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¿Alguien vió fluir la sangre del silencio?
Hojas de murmullo que flotan en el cielo de los tiempos.
Manchas de tiza y de carbón en la pared del templo.
Soledades de gris asolando inquietudes.
Mudas barajas muertas, inciertas y olvidadas construyendo castillos inexistentes.
¿Alguien vió fluir la sangre del silencio?
¿La herida inconsistente del pájaro en su vuelo?
Ecos, sonidos vagos.
Tambores apagados.
Monigotes de sal y humo de sahumerios danzando en la vereda con los lobos.
Los lobos que te aúllan la oreja dolorida, los cuervos que te pican la lengua desganada.
Las lenguas maliciosas que se arrastran, de vereda en vereda, de una cama a otra cama, de malvón en malvón, entre tierras y aguas, entre luces y sombras, entre risas y lágrimas.
Al verlas: silenciosas.
Al no verlas: burbujeantes de palabras enanas.
Ojos del corazón que ve y que no siente, lágrimas del cocodrilo que sufre por su suerte.
Y un cruel espantapájaros llorando arrepentido por los niños que cantan su violento destino.
¿Alguien vió deshojarse las manos de los viejos?
¿Alguien salió al balcón a beberse los vientos?
¿O todos se quedaron, callados, patitiesos, cuando los forajidos se robaron los sueños?
Canta la niña una canción de cuna.
Sus hermanitos mecen, las manos, las cabezas.
La madre que sostiene la botella vacía, babea sangre ajena, semen entristecido.
Canta la niña y tiene no más de doce años, aunque su rostro muestra las huellas del pasado, canta la niña y tiene, un dolor adherido.
Los mocosos la miran, ella es la madre-hermana, ella es el sustento, ella es la que manda, mientras mamá se muere, despacito se muere, entre sus rancias plumas de vieja bataclana.
Canta la niña y ruega que papá no regrese.
Que esta noche la quiere para dormir con ganas, porque ya está cansada del resoplar inmundo, de las manos grasosas, de las violentas horas.
Canta la niña y mira, como viene la noche, a través de los vidrios, la ciudad que se enciende, y a lo lejos escucha inquietantes aullidos, y gritos y sirenas y pasos apurados.
Y siente que esta noche, papá se habrá perdido.
Y que en la miserable cama que la recibe, podrá soñar tranquila, podrá soñar que es cierto, que la vida no es esto.
Que la vida es aquello, que aún no ha conocido.
© Roly Canteros