me gusta que
me acaricies el pelo
con pequeños círculos
como un viento suave
que sube por las orejas
igual al que despeina
las cortaderas en el campo
me acuerdo
en la infancia
mirando de lejos
la línea horizonta
que dividía
el cielo del pasto verde
colas de zorro
y juncos
y cañas que todos juntábamos
para armar casas
que nos parecían gigantes
cuando pasamos
por esa parte de la ruta
nos agarramos bien fuerte
de la mano
un paisaje beige
esparciéndose en el terreno
el ventarrón
que sacude al trigal
y la tierra fina que nos pega
en los ojos
prender la radio en
un pueblo
no es gran cosa
pocas noticias
y mala música
un café que se enfría
despacio
camino por la casa
abriendo las ventanas
yo se
que puedo ser muy sexy
rozando las cortinas blancas
con todo el cuerpo
cuando vos dijiste
"perfume"
yo pensé en vainilla
una consistencia suave,
un postre royal
cocinándose
phirylis
dicen que se llama
esa planta
que desde el costado
crece con fuerza
a mediados de junio
es curioso
las hojas son
como bolitas de pimienta
rojas
diferentes unas de otras
parecen azahares
para novias exóticas
miramos una película
de takeshi kitano
había un clima violento
y un aire de paz
todo mezclado
por la música
cada vez que veo
estas flores
rayito de sol
que se abren y se cierran
pienso en los fuegos
artificiales
en las flores naranjas
que el personaje secundario
pintaba llorando
plantamos pinos
cerca de la calle
y como siempre
peleamos por el lugar
y la proyección
cuando crezcan
nos veremos viejos
sentados
bajo la sombra
cuando va a empezar a llover
nos damos cuenta
por el olor de antemano
a tierra mojada
por el color grisáceo
que tiene el cielo
porque las vacas y los caballos
se ponen cerca del alambrado
y nosotros
nos abrazamos fuerte
para pasar la tormenta
las semillas
que conservé
todavía tienen el olor
de la planta madre
si las sembramos en luna llena
crecerán más rápido
y tendrán hijos
que guardaremos en capullos
de papel
para el año próximo
*
leo un poema de martín
rodríguez
pienso en la línea finita
las cosas invisibles, ahí
donde nadie ve
la fragilidad
panaderos de campo que
duran un segundo en
su plenitud
el aire viciado
una tormenta, palos de luz eléctrica
que se caen
pura tristeza
*
un pueblo es un habitat
se sabe:
silencio y gramíneas, todas las mañanas
el olor del agua sobre la tierra, pajaritos
que colaboran
con el aire rural
pocas cosas trascendentes, sonidos bajos
y una inmensa raya finita
hoy se ve así:
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lisa y
llanamente
© Carolina Pellejero