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Las
secuencias del pasado se tornan irreconocibles, ajenas. Un millón de pensamientos dan giros en
mi cabeza mientras tarareo de fondo una canción que no me acuerdo. Observo perpleja las ornamentales piruetas de mi conciencia que al parecer se divierte profundamente con mi desconcierto. Por eso lloro cuando quiero reír, y
sonrió cuando me deshago por dentro, Descubro que te amo tanto, después de detonar mi adiós golpeando la puerta. Observo desgarrarse mi entendimiento ante lo incomprensible sorprendida de la reacción de mi cuerpo, tembloroso mar de lágrimas que se desborda, ausente de premeditación y vació de argumentos. Se pierde mi mente en el vano intento de comprender tus porques, la razón incluso de mi existencia errante en manos de tu socorro. Diseñaste el perfecto escenario, los colores y formas precisas el marco donde colocaste la obra de mi vida y todo lo que en ella es. Admiro tus trazos de artista eximio, e intento vencer mi torpeza imitando cuando menos los gestos propios e inconfundibles de tu mirar. Compruebo lo sublime de tu labor en las pausas empapadas de sabiduría en las pruebas, búsqueda conciente de excelencia que contempla sinceridad Repaso los detalles infinitos impresos desde el torbellino de tu imaginación a mi camino: el soleado sendero, el oscuro recodo, aquel giro inesperado. Descanso en la confianza de saberte mi arquitecto, el artífice del proyecto que lleva mi nombre, el encargado de los planos, el mismo que pagó ya todo precio aquel que enamorado decidió construirme, desde un principio y hasta el final. |
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Marisol Mahfoud
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Kronhela Ediciones
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