Cuatro historias de anarquistas
Testimonios orales de militantes del anarcosindicalismo argentino
Adriana Atán

Este libro no pretende ser un tratado filosófico sobre el anarquismo. Ni discurrir sobre sus fines y propósitos.

Este libro pretende ser un vehículo entre la gente y las historias de la gente. Echar luz, a través de las vivencias de cuatro hombres, a una parte de la historia del sindicalismo argentino sistemáticamente acallada. Recuperar, para quien quiera oír en las palabras vertidas en estas charlas, el eco de las luchas obreras y la pasión -erradicada de la memoria colectiva- de los militantes de una de las ideologías más influyentes en los movimientos de trabajadores del siglo XX.

En esas luchas y en esos sueños condenados al olvido intervinieron estos cuatro hombres. Ellos dieron su tiempo sin contabilizarlo, su esfuerzo sin esperar ventajas personales y se entregaron, desinteresadamente, porque toda abnegación era poca si construían para la causa de la libertad.

Estas son cuatro historias con sentido de coherencia. Las historias de cuatro hombres que prefirieron los hechos a los discursos, el ejemplo a la teorización sobre los sucesos y trabajaron por la equidad social antes que para el goce egoísta del privilegio.

Nada es azar en ellos, toda postura tiene una razón, un fundamento.

Ellos supieron hacer de sus vidas cajas de resonancia a través de las cuales vibraron los textos de los grandes ideólogos, enaltecidos por el sudor del trabajo digno, por el valor la experiencia.

Estas son cuatro historias de obreros, esposos, padres, militantes, compañeros que se zambulleron en el mar de la utopía sin medir riesgos.

A pesar de las cárceles, los despidos, la injusticia y la represión, estos hombres solidarios, supieron ser estoicos en los momentos difíciles, coherentes a la hora de las pruebas.

Estos hombres son los testigos de otro tiempo.

Y estas son las cuatro historias de ellos. Los mismos que sufrieron como propio cualquier atropello, los que consideraron a cada hombre y a cada mujer sus hermanos de toda la tierra, los que imaginaron una patria sin límites y una sola bandera.

Estos hombres quizás sean el espejo límpido en un tiempo sin espejos. Una luz de esperanza en medio de tanta voracidad globalizada y desconcierto.

Quizás, las claves para entender nuestro tiempo.
Vaya entonces mi homenaje a la memoria de la historia, a ellos.

Contexto para cuatro historias vitales

El anarquismo es una concepción ideológico-filosófica, una ética, una diversidad de programas para la acción transformadora de la sociedad y, esencialmente, un conjunto de proyectos al que hombres y mujeres de carne y hueso han entregado sus vidas en una práctica dignificadora a lo largo de la historia.

Se constituyó como doctrina para la transformación social revolucionaria en el siglo XIX cuando, a la par del surgimiento de la ideología liberal burguesa, nacieron concepciones que condenaban el orden de iniquidad y explotación de la sociedad capitalista.

Con el socialismo, tanto marxista como anarquista, y sus propuestas de cambio de las formas económicas y políticas que sustentan las modalidades de explotación apareció, por primera vez en la historia, la voz y el reclamo de los oprimidos.

Pero los anarquistas -a diferencia de los marxistas- no intentaron producir sistemas del mundo, explicar la historia ni predecir el futuro al modo positivista sino que establecieron principios fundamentales que le dieran identidad ideológica a la amplia diversidad de tendencias dentro del movimiento libertario.

Esa identidad se construyó sobre el concepto de anarquía; un nombre proveniente del griego: arkos (gobierno) que sumado al prefijo ‘a’ (no) significa negación del gobierno. Y, por lo tanto, se basa en el rechazo a toda forma de autoridad que pretenda expresarse como instrumento de dominio y como atributo para la obtención de prerrogativas. La autoridad, sólo es respetable como expresión de conocimiento, talento o habilidad, para el anarquismo; la entiende como un liderazgo puramente funcional cuyos dictámenes no implican una pasiva aprobación y no acepta que devenga de ella más beneficio que el reconocimiento de los otros.

