La palabra, primer territorio libre de América
La palabra, primer territorio libre de América
Armando Almada Roche
Dos artículos sobre Julio Cortázar

Recordando a Julio Cortázar a tres años de su muerte

La primera entrevista que mantuvimos con Julio Cortázar, ocurrió una soleada tarde en la madrileña avenida de Mayo por los años '73, y tuvo un soplo fantástico como escapado de las páginas de sus libros: me hablaba con humildad, sonreía con ternura y me acompañaba a descifrar los interrogantes como si las respuestas no fueran el producto de sus reflexiones sino de un juicio que compartíamos.

Sucedió que había leído en el diario "La Opinión" el domingo 18 de marzo de 1973, tramos de un adelanto de "El libro de Manuel", próximo a su publicación y me vi extrañamente sorprendido, por el raro parecido en sus características, con un trabajo que estaba escribiendo y que ya se encontraba en sus puntos finales. Recuerdo que no bien pude salir del asombro cuando me vi escribiéndole al director de ese diario comentándole la insólita simultaneidad de enfoque de la obra de Cortázar con la mía, tal vez por el simple hecho de dejar sentado un precedente.

Pues bien, ese episodio atípico fue el que le conté a Cortázar, instalados ahora en la penumbra de un desconocido y tranquilo barcito, entre tímido y esperanzado.

"Esto es extraño pero explicable, raro -respondió con su voz pastosa y seca en inflexiones, mientras fumaba con hambre y me miraba desde sus ojos verdes, largos y separados-. ¿Tiene su libro? -me preguntó. Y este periodista que hacía sus primeras armas como reportero, sacó de una carpeta un manuscrito y se lo alcanzó con un ligero temblor en las manos. El autor de "Rayuela" ojeó el original y frunciendo sus cejas, comentó: "Por lo que veo esto es anterior a lo mío. Según la fecha de los recortes y cables usted lo inició por el '68. El parecido es inquietante, conmovedor. Comprendo el porqué de su carta. Su miedo es justificado. Me pongo en su lugar -y como el cronista no daba señales de estar sereno, Cortázar continuó: "No se desanime. La vida, mi querido muchacho, todavía le deparará muchas sorpresas, tranquilícese y no lo tome tan a la tremenda. Comparto en que será poco creíble que no me haya copiado. Lo importante es que ambos sabemos que no es así y el público tarde o temprano sabrá la verdad".

A esas alturas este periodista, empujado por la mansedumbre y dulzura del gran escritor que no parecía importarle el tiempo, le preguntó:

"¿No cree que como están las cosas lo más sesudo para mí sería olvidar el libro en algún cajón"?

Cortázar se acomodó en su silla, apagó la colilla del cigarrillo en el cenicero, sorbió su café despacio y dijo de modo paternal: "Usted sabe ya, en el fondo, lo que le voy a aconsejar. Dicho de otra forma, sartreanamente hablando: elegir el consejero es ya comprometerse... Mire, esta clase de fenómenos fantásticos son permanentes. La historia está llena de ellos. Quien no escuchó decir que en el mismo instante varios hombres, en distintas partes del planeta, se hallan abocados a descubrir la misma cosa. Sin ningún tipo de conocimiento el uno del otro están trabajando en una idea o invento parecidos. A veces pasa, por ejemplo, que un personaje literario creado por un escritor existe y tiene iguales aventuras que en un libro. Estos milagros fantásticos, por así decirlo, se dan a menudo. A mí me ha pasado en más de media docena de oportunidades y he tenido experiencias sorprendentes".

Animado al ver que su bondad y paciencia no se alteraban, de nuevo nos atrevimos a observar:

- Habrá visto, señor Cortázar, que mi trabajo habla del dolor paraguayo. Y usted en "El libro de Manuel", hace una terrible denuncia del horror de las torturas en la Argentina, y no dice una sola palabra sobre la dictadura paraguaya.

