Casona vieja, tan triste
ya no tiene a mi mamá,
que arreglaba sus paredes
la llenaba de bondad.
Quedó sola, ya sin fuerzas
le cuesta , hasta respirar.
Se ha ido Doña María,
entonces, para qué luchar.
Deja que el yuyo la cubra,
que se afloje al caminar
esa baldosa rebelde
que ahora , salpica más.
Si el techo tiene goteras
¿a quien le puede importar?
Ya su dueña se fue al cielo
tiene razón de llorar.
Alguna puerta no cierra,
un postigo se golpea
de la pintura quedó
un muestrario en la vereda.
Se van secando las plantas
que ella solía regar.
Las alegrías no ríen
tienen ganas de llorar.
No se oye pasar la escoba,
no se ve ropa tender,
sólo se escucha un silencio
que no me deja mover.
Por qué habré querido hoy
llegarme frente a esta puerta.
¡ No quiere mi corazón
entender que está desierta!