Mutualistas, federalistas, colectivistas, comunistas, sindicalistas e individualistas - más allá de su fecunda diversidad de enfoques del movimiento libertario- se identificaron con esta concepción

una serie de principios comunes. Para todos, ser anarquista básicamente ha sido y es: negar al Estado como forma de administración política de la sociedad. Rechazar toda autoridad que no emane de la idoneidad, el consenso y la funcionalidad. Bregar porque la sociedad se construya sobre el respeto por la vida y el hombre. Llevar un accionar responsable y coherente entre la teoría y la práctica. Y entender que si bien la humanidad está limitada en su naturaleza material, es libre para oponerse a toda modalidad de opresión y construir instancias sociales que creen formas de vida más dignas y solidarias.

El anarcosindicalismo

Muchos obreros del siglo XIX y principios del XX encontraron en el anarquismo una guía teórica y práctica para sus luchas, por lo que fue adoptado como tendencia ideológica por varios movimientos de trabajadores y uniones sindicales, principalmente las italianas y españolas.

En el marco del surgimiento de esas organizaciones obreras en toda Europa se conformó en Londres en 1865 la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.) - conocida como La Primera Internacional-, de la cual participaron, entre otros, Karl Marx y el teórico del anarquismo, Mijail Bakunin. Pero si bien los anarquistas compartían con los marxistas el objetivo final de construir una sociedad sin clases, pronto se escindieron pues disentían en planes y medios para hacer la revolución.

Las aspiraciones sociales plasmadas en la Primera Internacional, no obstante, encontraron su heredero directo en el anarcosindicalismo, encuadre asumido por el anarquismo de fines del siglo XIX que enfatizaba la necesidad de viabilizar la acción colectiva a través de los sindicatos.

La diferencia fundamental del anarcosindicalismo con el sindicalismo clásico radica en el papel social-revolucionario que el primero adjudica a los gremios. Esta corriente del anarquismo se ha ido formando y desarrollando como resultado de un largo proceso de evolución y revolución histórica del asociacionismo obrero y doctrinariamente se distingue por :

La intención de dar al movimiento obrero un contenido ideológico a través del anarquismo.
El antipoliticismo, que es la oposición al partido político como entidad organizada para la búsqueda del poder.
El internacionalismo o la creencia en el mundo como única patria y en la hermandad con todos los hombres nacidos en otros países.
Y la acción directa, que implica el protagonismo de los trabajadores y el rechazo de mediaciones por considerar al sindicato el medio más válido para combatir al capitalismo y al Estado.

Los libertarios finiseculares, entre los que se hallaban teóricos relevantes del anarcosindicalismo como los italianos Pietro Gori (1865-1911) y Enrico Malatesta (1853-1932), y el alemán Rudolf Rocker (1873-1958), concebían los gremios obreros como agrupaciones de lucha de clase para el logro de conquistas y la superación constante del proletariado, y por tal motivo, se abocaron con tesón a la labor de organizarlos.

Esas agrupaciones de trabajadores debían fundarse sobre dos principios esenciales: el federalismo, sistema al cual adhiere libremente cada organización conservando su autonomía y por el cual se reconocen sólo los acuerdos orgánicos establecidos entre todos y basados en intereses comunes, y la horizontalidad o sea el derecho de autodeterminación de cada miembro.

De acuerdo con el concepto anarcosindicalista, las organizaciones sindicales constituyen la expresión primaria del nuevo orden social y económico y son las únicas que pueden lograr que el anarquismo sea posible encabezando la revolución, expropiando tierras y medios de producción y organizando una economía basada en colectividades agrícolas e industriales y empresas socializadas.

El anarquismo en la Argentina

El anarquismo obtuvo un gran apoyo de los obreros argentinos durante las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX. La Argentina fue el país de Sudamérica donde logró mayor incidencia, tanta que, por la magnitud de la militancia e influencia en los sectores populares, podía compararse con el nivel que había alcanzado en Italia y en España.