- Siempre que pude he ayudado a exiliados paraguayos firmando documentos, peticiones y cartas abiertas -señaló-. Antes que argentino soy latinoamericano y me considero amigo de mis hermanos de América latina. Y ya que me recuerda al Paraguay, quiero parafrasear a Rafael Barret, el gran defensor de esa tierra guaraní -y recitó-: "Paraguay, pequeño jardín desolado, ¡no mueras! ¡No sucumbas! Haz en tus entrañas, de un golpe, por una hora, por un minuto, la justicia plena, radiante y resucitarás como Lázaro".

El otoño es triste en París

La segunda vez que el mismo periodista encontró a Cortázar fue en París, en 1980, en Saint-Germain-Des-Prés, en el legendario Café de Flore, sitio de reunión de escritores y poetas, templo laico del arte y la cultura, en donde Jean Paul Sartre escribiera varias de sus obras. En esta fecha el autor de "Final de juego" (1 95 8) y "Las armas secretas" (1959), dos libros de cuentos con los cuales accedió a la fama, el amante de los tangos de la guardia vieja y apologista de Jelly Pall Morton, Duke Ellington y Charlie Parker, estaba acompañado por el polémico Regis Debray y lucía una larga barba roja y anteojos. Había envejecido, era cierto, pero seguía siendo el mismo y tenía aún ese aire adolescente.

"En esa mesa de al lado -señaló hacia un flanco- solía escribir Sartre, y, en ocasiones, Simone de Beauvoir... Una pareja inigualable. Me refiero a la lucidez de ambas inteligencias. Si bien no estoy de acuerdo con Sartre en muchas cosas, no por eso dejo de admirarlo".

Regis Debray aprobó con un gesto y cuando iba a empezar a preguntarme sobre la Argentina, Cortázar, reparó en las hojas que caían de los árboles y recitó quedo, con un francés bien nasal "El otoño es triste con su cierzo y su niebla/... es un amigo que parte", aquel famoso poema de Víctor Hugo. E inmediatamente se apresuró a responder una de las tantas preguntas que le habíamos hecho ni bien nos encontramos para la entrevista.

"Muchos libros pueden impresionarme hoy, pero me basta pensar en mi adolescencia para medir lo que va de ese ayer a este hoy. Todo libro es un libro y un lector, y cuando el lector es joven e ingenuo, sus lecturas lo invaden con una fuerza que la madurez irá limando más tarde para reemplazarla por otras imprevisiones sin duda más ricas, pero desprovistas ya de ese aletazo de maravilla". Luego se explayó. "Yo en mi literatura hago cómplices a mis lectores; mi deseo es despertarlos, que se abran mental y espiritualmente a lo que están leyendo... Volver sobre cosas ya escritas puede parecer demasiado fácil, pero en mi caso al menos siempre ha sido más fácil inventar que repetir".

Rayuela: manual para exilios interiores

"Creo que en la literatura se manifiestan fuerzas, rayos de luces que iluminan las mentes e incitan a la propia reflexión -seguía Cortázar en un terreno que le agradaba-. Esas fuerzas, esas luces, hacen posibles las condiciones de la acción... ¿Lo anotó bien? Espere, tomemos nuestro café que se enfría, aunque quizá no tendrá el mismo gusto que el de Buenos Aires (Re-is Debray ya había acabado el suyo y le estaba haciendo señas al mozo para que le sirviera otro). ¿Quiere escuchar buenos tangos? Le invito esta noche a una "tangueada". Pero le advierto que el asunto va a durar hasta que las velas no ardan".

"Rayuela" sigue siendo un libro mágico para los jóvenes de toda América latina -reflexionó con nosotros en aquel café de París-. Es un libro centrado en la metafísica y profundamente literario. Es la obra que yo elegiría para llevar a una isla desierta, porque es en un ciento por ciento actualísimo. "Rayuela" es no sólo un manual para los exilios interiores de los años sesenta (tan comunes a ambos lados del Atlántico), sino una purificación de la lengua del exilio. La traducción también es exilio".

