![]()
Las bandas que quisieron, en los ochenta, desdibujar esas fronteras ya amuradas entre una pose y todas las demás, entre un tipo de mensaje y otro (escéptico, lírico, anárquico, social), entre un estilo y otro (sintetizadores, criollas, y no hablo de ritmos),entre un lenguaje y otro, son bandas que, por distintas razones, en los noventa no están. Las bandas que forjaron o aceptaron la Unidad, la Trinidad -tomá uno u otro de esos dos verbos según le echés la culpa a los músicos o a la industria cultural, o se lo agradezcas- son las mismas que pueden volver indefinidamente, las que tienen un "sello" -qué palabra ambigua-, un modo de hacer en sociedad -pienso en los Rolling Stones, en Kiss, en muchos más. Trepanaciones, decía, en esta época en que la decisión de "romperte la cabeza", como se entiende en la publicidad radial del proyecto Ahora las bandas, es una decisión municipal.
De las tres cabezas, tomo una. Me interesan las letras del rock de acá.
¿Por qué el rock argentino de los noventa no va a la literatura -del mismo rock, de más allá? ¿Por evitar tal vez la responsabilidad de ser una especie de soporte de la identidad cultural? ¿Porque la idea de identidad es desde el vamos ajena a eso que -insisto, nos enseñaron- siempre está transformándose, y entonces discutir o asumir un pasado ya dicho, ya criticado o embellecido, sería ir en contra de lo esencial? ¿Porque las nuevas bandas, una vez fijada la Trinidad, ya no hablan por sí mismas (ya no pienso entonces en esencias, sino en existencias, en historias)? ¿Porque las viejas figuras del rock están locas, muertas , o comparten un alquiler con modelos de la tele?
Habrá que demostrar que el rock actual no va a la literatura sino, en todo caso, a un prejuicio masivo alimentado por la publicidad, al que podemos llamar "cultura", y que nada tiene que ver con la continuidad de las letras y las poesías o narraciones de diez, veinte y treinta años atrás, así como las cruzadas medievales avanzaban hacia un propósito que nada tenía que ver con la continuidad de lo religioso, pero sí de una Religión. Habrá que pensar, entonces, de qué manera el Rock -ya puedo usar las mayúsculas para mínimamente periodizarlo- hace literatura sin hacer lectura de su pasado literario; es decir, de qué manera el Rock crea ambiguedades, sugiere significados diversos, vuelve extraña o terriblemente clara a la palabra cotidiana, sin aludir y sin discutir las creaciones que lo anteceden. Hay que ver, sin duda, casos concretos. En este punto presuponemos que la idea de composición está presente en todo compositor, también en los que piden benevolencia a cambio de un "digo lo que siento".
Existe un canon literario, existen márgenes con creadores raramente manejables, difíciles de encasillar, y existen figuras que, en corto plazo, son públicamente dominantes. En los últimos años, y tal vez por aquello de que las generaciones y los estilos envejecen más rápido -los innovadores crean pasado-los escritores que en nada transformaron la literatura pasaron a ser, como por paradoja, eternamente jóvenes. El diario Clarín, por ejemplo, suele hablar de la fuerza juvenil que vive en Ernesto Sábato, y no es casual que su figura se obsequie -via media- como modelo a todos los jóvenes. Pero en realidad hay que sumarle a esa falta de innovación estética un regodeo con los hábitos y los modos de hablar propios de los adolescentes para obtener así al escritor que sea públicamente dominante dentro de los límites -estrechos- que la cultura para jóvenes impone al dominio literario.
De esta manera, se entiende que, de Fito Páez versión "tercer mundo’en adelante, aparezca el modelo del escritor "reventado", Charles Bukowski, en algunas letras de rock. Se trata, entre los escritores de las últimas décadas, del paradigma del reviente a partir del uso de un vocabulario altamente "joven", y es un gran aporte para enfriar la literatura -y el whisky- incorporándole expresiones de una sordidez al día, aunque lo sórdido no roce siquiera la estructura de sus obras ni las expectativas de los lectores habituados a la sordidez.
Volviendo a Sábato, Palo Pandolfo -líder de Los Visitantes- le adjudica en una nota del Sí de unos añitos atrás, el mérito de haber encontrado la expresión "alucinante", lo cual significaría que nuestro escritor cumple con ambos requisitos -el segundo por adelantado, proféticamente. Sábato, entonces, puede ser ese modelo de escritor joven que estábamos buscando.
© Cristian De Napoli