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Vida
Jurada batalla desde el nacer,
caliginoso destino, confuso, impreciso;
inexistente calma, engañosa realidad
mirando a los ojos de un inevitable abismo.
Falsos Dioses
Mundanos héroes del frágil hado,
ahora corceles alados,
soñaron vencer vendavales,
vengando su precoz triunfo
rencorosos, ansiosos de idolatría,
enaltecieron su absurdo culto;
invisibles e insípidos como el olvidable pasado,
ahora impresionantes muestras de la condena de los tiranos.
Esclavos
Eternas voces calladas por el místico silencio,
rudos cuerpos sin vida tirados desde altos despeñaderos,
a ninguno le preguntaron su nombre,
a todos, de la muerte, los hicieron herederos.
Culturas enteras perdidas en sus golpeadas cabezas,
linajes sin descendencia, almas despojadas de sus conciencias,
intentaron ver las estrellas a través de los agujeros
de un mutilado techo, víctimas de una fúnebre paciencia.
Ángeles
Ellos creyeron ser diferentes a los mortales,
impetuosos espíritus, adictos a sus eternos destinos
desconocieron el dolor humano,
ignorando que uno sería su acechador y asesino.
Cebaron sus oídos de lamentos de los perseguidos
sin ser falsos dioses, entregaron a los santos
al infame averno, edén de los tormentos,
mas su sangre profanada rogaba venganza, heroico canto.
Destino
Colosal bruma
encaminó sus pasos,
gallardo fuego,
legado de sus manos.
Celestial hez
y divino orgullo
magullaron audaces
sus ojos oscuros;
vil resplandor
y vengativa sombra
de la sigilosa muchedumbre,
santa venganza es honra.
Ángel Caído
Ella siempre estuvo destinada, y eternamente,
a ser liberada del mítico silencio;
naciente del sobrehumano talento,
ungida del cruel sacrilegio.
Seductora y etérea lujuria,
que mártires llamaron herejía,
diosa de luces injustas
que crueles condenas embellecieron
a los ojos de los seres que se aferraron
a la vida.
Astuta manipuló al mismo Destino,
de él tomó todo menos su sombra
adicta al hado de un hado,
adicta a sus bríos, ansiosa de inmerecida honra.
© Fernando Miño