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Sé cual es tu nombre
Tu nombre verdadero
No el que se escribe con letras
En las hojas crudas de algún documento.
Sé tu nombre de barro, de historia y de tiempo
El que te dieron las hadas al hacerte como sos
De hollín y de viento...
Conozco tus dones
Esos que no necesitan gritarse en el pueblo
Y leo, leo como nadie el manual de tus defectos
Y puedo enumerarlos, explicarlos y hasta si quiero
Entenderlos.
Adivino cada uno de tus locos sueños
Los buenos, los felices, los terribles
Y los que mejor se guardan para adentro.
Y los que son pesadilla y te atormentan siniestros
Los descubro y los ahuyento
Con un solo sortilegio...
Sé de vos hasta la esencia
Y puedo verte y sentirte
De adentro a afuera, de afuera a adentro
Y porque llegué tan hondo
Y porque así te quise...
No voy a perdonar que me traiciones
Traicionándote...
Hay un remolino de sombras
Danzando el hielo de tus ojos esta tarde
De lluvia y gris.
Reflejo titilante de una pena fugaz
Como el rayo de luz
En la tormenta.
Estruendo feroz de la rabia naciente
Como el trueno
En la tempestad.
Tus pupilas laten, brillan, chispean
Desparramando lluvia
Y mas gris.
Y se confunde el día y tu nostalgia
En una ronda de tristeza
Y soledad...
Muchas voces pregonan la paz
Y cien manos se unen y entrelazan
Creando cadenas de hermandad... pero ahora...
Ya lejos de la plaza, de las calles, de las marchas,
En cada paso de silencio
La historia se escribe diferente.
Una vez creí que la humildad
Era el camino y el rumbo
Y vi que las cabezas rodaban por la arena
Y los ruegos se perdían en el viento...
Se deshicieron mis versos de repente
Como cuentas de un collar desparramadas sobre el barro
Porque la verdad
Ya no alcanzaba para devolver la dignidad
Perdida entre los siglos,
La esperanza de cambiar el curso de la vergüenza y el hambre
De la desesperación.
Y después de tanto
Creí que la paz no era posible
Sino en el grito audaz de quien reclama
En la sangre ardiente que riega nuestro suelo
Y en el corazón alzado que golpea el cielo
Exigiendo las respuestas...
Esa es la paz
Porque es vida y es pujanza
Y es la pluma y la tinta que golpe a golpe
Va escribiendo la verdad rebelada de éste pueblo
Que alcanza en sus heridas
La victoria.
Hay un hilo de viento sosteniéndome el alma
Y a cada paso que doy siento vibrar sus palmos
Como si ya fuera a cortarse sin remedio
Por fin, después de tanto.
Es huracán cuando espero tus rencores
Tus idas y vueltas de veleta simbrante
Y sacude y golpea y sopla
Queriendo arrancarte el eje y desangrarte.
Es brisa cuando vuelan los recuerdos
Y la vida trae sabores de otros soles
Apenas perceptibles
De abrazos y caricias y nostalgias.
Hay un hilo de viento sosteniéndome el alma
Pero se transforma en nada cuando surca el cielo
Y te descubre engaño y soledad
Y se apaga
Por fin, después de tanto.
© Helena Fernández