El último café

Tres años después, todavía como corresponsal de un diario extranjero, el mismo periodista entrevistaría a Julio Cortázar en su último saludo a Buenos Aires, en diciembre de 1983. En ese momento, rara combinación de fechas, el pueblo argentino se iniciaba a vivir la euforia de la democracia. Igual que en 1973 en que otra juventud (miles de ellos víctimas del espurio oscurantismo que asoló nuestro país), lozana y llena de esperanzas, elevaban sus gritos pidiendo justicia y libertad; los de hoy, también pletóricos, traían en sus cantos consignas de paz y promesas. Este Cortázar era más flaco, muy desmejorado, su salud se resquebrajaba sin remedio y él procuraba disimularlo con infinito pudor. La historia de ese encuentro, o reportaje póstumo y doliente despedida, como una suerte de ofrenda al cumplirse el tercer aniversario de su muerte (12 de febrero de 1984), empezaba más o menos así:

"En la medida en que el pueblo argentino no se dé cuenta decía- que él es el héroe de su democracia y no los demás, no va a salir nunca del atolladero; va a quedarse empantanado para siempre. Puede ser que con los radicales salga del pozo. No piense que soy pesimista, porque si algo no soy es eso. Tengo la impresión de que, en este momento, los civiles argentinos tienen una oportunidad única de comenzar un desarrollo democrático firme sin asechanzas de golpes militares".

Aún tenía ganas de desearle la mejor de las suertes a su país. Había llegado sin avisar, más viejo y un poco más encorvado, acaso se sabía morir y quiso llevarse el último recuerdo de las calles de Buenos Aires, de sus amigos, de su madre, con los despojos de aliento que le quedaban. Pero su adiós entrañable no fue del todo limpio y entero por culpa de algunos "desmemoriados". Mañana la historia se encargará de suscribir esa afrenta y muchos no podrán mirar de frente la memoria de este gran escritor argentino.

Por ese entonces el gobierno radical invitó a Jorge Luis Borges y a Ernesto Sabato a un encuentro con Raúl Alfonsín, y se olvidó de Cortázar. Pensaron quizá que no era digno de los honores de la reciente democracia. Y la mayoría de los intelectuales gubernistas que oficiaban de bastoneros, tal vez extasiados por el traspaso del poder, también lo ignoraron. Una vez más, como siempre, hubo penas y olvidos.

Luego Julio Cortázar fue enterrado en un cementerio de París.

DIARIO LA PRENSA, 1987

"Confieso que he vivido..."

- ¿Se considera un músico frustrado?
- En cierto modo, sí. Me hubiera gustado muchísimo ser músico y no escritor, por ejemplo. Por desgracia no tengo talento ni de creador de música ni de intérprete. Lo que soy es un gran melómano, un gran gustador de música. Mal que le pese a mis lectores y admiradores, prefiero la música antes que la literatura. Paso más horas escuchando música que leyendo libros... Esta pasión mía se la debo a una tía fanática de Chopin y Bach.

La guerra nuclear

- Hablaba recién de la guerra nuclear. ¿Piensa que puede producirse?
- La estrategia nuclear de los EE.UU. amenaza a todas las personas del mundo y, naturalmente, al pueblo norteamericano. Cada vez más los trabajadores, los jóvenes, los intelectuales dicen "¡No!", a esa estrategia. Así lo dicen también los ciudadanos de la RFA, de Bélgica, de todas partes donde la OTAN instala los cohetes "Cruz" y "Pershing"... Las fuerzas belicistas han colocado a la humanidad frente a la aguda amenaza de una nueva fase de la ofensiva armamentista, mucho más peligrosa y costosa que todas las anteriores. Los intentos de lograr la supremacía militar son no sólo insensatos, sino también muy peligrosos. Detener la escalada armamentista es hoy una necesidad imperiosa. El único modo de contener la carrera armamentista es, a mi juicio, a través de negociaciones en base a la estricta observancia del principio de igualdad y seguridad para todos. ¡No existe otra alterativa! Los riesgos de la catástrofe nuclear, que muchas personas se acostumbraron a considerar como algo remoto e improbable, se han ido acercando dramáticamente en los últimos tiempos. La amenaza de la guerra se ha hecho visible. Cualquier análisis sereno de las realidades contemporáneas, la simple constatación de los candentes e inaplazables problemas que enfrenta en la actualidad la gran mayoría del género humano, y que se harán más agudos aún en las próximas décadas, indica que los años venideros serán también años de inestabilidad, de crisis, de cambios profundos, en los que la batalla por preservar la paz general no será en modo alguno fácil.

