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El, un solitario amargado y desesperanzado hombre sin alma o sentimiento alguno, no se encuentra, no encuentra y huye de la realidad ocultándose en variantes de un momento de locura y desesperación.
Se arrastra, maúlla, es cruel y no conoce el amor, más no le falta un motivo para descargar su furia y golpear sus puños y esfera que crea sus tormentos contra un muro hasta dejarlos sangrando para sentir algo, en su hueca alma, donde se aloja su sueño, negro, con alas, solitario y cruel con los que no son como El, vengativo y carroñero, perdido de noche, ausente de día.
Mientras duerme, se busca y encuentra sólo a solo el negro, no duerme sólo murmuración de hacerlo lo atormentaría, él lee o cree que posee la capacidad de alcanzada la realidad de las letras.
Encuentra algo para El extraño, distinto, negro, con forma, libre.
Día tras día al otro día o después de un día, todo lo mismo no existe el tiempo, sólo cuando se mira al reflejo y no ve nada, negro, con plumas, cuando sale, si sale, y lo hace sólo cuando llueve o hay un terremoto, solo por la calle, traje negro con plumas, ojos afilados y carroñero, la poca gente o los vagabundos, le miran, escupen, patean, ríen y maldicen, sólo cuando aún no abrió la puerta.
Camina por la vereda por horas y horas, días y días, meses y meses, cuando por fin se detuvo, negro, con plumas, enjaulado, lo miró lo miraba, se captaban.
Tenían mucho en común, lo llevó, lo enjauló, lo alimentó, cuidó, pero de él se olvidó por no sentir, lo sintió.
Una oscuridad doce en punto, la puertecilla se abre negro sale vuela, se detiene sobre el rostro de Él y con un sencillo piquetéo le extrae pedazo a pedazo los dos ojos, él no siente, él no ama, él no tiene compasión, es vengativo, él es carroñero.
Al despertar todo de noche, sin sueño tocó sus ojos pero sólo encontró dos huecos, en donde nunca él se había tocado, sintió, gritó, hee hee, corrió hacia la jaula, tropezó y cayó, lo agarró, se dirigió a la ventana, la abrió y con sus endemoniadas manos le retorció el cuello, gritó hee hee, sangre en sus manos, calor sentía, espeso estaba, consistencia tenía, él sentía, él lo sintió, él le hizo sentir; lo arrojó por la ventana.
Se quedó segundos, esperó, no sintió, no siente, golpeó con sus puños la pared y luego cabeceó el agujero de la ventana, voló, negro, con plumas, vista aguda.
El enjaulado la muerte sintió, pero El no, gritó hee hee, cuervo negro, rencoroso, vengativo y murió.
Todos han muerto o desaparecido,
ya nadie lo sabe, cuál será el destino.
En dónde se esconden, qué planean.
Ya no hay futuro, escuchen el pasado,
que suplica ser borrado.
En qué lugar estarás perdido corazón,
en qué barsucho te han dejado.
Buscaré por mil mundos y la cúspide
del universo recorreré, pero a ti ya
no te encontraré.
Qué creen ustedes que es esto,
sólo una súplica o una tortura,
que mal que estoy,
que mal me siento,
quiero morir y no olvidar,
quiero que nunca más
lloren por mí, no ya no quiero
nada, me da asco todo,
harto me siento.
Hay pobre corazón en qué
barsucho te perdí, por qué morí.
© Vicente Rumi Guillamón