNI) _Muy bien, pasa por ahí que ya te
atienden.
En el segundo sector, la cantidad de asientos era
más reducido que en el primer obstáculo. La sensación de estar más
cerca de salir reconfortaba cualquier incomodidad. Cuando me
encontraba totalmente confiado de mi suerte, un evento logró
perturbar la quietud de mi alma. Una de las empleadas de las máquinas
de la caja 2 deja de atender al público. Se queda en su posición,
mirando a los costados como desganada. Resoplaba como obrero en día
caluroso. Su pose nos inquietó a todos, no es que no nos llamara la
atención que estuviera cansada, sino que no entendíamos como pudo
estar unos 20 minutos sin atender al público sin que nadie dijera
nada. Hasta tuvo tiempo en el intering de su mini recreo de preparar
el mate. Ella guiaba totalmente su destino y el de todos sin que
ningún superior indicara reproche alguno. Las caras de mis
compañeros de aventura irradiaban indignación y bronca por este
suceso hasta que finalmente las fieras se aplacaron con la toma de
actividades por parte de la mujer.
_¡Joyce! _Hola, que
tal. _¿para qué venís? _Certificado de
nacimiento. _¿partida? _ no no, certificado (ya el tono
emanaba un poco de descontento) _pasa por ahí que ya te cobran.
16 pesos. _Gracias.
Me dirigí directo a los dominios del
chico sui generis, había dos personas adelante pero igualmente
llamaba por apellido.
_Joyce, Iván. _ Mi nombre es Juan
(contesté extrañado). _ uhh, bueno te lo arreglan allá, total
no pasa nada, 16 pesos. _Bueno, gracias. (contesté entrecortado
sin ninguna seguridad).
Me dirigía, ahora si con una
sensación extraña en el pecho, al tercer y último obstáculo.
Presentía que era el último pero no tenia la certeza. Lo del nombre
me preocupaba. ¿y si esperé una hora para nada? ¿y si por un error
ajeno debía efectuar todo el trámite de nuevo? El chico sui generis
aplacó un poco mi inquietud pero igualmente tenia certezas, no
seguridades. Me senté frente al "tribunal". Este estaba
compuesto por tres personas, todas superiores a los 50 años. El
primero de derecha a izquierda era un hombre mayor teñido de
pelirrojo y con bastantes sesiones de cama solar en su haber. Gozaba
de un acento suave y voz fina. Al hablar levantaba su mano a la
altura del cuello y quebraba su muñeca, meciéndose esta, cada dos o
tres palabras. El segundo hombre era un señor calvo, con barba y
anteojos al estilo padre de familia. Se quejaba por el calor, y tenía
aires de jugador de bingo por la postura impaciente al escribir y
recibir a las personas. El tercero y escollo final en mi aventura,
también calvo y de anteojos, parecía en vez de jugador de bingo,
jugador de tejo. Tenía una chomba blanca y hojotas, recién venido
de la playa, lo único que le faltaba es el protector solar blanco
cubriendo sus pómulos y la nariz. Los otros dos iniciaban la fase
final y este era el encargado de finalizar el trámite.
El
segundo hombre efectúa el alarido tan esperado: ¡Joyce, Iván! _Es
Juan, me anotaron mal. _ Uh! bueno, pará que lo anoto (tachó
directamente en la hoja, con media lengua afuera como relamiéndose,
como si faltaran dos números para gritar bingo, finalmente me
devuelve la hoja). _Gracias. _Espera ahí que en un rato te
llaman. _Está bien.
Todavía me inquietaba el error de
nombre. Por lo que me comentaron no había problema alguno pero la
inseguridad invadía mi ser. El tercer hombre pronuncia mi
apellido: _Joyce _Si. _Acá tenes, volvé en unos..calculale
35 días hábiles maso menos. _ Ok, 35 días, ¿es el certificado
no? (indague con un tono instigador) _ (Toma la hoja recién
entregada) Ehhh, si... si, certificado nacimiento (contesta con un
tono no muy seguro). _ Bueno, gracias eh.
Cuando me
disponía a irme con el trofeo de guerra en mi poder, el segundo
interrumpe mi huida: _Los 35 días son aproximados, volvé en
abril porque si te decimos 35 días y no está en ese plazo, nos vas
a querer matar. _ mmm, bueno, está bien (por dentro pensé:
¿Quien dice que no lo quiero hacer en este momento?).