- ¿Por qué cree usted que se estimula la carrera armamentista?
- Estamos viendo lo que previó Marx hace más de un siglo, cuando la población del planeta, el sistema de armamento y las dificultades de la humanidad no eran ni la sombra de lo que son hoy. Una profunda crisis económica azota hoy al mundo capitalista desarrollado. Bajo su embate y frente a los avances del movimiento revolucionario, el imperialismo reacciona con un viraje hacia la política de fuerza, estimula la carrera armamentista y da nuevos y peligrosos pasos contra los logros alcanzados en el terreno de la distensión entre los dos sistemas mundiales.

- ¿Cómo actúa y en donde recae esta situación?
- Las consecuencias de toda esta situación recae brutalmente sobre los países subdesarrollados, donde viven miles de millones de seres humanos, agravando sus problemas económicos, alimentarlos, energéticos y de crecimiento incontrolado de la población. Sólo una política racional de cooperación, desarrollo, distribución de tecnología y de recursos, podría alejar las catastróficas perspectivas a que ha conducido al mundo el sistema retrógrado del capitalismo y el imperialismo.

- En estos casos extremos, ¿sirve para algo la Organización de las Naciones Unidas?
- La Organización de las Naciones Unidas fue fundada con el propósito de salvaguardar la paz y la seguridad internacional, de tomar medidas adecuadas para fortalecer la paz universal, lograr una cooperación internacional al resolver problemas internacionales de carácter humanitario y desarrollar y fomentar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos, sin discriminación alguna. La Comisión sobre Derechos Humanos, de la ONU, advirtió que la violación evidente y masiva de los derechos humanos, incluidos los económicos, sociales, culturales, civiles y políticos, puede arrojar al mundo a conflictos armados, subrayando que cada uno tiene el derecho de vivir en condiciones de paz y seguridad internacional y de ejercer a plenitud de los derechos mencionados. Ultimamente la violación de los derechos humanos, producida en algunos países, condujo a tales proporciones el sufrimiento humano que se igualan a los sufrimientos provocados por disputas o conflictos entre distintos Estados. Cuando se producen tales acontecimientos, influyen seriamente sobre la paz mundial, cuyo fortalecimiento es una de las tareas de la ONU y pueden ser un riesgo para la paz. Ya que en su concepto moderno la paz es dinámica e indivisible, los componentes internos, internacionales y universales están ligados, inseparablemente.

- ¿Es posible el desarme nuclear?
- Mire, no es que sea pesimista pero, pese a todas las reuniones y mecanismos internacionales, el desarme parece un objetivo todavía más lejano que en ninguna otra época y el mundo continúa viviendo bajo la sombra del exterminio nuclear... La estrategia del desarme aprobada por el período especial de sesiones de la Asamblea General de la ONU en mayo de 1978, estrategia que podría ser un jalón en la vía hacia la reducción de la carga de los armamentos, aún no se ha plasmado en acciones concretas. En lugar de esto, se ha producido una ulterior escalada de la carrera armamentista. Los gastos mundiales en armamentos superaron en 1980 la fantástica suma de 500.000 millones de dólares. No se ha frenado el aumento cuantitativo y el perfeccionamiento cualitativo de las armas, especialmente de las nucleares. Con Ronald Reagan al frente del Pentágono el peligro de una guerra nuclear crece día a día. A comienzos de la década del setenta, los EE.UU. tenían 4.000 ojivas nucleares estratégicas. En sólo trece años, disponen ya de más de 10.000 y se proponen tener 19.000 hacia 1990. Una sola bomba nuclear, escuche bien esto, de 20 megatoneladas que se arrojase sobre una ciudad grande la destruiría por completo y las precipitaciones radiactivas exterminarían todo lo vivo en un radio de 150 millas. Así dicen los especialistas, buenos conocedores de la materia.

