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En el océano de estiércol
quisiera nombrarte,
quisiera escucharte.
¿Por qué no abres, por favor?
Este silencio me desgarra los faroles.
Enciende un fósforo.
La magia se escapó
y no hay un duende que la encuentre.
Entre las lianas del viento
quisiera esperarte,
quisiera librarte.
¿Por qué tiraste la flor?
Yo te la regalé para que te enamores.
Rompe un huevo ya.
Es tan tarde para pensar en ser felices,
quiero comer.
¿Me amarías si no supieras mis defectos?
¿Me darías plenitud si supieras lo que tengo?
Si esperaras tan sólo el día
yo sé que tus palabras no te afectarían.
Vivir aquí no es sencillo.
Nadie paga los gastos de vidas perdidas.
¿Qué esperabas? ¿Acaso viste una llave?
No, los puentes ya se tendieron
hace mil años, más de mil años.
Pero... ¿ves su puerta en el desierto?
Quebrada en tus desdichas
no te podés apagar . Yo te voy a incendiar.
Vas a ver que mataré a los bomberos.
¡No quiero verte triste ya!
¿Por qué no me das la mano?
¿Por qué temés a mi puerta sin cancel?
Te vi como un pato sin laguna
demorada en las banquinas de la ruta de crecer.
Los hombres buscan en la luna
y nada en la nada encontrarán.
Sólo han plantado otra bandera
y dirán que es suya.
Con vos también lo intentarán.
Puente de vida,
tenue línea,
ven con tu llama despierta.
Puente de vida,
riega tu jardín
o los cardos consumirán la siembra.
Yo estaba en el medio del río
cuando vos naciste -¡Hola!
La gramilla de la orilla es tirana
y vos no me dejarás entre las olas.
Puente de vida,
rayo tangente,
ven a convidarme en tu guarida.
Puente de vida,
turbio horizonte,
así, descalzo, tu alma tirita.
Yo vengo temblando en rencores
y en los dibujos de tu sombra te vi. -¡Hola!
Y en los abanicos tornasolados te espejaste
como una bruma de silencio. -¡Hola!
¡Hola!
¡Hola!
¡Hola!
Tu cara no es la flor de los presentes.
Beberán de tí los ciegos y verán
aunque sea invierno o diciembre.
Cuánto tiempo hay que esperar
Nos mareamos de tanto rotar
en esta esfera de mármol
Cuántos absurdos que divisar:
el tiempo es un viejo boulevard
de adoquines descalzados bajo un árbol.
Entonces te esperaré en el sol.
Es necesario que me mueva en tu amor.
La enredadera ¿se habrá abrazado en vos,
que ya no hay un corazón que te caliente?
Cuánta luna sin maquillar.
Cuánto rouge por las cañerías del toillette
y vos, nena, vibrando en los espantos.
¿Qué ocurrirá cuando pierdas los cigarrillos
y en la fiebre incandescente te enredés en el ovillo,
y vos cantando tus sonidos blancos?
Entonces será como esperar a nadie,
llegar a casa con tiempo para perder.
No habrá flores que preparar,
ni café para calentar; ya ves.
¿Qué es lo que pasa?
Los relojes nos alojaron en la historia
y te veo con los ojos tan rojos.
Viste que el viento no era fácil de apagar,
ya no te puedo esperar como antes...
Sos un panfleto pegado en el lodo.
Entonces será como vivir de gritos,
preferir la felicidad del después.
Es que los hombres no han brillado más que en historias
y vos cambiaste tanto la piel.
¿No ves que la tarde está muriendo
y que ya nos estamos yendo?
El cielo exhala sus pompas de aire,
sus últimas desdichas se hacen carne.
Carne de cañón.
¿No ves que ya no hay luces en el centro?
¿No ves que los chicos caminan con acento?
¡¿No ves que caminan todos igual?¿No ves?!
¿No ves que no ven que los esperan
con el cañón?
Son carne de cañón.
¿No ves que nos quitaron los diciembres?
¿No ves que nos quitaron el respeto?
¿No ves que se llevaron nuestras almas
y que nos las van a dar transistorizadas?
Carne de cañón,
carne de cañón.
© Héctor Simonelli