La historia del origen del movimiento obrero en la Argentina está íntimamente vinculada a la migración y al anarquismo. Españoles e italianos, fundamentalmente, traían de sus patrias las ideas libertarias que los condujeron a organizarse por gremios, tanto en el campo como en la ciudad, a la vez que la influencia de las organizaciones obreras italianas y españolas se extendía a sus homónimas argentinas.

Sin embargo, pese a que la Constitución Nacional concebía una patria abierta a todos los hombres de buena voluntad del mundo, los reclamos obreros fastidiaron desde un primer momento a los gobiernos y a la oligarquía. Este fastidio derivó en la sanción de la Ley de Residencia de 1902, un instrumento para deportar a los activistas anarquistas extranjeros que inducían a sus camaradas nativos a la organización gremial acusados, como afirmaba el inciso b), de"haber tomado parte en asonadas o acontecimientos anarquistas en su propio país o en cualquier otro". Pero la persecución y represión legalizada no terminaron allí: se les sumó en 1910 la sanción de otra ley, la de Defensa Social, que prohibía expresamente «toda asociación o reunión de personas que tuviesen por objeto la propaganda anarquista«.

Así y todo, las diferentes tendencias del anarquismo lograron conquistar su lugar en la Argentina. Trabajadores de todos los oficios se agrupaban en gremios y se movilizaban en luchas que convulsionaron al país. Órganos de prensa como "La Protesta", que vio la luz en 1897 y llegó a tener dos ediciones diarias de más de 60 mil ejemplares, difundían el ideal libertario. Muchos anarquistas encontraron, en 1901, un medio de militancia en la recién fundada Federación Obrera Argentina (FOA), que cambió su nombre en 1904 por el de Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A.). Mientras que, contemporaneamente, la Confederación Obrera Regional Argentina (C.O.R.A.)- de tendencia socialista- también se había convertido en un órgano nucleador de trabajadores.

Organizaciones y conflictos obreros

Las últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX constituyeron la época de oro de las prédicas anarquistas. Existían en la Argentina gran cantidad de asociaciones obreras, entre ellas, las anarcosindicalistas que reconocían a la huelga general como el método más eficaz para el logro de las conquistas del proletariado.

Entre 1857 y 1883 surgieron, sobre todo en la capital, entidades gremiales con carácter básicamente mutuales pero, poco a poco fueron naciendo los sindicatos con fines de lucha y, junto a ellos, el intento de formar la primer central obrera del país, que se concretó en 1891 con la fundación de la Federación Obrera de la Región Argentina (F.T.R.A).

A partir de 1909, hubo varios acercamientos entre la FORA y la C.O.R.A en pos de una unificación pero, al no prosperar, esta última que no llegó a tener el predicamento de la FORA, se disolvió hacia agosto de 1913 y sus sindicatos y afiliados se incorporaron en masa a los foristas.

En abril de 1915 se produjo una nueva división del movimiento obrero al realizarse el IX Congreso de la Federación Obrera Regional Argentina y quedar establecida la tendencia de los partidarios de un sindicalismo neutral. Los anarquistas que buscaban implantar el comunismo anárquico, según lo aceptado por la F.O.R.A. durante el V Congreso de 1905, se alejaron y formaron su propia organización quedando, de esa manera, fragmentada la Federación en la F.O.R.A del V y la del IX Congreso.

No obstante, era la época floreciente del anarquismo. A tal punto que muchos -como los foristas del V Congreso- consideraron que la Semana Trágica de 1919 constituyó un momento de inflexión en las luchas obreras y podría haberse convertido en el inicio de la Revolución Social. Pero los efectos fueron muy distintos: aquellos acontecimientos no hicieron más que ahondar las diferencias entre los adherentes a la F.O.R.A del Noveno, que habían tenido una actitud conciliatoria con el gobierno de Yrigoyen y los militantes de la F.O.R.A. del Quinto, que querían profundizar el conflicto.

