Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Te necesito, amor

Bajo el humo de un cigarro,
en el vientre del alcohol, conocés
la voz del látigo mordiendo tu espalda.
Sabés que las esquinas escaparon del sol,
llegó la noche del amor
manifestando su anodino cansancio.

Te necesito, no puedo vivir sin vos.
Ansío tu voz sin reproches, perder tiempo...
Necesito descansar en luz todas mis palabras.
Necesito ese diamante incorruptible,
una madrugada púrpura, sin soledad,
sin palabras de más, toda tu libertad.

Día a día los gajos de la rutina me abrazan
ya no se dónde ir, no puedo animarme.
Amor, cuándo volverá tu verde a estas praderas.
Así muere este raro calor, esta llama profunda.
Quiero ver la flor después de plantar las semillas.
Quiero que la noche obsequie sus pasos a la mañana.

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Locos molinos de viento

Locos molinos de viento
giran sin parar.
Retornos sin luces, memorias de aire
todos te cantan...
Por los remolinos se sacude la vida
ansiosa de seguir brotando.
Como la flor en primavera
estalla la vida, jugada por estar viva.

Locos molinos de viento
abrazado a tus aspas estoy.
Entrañas anudadas, sexo sin carne
todos te cantan...
Por los remolinos se sacude la muerte
ansiosa por comer mis labios.
Como el invierno quema las hojas
se cierra la muerte , golosa por seguir matando.

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Guardaré mi corazón

La tarde ha roto su encierro
y ya nadie se queda.
En el desbande de ese huir
me caigo lamiendo tus ojos.
Mirando la gente enloquecida
en los andenes de la vida,
respirando ahogada,
este aroma de frustración.

Cuando la calle empapelada
se arrastre entre los pies
y escriba su memoria inconclusa
en un barco hundido,
yo estaré uniendo otros hilos;
buscando otra poesía
que me hable del amor,
que me haga creer en el amor.

Y veré cómo te vas
aquí, derretido en el andén.
Veré tu cara de nada
empapelada de aire
como una esfera de cielo.
Dejaré que se caiga
la flor que llevaba para vos,
y me guardaré mi corazón.

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Amor cansado

Amor decime ¿por qué estás cansado?
¿Ya no sabés derribar murallas?
Es que...¿tanto te quemó la nieve?
¿se te desprendió la llama?

Oí, que la vida te pide más.
Te pide que respires, que no caigas
como el aire cayó de los muertos.
¿Qué pasa que la tormenta amaina?

Tu brío murió como un potro domado
y como una peste de domingos se adhirió.
Y es horas de silencio, horas de nublado,
así la luz se descosió.

Te pediría prestada... una madrugada
pero nadie te regala nada,
menos una flor con perfume
para que te sientas menos nada.

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Retrato de la ciudad

La mañana con su ojo
descubre la piel de la ciudad.
Risas de miedo, voraces silencios
y un letargo de poses tan descoloridas.
En los cerrojos de su puerta
se quiebra un niño ansioso por volar.
Tiembla el acero, se enfría el fuego
y un domingo de pena ya tan conocido.

Y tus perlas ¿dónde quedaron?
¿Dónde se fueron los bríos de ayer?
Se esfumaron canciones de tu corazón
y este alma sólo es un dialecto de la lluvia.

Tu piel golosa de máscaras
se enamora de sus ropas.
Cáncer de vida, llama de agua
y un desierto de voces siempre anodinas.
En los cadáveres se ven
aquellas mismas caras de ayer.
Pienso... ¿qué pasó?¿quién nos nubló?
Mientras pasa un Jeep con pibes vestidos de rojo.

Aquellas promesas eran de éter
y yo no supe por qué escapó el amor,
cuando más lloraban las almas.
Ahora todo es música de poses.

Miro tras un vidrio de Sirocco
recuerdo aquellas noches de ayer
después de bailar, cuando la cana
pedía documentos a las doce y nunca era tarde.
Este, mi tango de hoy
ha heredado un frío mármol.
Antes de la lluvia, ruge una tormenta
y hoy la sequía nos atormenta (somos un guijarro en la luna)

Las noches son de nieve.
Pibes aburridos se pasean,
toman un café de humo triste
en la ciudad de la nada.

Lo que pasa en realidad
es que no pasa nada.
En esta ciudad ya no pasa nada
(Ruidos de tarro y cumbia ... alguien se casa)

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Dama de negro

El día con su láser me traspasa
y me envuelve con su halo de ratas.
Y, muertos los domingos, mojados en la noche,
tardan su vida en abrirse, para morir de golpe.
Cuando escucho tu mirada te comprendo.
Es tan difícil vivir con un compendio:
siempre la misma cara, siempre la misma risa...
Tardás la vida en encontrarte, después de perseguirte.

El ojo de los amos te traspasa como un láser
y su mirada ya es hoy el mismo cáncer.

Enfermo de la noche sin mañana,
recostado entre los soles de agua.
¿Y cuál es la canción, cuál el real Dios;
qué es la pesadilla, qué es el ruiseñor?

Dama de negro: tu mirada me parte
y yo no soy una torta, soy mi arte.
¿Quién te trajo a las arenas de mi mundo?
¿Cómo te embutiste en mi claustro profundo?

© Héctor Simonelli