- ¿Le teme a la muerte?
-No, no le temo a la muerte. Confieso que he vivido, como dice Pablo Neruda. Viví plenamente cada minuto de mi vida y no me arrepiento de nada.

- Se dice por ahí que está muy enfermo. ¿Es verdad?
- ....

- ¿Le molesta la pregunta?
- No, no...

- ¿Usted piensa que definitivamente los militares no querrán tomar de nuevo el poder? ¿Cree de verdad que no habrá un 66 "nunca más"?
- No lo puedo asegurar. Ya vio lo que pasó con el peronismo. Por desgracia nuestra historia está llena de golpes militares. Sabemos de lo que son capaces los hombres de nuestras Fuerzas Armadas... No creo que se atrevan por el momento. Aunque eso no nos da la plena seguridad. El pueblo argentino debe estar atento, vigilante, para que eso no vuelva a suceder.

- ¿Y si algunos argentinos vuelven a tocar las puertas de los cuarteles?
- No sé lo que podría pasar... Tal vez un desastre. No creo que nadie, en su sano juicio, se atreva a llamar a la puerta de los cuarteles. Para ocurrir eso la democracia de Alfonsín tendría que ser algo caótico, anárquico y suicida.

- ¿Por qué escribió muchos libros, algunos de ellos reiterativos? "Libro de Manuel", por ejemplo, un pastiche que el público argentino no digirió.
- Eso es lo mismo que si yo le preguntara a una madre por qué tuvo muchos hijos. Uno los tiene y sanseacabó... En cuanto a Libro de Manuel.

- Usted dijo en su momento sobre este libro que reunía su militancia ideológica y su compromiso literario, y que uno de los pocos puntos de contacto que esta novela mantiene con sus antecesoras es que se trata de una "obra abierta", infiltrado de "un clima rayuelesco". Sin embargo, en Buenos Aires pasó sin pena ni gloria y tanto críticos como lectores (acaso no tan inteligentes como los del '63) coincidieron en que es muy malo.
-No sé lo que pasó con Libro de Manuel. Yo le tenía mucha fe. En fin, son gajes del oficio. No siempre uno puede ganar.

- Al lado de Sabato, Borges, García Márquez, Onetti, ¿en qué lugar se colocaría?
- No me gusta medirme ni compararme con nadie. Me tiene sin cuidado. Admiro a Borges, respeto y siento admiración por Sabato y leo con ganas a Onetti, pero no me pida que me compare con ellos en cuanto a calidad literaria... Soy un hombre que conoce más o menos su oficio y ama lo que hace. Sé que tengo limitaciones y que nunca -tal vez- escribiré una obra maestra... Algunos críticos dicen que es Rayuela.

- ¿Por qué?
- Porque es una novela bien trabajada, su estructura es original y existe, además, un gran trabajo de elaboración. Podría agregar que es un libro que me costó mucho sacrificio y me dio grandes alegrías.

- ¿A qué escritor admira?
- A Juan Rulfo. El sí que es un gran escritor.

- Muchísima gente lo critica y condena y hasta se pone en su contra porque a usted le gusta el boxeo. Según médicos y especialistas es un deporte riesgoso e inhumano que lleva a la destrucción de la personalidad y al deterioro de la inteligencia, cuando no a la muerte, ¿Se debe prohibir este deporte?
- También me critican porque apoyo a Cuba y a la revolución nicaragüense, porque estoy en contra de la política demencial de Reagan, por ejemplo. Pero ese es otro cuento... Lo que se debe prohibir es el crimen, el secuestro, la tortura; lo que se tiene que prohibir es la deshonestidad, la falta de ética, de moral, de patriotismo. He ahí el contrasentido de los hombres, la paradoja del alma humana, la hipocresía de nuestra sociedad. Se rasgan las vestiduras en contra del boxeo y sin embargo se permitía -en tiempos del Proceso-, repito, la tortura, el crimen, el terrorismo de Estado; que me parece terrible, y el hombre está desprotegido y desesperado. Es una cosa, un objeto, un robot que luego se destartala alienado en una sociedad que proteje muy bien a los animales, pero no a los hombres.

