Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Paciencia

Hoy la luz de un nuevo día me recibió con soberbia,
intrusa se coló por la ventana
cuando empezó la mañana
que en mi mente se mezclaban
los recuerdos de una noche
que sublime y seductora,
se convidó a ser vivida.
Los párpados aún me pesan
mientras los ojos me duelen,
la cabeza se me quiebra
y la úlcera amenaza
y para colmo de males
miro a la izquierda en la cama
y es solo tu recuerdo
el que ahora me acompaña;
es indiscutible, pienso,
te necesito por siempre.
Abrazo la almohada con fuerza,
aprieto los dientes con ganas,
quiero ahuyentar tu fantasma
y dos gotas me mojan la cara.
Ahora invade el silencio y también la soledad,
el miedo a no verte acecha
el reloj parece quieto siempre en el mismo lugar;
lentas se mueven las horas,
a cada momento de angustia lo sigue otro de humillación.
Ahora por fin el sol
se balancea en su ocaso,
ahora por fin la luz
abre paso a las estrellas;
por fin la espera se acaba
suena el timbre de mi casa,
es el hermoso momento
que asegura tu llegada.

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De frente al destino

Acorralado en un momento decisivo,
enjuiciado entre la espada y el puñal
que me apuñala en el centro del pecho
por la traición que siempre estuvo en mi contra;
soñando despierto,
volando entre sueños
encuentro resguardo escribiendo dolores;
mi vida se juega en todo momento
y busco esperanzas que siempre se esconden
y encuentro en tus ojos el has de confianza
que en todo momento me falta.
Mis miedos se acunan, se asientan
y siento desidia de mis propias horas
enfrento el destino, fantasmas, personas,
recorro caminos y no veo el verde;
se pinta amarillo en el sol naranja
desierto destino al final del camino.
No encuentro palabras,
no encuentro caminos,
no encuentro reductos en donde esconderme:
no puedo esconderme y me encuentra
con ojos tranquilos me mira
vestida de negro me trae la calma
que llega en silencio y cierra mis ojos para descansar.

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Cerro de sueños

Quizás te conocí cerro, en un sueño,
o en un momento que bien no recuerdo,
solo te pienso y te siento, te miro y suspiro.
Ahora te quiero y te espero,
ahora quisiera poseerte
por hoy y por siempre
quisiera tenerte
en mi ego porteño.
Contigo aprendí más en cinco minutos,
que antes en toda una noche entera,
contigo aprendí en una noche
lo que no en la vida entera,
contigo aprendí en silencio
lo que no dictan los grito,
contigo aprendí seguro
el valor de un te quiero
contigo aprendí y te digo,
- y aunque no pueda te quiero-
con silencios y palabras,
con abrazos y poesías,
con montañas y dolencias
comprendí cual es la esencia:
puedo tenerte y ser libre,
puedo sufrir y perderte,
pero no puedo olvidarte.
Entre palabras sencillas
casi logré conquistarte,
entre sinceras consignas
no lograré conservarte.
Pero es verdad que el quererte
me hace volverme valiente
y sé que estarás ausente
cuando emita mi llamado,
y sé que estarás presente
aunque ya estarás muy lejos
y aunque yo te necesite;
y si te conozco en serio
no me asustan las distancias
porque aunque no esté mi cuerpo
entre tus manos cansadas,
porque aunque tus dedos me cambien
como a una copa vacía
conservarás mi recuerdo,
te quedarás con mi alma
sepultada en tus recuerdos
y con este corazón
que dudo, tenga otro dueño.
El frío se abalanza sobre el cuerpo
pero el alma hierve a tu contacto
y mis manos temerosas
tiemblan como la primera vez.
En las alas que no tengo
quise invitarte a volar
pues los sueños que me guían
me condujeron a vos.
Con tus lejanas promesas,
con tus palabras sin rimas,
con extrañas melodías
nos miramos, nos quisimos, me cuidaste, te pensé.
Te dejo estos simples versos,
te los dejo por tus besos,
los acompañas suspiros
y una lágrima escondida.
El tiempo vence distancias,
las angustias ocuparán tu espacio
y aunque tu cuerpo se vaya
te dejo mi grito al viento
para que te sorprenda dormida
en una tierra lejana
y yo me cole en tus sueños
aunque estés acompañada.

© Alberto Pablo Márquez