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Las aves trepan por el cielo de mi cárcel.
Sus sombras se cuelgan de mi cuello.
Estalla su grito desierto, miro las hojas caer de miedo.
Un violín se esconde tras el velo, la luz regresa en un momento.
Quisiera conocer tu pelo.
Quisiera descubrirte el cuello.
Quisiera embarrarme con tu sangre
que huele a cielo.
Pero estoy en la deriva de mi mundo.
curando las heridas de mis golpes.
Parece que la serpiente quiere volverse
para estrellar su mente en mí.
Ya no conozco tu cara
que es aire al fin.
Debo esperar con mi ilusión vastas memorias.
Debo adoptar una canción antes que muera el tiempo.
El hule resguarda la madera,
pero adentro se llena de bacterias.
Ya me cubro con mi piel de acero
que no cree en pieles de sosiego.
Descansa mi alma:
torrente azul de esperanza.
Ya llora mi alma:
conducto de cuerpos que se escapan.
Si mi mente supiera al descubrir el alba,
que las cosas que huelo son signos de mi alma;
ya no podría quedarme así
comiendo mis palabras.
¡Esperá, esperá ; qué luz tiene esa esfera!
Te llamo para que alumbres esta puerta.
Te llamo para oír qué es lo que pensás.
Los hijos un día tienen que nacer de veras
vivir su espina.
Descansa mi alma:
torrente azul de esperanza.
Ya llora mi alma:
conducto de un cuerpo que se escapa.
Nada en este mundo
conoce el fin del día,
ni siquiera sabe el vientre del viento
desde dónde se engendra su vida.
¡Esperá, esperá!... lluvia veo en tus ojos.
Será que anidada en vos ríe la vergüenza
y no querés más sentirme.
Foto de tu mente no me sacia.
Mientras tu alma duerme en su condena;
te llamé para oír qué pensás.
¿Dónde queda el mundo?
¿Es aquí o equivoqué mi sueño?
¿Será rencor o qué
esto que yo siento?
Mi barca quedó lejos
varada en el mar del tiempo.
No queda nadie ya:
ni el que vendía caramelos.
Oye mar ...
no gires mi mente en tu cuerpo.
Oye mar ...
no pudras mi alma en tu suelo.
Oye mar ...
¿Dónde los gigantes han muerto?
¿Me voy de aquí, o te espero?
Estela que no veo,
pero lo mismo siento.
Que la sal no ciegue mis ojos
¡Ilumíname sol del día!
que la abuela noche
marchita la verdad de esta vida.
Oye mar...
que la sal viva en tu vida.
Oye mar...
no dejes mi alma cautiva.
Oye mar...
¡Oye mar !
Se empecinan las sombras blancas
por guardar su letargo por siempre.
Caminan sus caballos viejos,
quieren guardar su letargo por siempre.
Los caballos viejos caminan lento
esperando que me muera de sueño.
Todas las lluvias que vinieron al campo
huyeron con su miedo a algún lugar.
Creo que muy cerca no han de estar...
veo mucha niebla sobre el mar.
¡Sombras en caballos lentos sobre la niebla del mar!
Hoy el tiempo tarda un sinfín
mientras las lluvias vomitan barro.
Toda noche puede cubrir la piel de una tristeza
y mucho más si es su madre.
¿Quieren que me esfume del camino?
No sé más reír.
No puedo perforar mi tumba...
Se empecina el silencio intenso
en quebrar mi voz por siempre.
Duermen las ideas nuevas
cuando a mi voz le dan sus dientes.
Las ideas nuevas se duermen
cuando las sombras aparecen.
¡Sombras de dientes filosos muerden ideas en el fondo del mar!
Todo los gritos que trajo el viento
salpicaron de sangre la calle.
Tan mal huele el valle
que un niño huye en el dolor del combate.
Hoy el tiempo es una vida
mientras el viento salpica sangre.
Toda noche puede cubrir la piel de una tristeza
y mucho más si es su madre.
¿Quieren que impulse otro ritmo?
No se más llorar.
No puedo perforar mi tumba...
Ya las plumas se quemaron.
El mundo suena a guerra.
El sol casi no brilla.
Vive el agua ya en las venas.
Ocasos y sombras
vuelan.
Muchos peces naufragaron.
Las serpientes amanecen.
Los lagartos, vomitaron
su venganza en mis manos.
Águilas de fuego
brillan.
Hay un monstruo miserable
que se adorna con mis tripas.
Hay mil sueños deshojados
por el otoño de esta vida.
Enemigos míos,
rezo.
Por las luces tempranas
volverá
al fin
el viento.
Corola de fuego atardecida.
Lonja de bien.
Tiempo de espanto.
Ya se ha redimido la escarcha
y en tus pies gime un errante.
¡¿Qué extraño hueco
te recibe siempre?!
Yo no me veo el pecho.
Ya están en la piel del alba
todas las esferas deambulando.
Óyeme día y ocaso.
¡Óyeme día y ocaso!
¿El árbol no dará frutos por siempre?
Puerta entreabierta.
Tarde cansada.
Luz derretida en la tormenta
ya pende el amanecer, de tu boca
jadeante y espesa.
Óyeme día y ocaso.
¡Óyeme día y ocaso!
¿El árbol sólo es fruto de la simiente?