En el escenario de un país enfervorizado por los reclamos sociales durante 1920 y 1921 estalló otro movimiento de tendencia anarcosindicalista. Los obreros de las estancias de la provincia de Santa Cruz iniciaron una serie de huelgas reivindicativas, conocidas como los Sucesos de la Patagonia, que terminaron en una violenta represión por parte del gobierno y el ejército argentinos y con un saldo de 1500 trabajadores muertos.

Una década después, hacia 1930 la F.O.R.A., todavía fuerte, compartía la organización del movimiento obrero con la Confederación Obrera Argentina (C.O.A.) y la Unión Sindical Argentina (U.S.A.). Estas dos últimas entidades se fusionaron y dieron origen a la Confederación General del Trabajo (C.G.T.). La nueva central fue bien recibida por la administración que había derrocado a Yrigoyen y, gozando el gobierno provisional de Uriburu de la inocuidad de un «sindicalismo neutro", emprendió la persecución sistemática de la F.O.R.A.

El hostigamiento constante por parte de los regímenes de turno así como un malogrado traspaso generacional fueron minando las fuerzas anarquistas.

Por otro lado, los cambios técnicos y la transformación social, económica y productiva de la Argentina también redundaron en la pérdida de peso de gremios de corte artesanal en los cuales el anarquismo había sido tradicionalmente fuerte - como panaderos, carreros, chauffeurs, zapateros, tapiceros, etc.- que fueron desplazados por sindicatos vinculados con la expansión industrial -como textiles, metalúrgicos, contrucción y frigoríficos- donde supieron insertarse mejor los partidos políticos.

Sumado a estos factores, el proceso de debilitamiento del movimiento anarcosindical se intensificó aún más con el advenimiento del peronismo y la expansión de una nueva clase trabajadora. Los nuevos proletarios no eran ya los obreros calificados fogueados en las luchas europeas, sino trabajadores rurales sin especialización que llegaban al mejoramiento de sus condiciones de vida de la mano del Estado paternalista y benefactor.

Las nuevas formas del anarquismo

Si bien el anarquismo declinó en relación con el sindicalismo obrero, sus militantes supieron darse otras formas de organización y hoy el movimiento libertario cuenta con un abanico de tendencias.

La Federación Anarco Comunista Argentina (F.A.C.A.), fundada en octubre de 1935 y en 1954 devenida en la actual Federación Libertaria Argentina (F.L.A.) se planteó entre sus preocupaciones la incidencia en frentes como los movimientos populares, el cooperativismo, la educación y los movimientos estudiantiles y buscó conformarse en la propulsora del socialismo libertario a través de sus estructuras orgánicas.

Bibliotecas como la José Ingenieros, la Biblioteca y Archivo de Estudios Libertarios (B.A.E.L) de la FLA y la Alberto Ghiraldo de Rosario, entre otras muchas de Mar del Plata, La Plata y San Pedro, así como el viejo local de la F.O.R.A. de Coronel Salvadores, buscan resguardar la memoria de una identidad que no es mera evocación del pasado sino acto militante que quiere seguir difundiendo los ideales. Periódicos como La Protesta, El Libertario, En la Calle, Libertad y otros sostienen casi empecinadamente una salida hecha a fuerza de empeño y pasión. Y existe un nutrido grupo de jóvenes que componen diferentes organizaciones y desarrollan tareas a nivel estudiantil y barrial. Por otra parte, el anarquismo ha sido objeto de diversas formas de manipulación. Muchos lo toman como una corriente romántica del pasado o es vaciado de contenido por el "merchandising" y convertido en motivo de un exhibicionismo fetichista: impreso en camisetas bajo lemas radicales o con su símbolo distintivo de la A de anarquía dentro de la O de organización.