Casi
resignado me dirigí con rapidez a la salida, pasé por los tres
sectores y vi prisioneros, vi personas pasando por el mismo camino
que yo. Vi asiáticos y sudamericanos, africanos y europeos, rubios y
morochos, de piel morena o blanca como la nieve, pasando por lo mismo
que yo. Vi a los empleados resoplar como si fueran burros de carga,
vi gente resoplando y aguantando la impaciencia, jugando con ella,
retándola a retraerse. Los ruidos de los resoplidos, el tipeo de las
computadoras, los apellidos nombrarse y el bullicio sonaban casi como
una sinfónica totalmente sincronizada. Por un momento todo me dió
vueltas, la sinfónica continuaba, el ruido no cesaba, me agobiaba.
Estaba fuera de mí, se había creado un tiempo-espacio alternativo
en donde era agobiado por la "música" del lugar. Un
apellido me toma de la mano y me devuelve a la conciencia.
¡Celayaaa!, fue como un cachetazo, fue mi ticket de vuelta a la
cordura.
Cuando pasé por la salida escuché algo que cerró mi
historia en ese lugar. Una persona, próxima a ingresar le hizo una
consulta a la policía que me recibió en un primer término. Algo
relacionado a unos números de seguro o algo por el estilo. La
contestación fue: "la verdad señora, hoy no me haga pensar, es
13". Pensé por dentro que relación tiene la mitad de mes con
la capacidad de pensar. Vino a mi mente el estereotipo de empleado
público que tiene la sociedad argentina; alguien haragán, cómodo,
flojo e ineficiente. Es una imagen difícil de romper especialmente
porque la frase de la mujer coincidía con el estereotipo, le daba
hogar y abrigo, lo alimentaba como la madera al fuego. No quise
prejuzgarla pero todos mis esfuerzos fueron en vano, me entregué de
lleno a mis oscuros pensamientos. Tal vez mi impaciencia atentaba con
todo el lugar. Mi percepción probablemente se encontrara difusa por
las ganas de finiquitar el proceso velozmente. Quería hacerlo un
"trámite" con el significado que le dan nuestros padres y
que nosotros también hemos adoptado sin modificar el sentido dado de
antemano.
Creo que las sensaciones las he compartido con todas las
personas que estaban en ese lugar, impaciencia, rabia e incluso hasta
ira pero por suerte todo había terminado. Me dirijo ahora a la
parada de colectivo pero algo me decía que no era el fin de mi
travesía, que alguna aventura se mezclaría con mi destino. No me
encontraba muy orientado así que me acerqué a preguntar a un grupo
de policías que estaba parados en una esquina: "Disculpen,
¿alguno de ustedes sabe donde me tomo el 60?
FIN
Creado
por ·ΙΙ
μαιευτικη ΙΙ·
 Friedrich...
Selbstmord
Me
veo rodeado por ángeles de perdición. Intento escribir para
refugiarme en el último intento de recuperar mi humanidad. Ya están
a las puertas.
La madera truena una vez, dos veces. Murmullos
invaden la habitación. Provienen de hombres que poco tienen de
inteligentes. Son los perritos falderos del Leviatán.
Este muy de vez en cuando los alimenta con unas míseras
monedas.
Mientras tanto yo sigo escribiendo, deleitándome con lo
que pude haber sido. Más grande que cualquiera, tan grande que pude
dar sombra a todo el continente americano. Los perritos golpean la
puerta cada vez más fuerte.
Las barreras de la moral les impide
ser inteligentes. Si me preguntan, la moral es un invento mundano
para atarnos como a los perros que vienen por mí. Me siento un
incomprendido, ¿Porque no respeto a las leyes soy maligno? ¿Acaso
soy un monstruo por no ser igual a todos? Sí, lo soy. Soy un
monstruo, un error de la humanidad confeccionado por miles de años
de sociedades humanas. Estas mismas sociedades se condenan a sí
mismas, y si bien las reglas son para todos, absolutamente nadie se
siente dentro de ellas. Nos reunimos para estar más protegidos pero
no hay un solo miserable que se sienta resguardado. Los que tienen
dinero se aíslan, los que no son los miserables, los abominables
errores del sistema. Somos todos abominables. Lo que tenemos de
bellos es opacado
monumentalmente por lo monstruoso de nuestra especie. Muerte,
desolación y demás.
Finalmente
puede percibir la silueta del arma que va a acabar conmigo. Se
encuentra encima de mi escritorio, justo donde lo necesitaba.
Mientras escucho a la puerta destrozarse, la tomo rápidamente. La
bendigo por ser mi escape de la nada. Miro el techo, observo
madera carcomida por las termitas. Es curioso que busque una sola
razón
para no hacerlo. Curiosamente la razón misma es la que me conduce a
tan marchitado fin. Dudo unos segundos. ¡Pam! Que
tremenda ironía. Los ruidos de la puerta eran una creación de mi
insanidad.
Demasiado tarde.
"El
individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si
lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún
precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno
mismo".
Friedrich Niezstche
FIN
Creado
por ·· Προμηθεύς ··
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