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Soy el hombre podredumbre, pulcro por fuera, mas negro por dentro. Yo enveneno las aguas que bebes, muero para darte alcance, infecto tu vida. Llevo el caos conmigo, muero y vivo; vivo y muero.
No puedes acabar conmigo pues no soy nada, nada.
Mi cuerpo no existe.
Mi placer se encuentra aislado, en algún lugar olvidado, mi alma ruge buscandolo, no lo haya. Llego a creer que no existe, pero se que si, existe y está escondido. Doy placer por do-quier, soy un loco que aun quiere amar algo y no encuentra cómo.
Mi cuerpo revienta en cada intento, destruyéndome a cada paso nuevo. Soy un gigante de sangre, muchas vidas he devorado y mi mente no se sacia, mi sangre desea más sangre, san-gre nueva y sabrosa.
Mi delirio es mi coraza para no expirar en la crueldad de mis actos. Qué poca vida hay en mi vida, soy gris, gris como los ojos de la muerte, aquella que no escucha mis ruegos, dice que no es mi hora, y ella… ¿qué coño sabe?
Ella se encuentra en mi, pero yo no puedo ir con ella. Deseo que me lleve en su bote y cruzar las orillas de la realidad. Olvidar esta locura que es estar sano, estar vivo y estar cuerdo.
¿Porque tengo estos delirios? ¿Acaso no pertenezco a este mundo?
Es sólo un desahogo de mi mente, mis ideas están aceleradas, son un torbellino de pensa-mientos. No los entiendo, no los veo pero se que están acechándome allí. Dispuestos a jo-derme en cualquier momento, machacando mi mente, ese martilleo me mata y me salva. Me salva de caer en la realidad De morir como están estos, muertos ante el mundo. Tienen el alma dormida y los sentidos despiertos.
Ojos de Larraona
Unos ojos se me perdieron
en Larraona se encuentran,
verdes los ojos fuerno
un dia espero que vuelvan,
sus labios a los mios cayeron
sus cabellos mis dedos enredan,
aquel dia sus ojos se abrieron
con ellos mis labios se cierran,
sus dedos ligeros corrieron
los mios los suyos enredan,
mis brazos los suyos mecieron
los pocos minutos no cuentan,
a una sus parpados abrieron
el suave ruido despierta,
nuestros corazones juntos latieron
y yo solo deseo que vuelvan.
Alma Altiva
Que minutos de oscuridad
me envolvian durante la espera,
alcanzar esta divinidad
dificil no,mas imposible si era.
Ya la conocía,
en mí ya se encontraba.
Mas de verla aqui de nuevo
mi mente así se quejaba.
No es para ti esto bueno.
¿Creias que no recordaba?
¿Acaso no conservas su recuerdo?
¿Acaso no era negra la mañana?
En esto,un ángel
me instó a hacerlo.
Nervioso le azuzaba:
¡Un siglo espera,pues no,
tan solo un minuto resta!
Tan presto como pude
dirigí mis pasos a ella
tan rápido apareció
que mi garganta ya se quiebra
¿Quien pudiera tenerla?
¿Quien pudiera adorarla?
Pero ella se resiste,
ella se opone a mi alma,
con precisión penetra
y en mi,perpetua descansa.
Yo mismo olvídala digo!
Idiota,crees que no lo persigo.
Mas ella perpetua descansa.
Tal vez...
¿Por que debo estar en Murcia
cuando mi alma no esta en ella?
El alma no nace y muere en un lugar,
sino que va errante por donde quiere,
y en ocasiones a su dueño abandona.
Sale en forma de lagrimas,
aquellas que dañan nuestro ser,
aquellas que representan nuestro delirio.
Y entran cuando desean,
siempre por un escalofrio,
como los que hielan el esperma.
La mía alfin se ha ido,
añoro su presencia,aqui,
mas ella me habla a veces
y me recuerda porque no esta conmigo.
Me cuenta cosas de otros lugares,
sitios que yo no he vivido,
personas que no recordaré.
De una mujer que ha conocido
y por la nocha suave arropa,
de una mujer tan linda
que su alma resplandece.
La mia se siente dichosa
de haberla encontrado,
la cuida,la vela,la mima.
Pero también siente pena,
la mujer es tan perfecta
que motivo de llorar no encuentra,
y por este motivo su alma no suelta.
Y él una mujer para nada quiere,
pues amar no puede mas que a su alma.
Si algún dia la chiquilla llorara,
mi alma volvería a decirme donde fué,
para que ella al su alma
y yo a la dama pueda ver,
tendría yo que ir allí,
tendría que ir con mi alma,
tendría,tal vez...
Gallardía
Creo que continuar con esto
no es una locura,no María
sería fallarnos a nosotros
el no intentar la gallardía.
Una pena
Muchos males tiene el hombre
en su corta y precaria vida,
ante esto solo digo una cosa
cuan larga suerte la mía,
pues solo un mal me acongoja:
las muchas millas hasta María.
Profecía I
Allá voy,
hacia ellos me dirijo.
Introduciré mi mente
para probar su fuego.
Regalaré mi sangre
a aquellos que no ven.
Aquellos que me hieren,
los que no estan.
Miraré en sus vientres,
buscaré en sus entrañas
aquello que me pertenece.
Y extirparé los dones
que me sanarán, que
enfriarán mi llama
y lograré morir.
Es difícil, arriesgado, sí.
Necesitaré valor
para no tragar la hiel,
debo resistir la luz.
Sostener mi esperma
y frenar mis latidos.
Contener la sangre
y no fundir mi mente
con las suyas, eso no.
Allá voy, esperadme,
porque vais a sufrir.
Os haré agonizar.
Y así os mostraré mi mal,
y mi luz eterna.
Lograréis ver, conocer,
sentir, gozar, sufrir.
Comprender.
No me veréis,
os sentiréis mareados.
Algunos moriréis.
Y después de una generación
me sentiréis.
Conoceréis mi sabor.
Asumireis mi ser.
Os aliviará mi presencia,
os retorceréis agonizantes
en las convulsiones
de mi visión.
Cabalgaréis sueños ajenos.
Os mostraré el camino
que será vuestro.
Amaré cada gramo
de vuestra piel.
Y de esta forma
despertaréis.
Pequeñas criaturas,
pútridas,
olvidadas de vuestro Dios.
Arrojadas en el caos.
Lo conoceréis y algunos,
sólo los que miren
y vean,
y se alegren de nada.
De caos he nacido y
cuando llegue el caos
me iré, veréis.
Y cuando no lo
sepáis, sin nada.
Viviréis.
© Carlos Santoyo