- ¿A que boxeadores admira?
- A los de la época de oro. Admiraba al descarado y bravucón de Cassius Clay. Si no fue el rey -como él decía- ni el más grande del box de todos los tiempos, al menos estuvo a la par de quienes lo fueron.

- ¿Y de los argentinos?
- Me gustaba Carlos Monzón. Es un tipo que peleaba con la cabeza, era cerebral, frío y demoledor. También admiraba a Nicolino Locche, "El Intocable".

- ¿Por qué le gusta el box?
- No sé. Nunca me puse a descifrar el porqué de esta pasión... A Hemingway le gustaba cazar y las corridas de toros, ¿y qué?. No por eso dejó de escribir. Al contrario. Gracias a esto logró libros hermosos y sorprendentes.

- ¿Qué es la poesía para usted?
- Podría empezar con una definición casi académica, si quiere, diciendo que la poesía es arte que se manifiesta por la palabra, como la música es arte que se da por los sonidos, y la pintura arte que se manifiesta por los colores y las líneas... Nuestra meta debe ser un trato honrado y objetivo con la poesía. Pero sería erróneo suponer que esta objetividad equivale a un juicio desinteresado o a una valoración esteticista. No, la única actitud auténtica ante el arte es y será siempre una participación sentimental y emotiva; aunque, claro está, todo depende de que mi sentimiento sea acertado o desacertado, y de que mi emoción se justifique o no; hay que lograr -me parece a mí -, ante todo, la pureza del sentimiento.

- Julio, en varias oportunidades usted ha declarado que no se considera un escritor profesional. ¿No le parece demasiado humilde su posición?
- Aunque le parezca mentira es la pura verdad. Jamás me he considerado ni me considero un escritor profesional. No es una pose ni falsa modestia. Yo seguiré considerándome un amateur de la literatura hasta el día de mi muerte. Mucha gente esto no me lo perdona. No sé lo que quieren de mí.. Que dicte cátedra, que pontifique, que declare que escribo como si fuera un genio. Mentira. A mí me cuesta escribir y tengo muchas limitaciones como el que más. Si algunos de mis libros han gustado y se leen con amor e interés es gracias a que me han salido bien por el hecho de jugar a escribir. La literatura, en mi caso, ha sido y será siempre un ejercicio lúdico. Me apasiona jugar como los chicos y no tomarme las cosas demasiado en serio. Lo lúdico es una constante de la mentalidad y la psiquis humanas. Cuando una idea o un pensamiento son expresados con humor, con ironía, se logra una comunicación más efectiva. Las novelas tienen que ser escritas con alegría, con humor, ironía y risas. No hay que ponerse demasiado serio o solemne para transmitir algo... ¿Por qué tuvo éxito el Quijote, por ejemplo? Porque está escrito con mucho, muchísimo humor e ironía. Creo que la comunicación es eficaz cuando se consigue expresar las cosas más serias con juego de palabras. Y le digo más. El hombre ha sentido desde tiempos remotos la necesidad de jugar. El juego, créase o no, es vital para el hombre.

- Recién nombró al Quijote. ¿Qué libros le han impresionado más?
- Muchos libros pueden impresionarme hoy, pero éste es un libro que ha dejado honda huella en mí. Cuando era adolescente, claro. Existen otros libros que me impresionaron todavía más. El Ulises, La vida y opiniones de¡ caballero Tristram Shandy, el Quijote, que ya nombramos, y Memorias de Adriano, un libro excelente de Marguerite Yourcenar.

Diario LA VOZ, 1983

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