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Tus ojos, siempre tus ojos escrutando mi mirada, brillando, siempre brillando de tarde , noche y mañana. Tus ojos, siempre tus ojos clavados aquí, en mi alma, ardiéndome con su fuego prometiendo a mi esperanza. Amados ojos amados, de la silente llamada, de la constancia perenne, confirmación sin palabras. Mirada firme y oscura de la pasión incendiada, del amor por sobre todo; sólo el amor y más nada. Oscuridad en tus ojos que se aclaran con el alba, luego de amar, transparentes, sus viejas ansias descansan... Ojos que saben guiarme en este amor, enredada, como eterna cruz del sur a toda nave lejana. Mirada viril y noble que custodia mis andanzas, que siempre está y me permite pasear la senda confiada. Mirada honda y paciente de tu corazón fontana, sin malicia ni veneno, de mi sendero atalaya. ¡Tus ojos, siempre tus ojos de ardiente y votiva llama! Cuando voy cruzando el mundo me miran pupilas claras, sin embargo yo me quemo en el calor de tus brasas, y encuentro en ti, ojos negros, mi aspiración realizada.
Me dicen que estas horas son perdidas, |
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Beatriz Milne Rotundo
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