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 La partida
Tus dedos aureolados
sombreando el poniente,
tus ojos de plata
helada, tu carmin santo, tu silencio. Una daga que
atraviesa el tiempo, cortando a jirones mi piel en el
viento.
Tus susurros
olvidados, en las piedras del invierno, tus naufragos
sollozos, tu alarido de menade, tu auscencia de acero. Una estela en mi
alma velada, una gota de savia sobre mi cuerpo seco.
Y los años pasaron
sabios, derrumbando cual lava embravecida las añoranzas de la
infancia. ¡cuanto mas cerca
se ve el fin del comienzo! ¡cuanto mas angostos
se tornan los caminos olvidados!
El peso de esta
existencia, busca alivio en tus senos celestiales. En la sangre
nocturna, que se escurre sobre el cielo. Solos flotando en el
aire. Como cometas
difuntos, como nubes en la tormenta.
Y asi miro desde
esta distancia, donde todo pareciese claro donde se resiste a
la agonia, mi letargo…. tu desaparecer
repentino,
hacia la incoeherncia
sabia, que me convida su saludo,
esperando
mi partida...
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