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Vida

Yo te bendigo vida,

por tanto dolor,

por tanta esperanza,

por tanta dicha,

por tanto desengaño,

por tantos sueños...

Te bendigo ,en fin,

por haberte vivido.

Plenamente

Sin cálculos.

Sin especulaciones.

Sin reproches.

Con la frente alta.

Con el corazón abierto.

Con el alma asombrada.

Con un poema en los labios

y los ojos proyectados,

siempre,

más allá de la tormenta.


Casa materna
A mi madre María Severina García de Milne

 

Casona vieja, tan triste

ya no tiene a mi mamá,

que arreglaba sus paredes

la llenaba de bondad.

 

Quedó sola, ya sin fuerzas

le cuesta , hasta respirar.

Se ha ido Doña María,

entonces, para qué luchar.

 

Deja que el yuyo la cubra,

que se afloje al caminar

esa baldosa rebelde

que ahora , salpica más.

 

Si el techo tiene goteras

¿a quien le puede importar?

Ya su dueña se fue al cielo

tiene razón de llorar.

 

Alguna puerta no cierra,

un postigo se golpea

de la pintura quedó

un muestrario en la vereda.

 

Se van secando las plantas

que ella solía regar.

Las alegrías no ríen

tienen ganas de llorar.

 

No se oye pasar la escoba,

no se ve ropa tender,

sólo se escucha un silencio

que no me deja mover.

 

Por qué habré querido hoy

llegarme frente a esta puerta.

¡ No quiere mi corazón

entender que está desierta!


Ya mismo

¿Quieres amarme?

Estoy abierta

a tu risa

a tus ojos

a tu esperanza.

 

¿Quieres llevarme?

Estoy dispuesta

a seguirte

a la luna

a tu casa

a donde sea.

 

¿Quieres dejarme?

Hazlo ahora

Ya.

Cuando aún es invierno.

Cuando el viento helado

traspasa mis huesos.

No podría perdonarte

que me mataras,

estando en primavera.

 

© Beatriz Milne Rotundo
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