La respuesta a por qué el anarquismo está dando origen a nuevas tendencias puede hallarse en este mundo actual, posmoderno para algunos, postcapitalista para otros, globalizado, informatizado, al borde de la debacle ecológica y con una dinámica opresora de minorías étnicas, sexuales, políticas o de mayorías sociales marginadas. A las corrientes arriba mencionadas se les han sumado otras, surgidas en los umbrales de este nuevo siglo, que piensan y actúan en torno a los problemas ecológicos, de la mujer, de las tecnologías destructivas, de los nuevos modos de manipulación electrónica y de las nuevas formas del capitalismo.

Situación actual

En el pasado, el anarquismo fue un movimiento fuerte; adhirieron a él cientos de miles en todo el mundo. Pero no prosperó no porque sus principios no sirvieran sino porque, en todo caso, fueron más atractivas para la humanidad las propuestas de la lógica técnico instrumental y la opción por el capitalismo.

Los anarquistas confiaron en la razón frente a la superstición y en la ciencia frente a la religión. Y remarcaron que el orden social es algo que se construye y que, sociedades más equitativas no son producto del devenir natural, sino del esfuerzo y la voluntad de los hombres; el resultado de una praxis de interacción dialéctica entre las ideas y la acción, los hechos y los proyectos, las prácticas sociales establecidas y la voluntad social de modificarlas.

Consideraron y consideran al Estado como el enemigo del hombre, de su libertad y de todo intento por construir sociedades más equitativas. Es, según los anarquistas, el responsable de las diferencias sociales, el guardián de los intereses de los explotadores y sus instituciones tentáculos tendidos sobre la sociedad ejerciendo el control y la coacción, reprimiendo a los que se revelan, enajenando las riquezas que producen los oprimidos y alienando conciencias por medio de la propaganda, la educación y los medios de comunicación.

En la actualidad el desarrollo tecnocientífico ha generado relaciones nuevas en la dinámica de la explotación. Y el proletariado, sujeto llamado a ser el agente de cambio revolucionario, ha mutado en la figura de una nueva clase de empleados de servicio, cuyos intereses sectoriales se garantizan en la reproducción del sistema. Asimismo, los Estados nacionales han perdido su antigua fisonomía y su poder se va diluyendo frente al creciente de las corporaciones.

Pero la mayoría de los principios libertarios no han perdido vigencia y algunos incluso tienen más actualidad que nunca porque el anarquismo no es una simple propuesta política desbaratada por el devenir histórico sino, por el contrario, una forma de estar en el mundo. Una guía para reconocer las relaciones humanas en un sentido horizontal y de resistencia a toda modalidad instrumental de dominio. La voz que se levanta contra la justicia de los opresores.

Entonces, se puede decir, que no hay hombres anarquistas. En todo caso, hay principios, ética, conductas, formas de lucha y propuestas organizativas anarquistas. Y los hombres, seres atravesados por un sistema duro y opresivo, transitan con mayor o menor coherencia esas propuestas.

Los hombres de quienes se ocupa este libro, hombres de carne y hueso con sus virtudes y defectos, forman parte de la más noble historia del anarquismo argentino. Hombres con contradicciones, hombres que se han equivocado, por lo tanto, hombres reales al fin que encarnan la memoria viva de una identidad que resiste valientemente. Hombres que guardan para sí y para el resto de la Humanidad la confianza en que un mundo mejor es posible para todos. Y que vale la pena luchar por ello.


Información suministrada por la autora.

El libro completo "Cuatro historias de anarquistas", de Adriana Atán, puede comprarse en la República Argentina, en las librerías y bibliotecas "El perseguidor", "Archivo de TEA y DeporTEA", "Liberarte", "Biblioteca José Ingenieros", "Prometeo", "El aleph"; Librería de Ciencias Sociales (Ramos Mejía 841 o Marcelo T. de Alvear 2230 3 Piso), Librería Central de EUDEBA (Avda. Rivadavia 1573). Los interesados que vivan fuera de la República Argentina tienen que enviar un mensaje de correo electrónico a adriana_atan@virgilio.it para convenir la forma de adquirir el libro.
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