Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Quiero ser alguien

Hace mucho tiempo atrás, existía un ser especial que quería lograr el bien y que tenía un dote mágico. Éste le permitía elegir quién ser, cómo ser y dónde estar; pero con la condición de que podía hacerlo una sola vez, y que de ahí en más tendría que acomodarse a las circunstancias. Se podría decir, que él pintaría su vida como quisiera, pero tendría que elegir bien esos colores, ya que luego tendría que atenerse a las consecuencias.

Estuvo meditando mucho, y primero quiso ser un extraterrestre, pero se dio cuenta que no ganaría nada, porque los hombres le tienen miedo o rechazo a alguien que es diferente a ellos.

Luego, pensó en ser un animal, pero se dio cuenta que por más que es un ser inocente, muchos lo toman como algo despreciable e insignificante y siendo así, no podría lograr nada.

En tercer lugar, decidió ser una persona... ¿pero qué tipo de persona?...

Miró el planeta Tierra y vio a una sola especie de hombres, pero que estaba dividida por diferentes cosas: por el dinero, por la religión, por el poder... y hasta por un pedazo de tierra (como si el mundo no tuviera suficiente espacio...)

Siguió imaginando, y lo primero que se le ocurrió fue ser un político, pero sin embargo en la actualidad hay que tener dinero para serlo... y el dinero no hace ni compra la felicidad.

Prosiguió meditando, y trató de ver cómo sería su vida si fuera una señora que tuviera tres hijos de uno, tres y doce años, la cual viviera en un barrio y aparentara un ambiente de felicidad; pero se dio cuenta que las apariencias engañan, y que por dentro esa mujer se sentiría frustrada de no poder hacer lo quisiera por estar atada a su familia.

La última idea que se le ocurrió y la mejor de todas fue ser un niño, con toda su inocencia y su frescura, con toda su sensibilidad y todo su amor. Eligió ser un niño, con su manera tan especial de ver la vida y tan incoherente pero a su vez tan natural de hacer las cosas.

Además decidió ser un niño en el planeta Tierra y educar a los demás con amor, ternura y entusiasmo, ya que por más que nuestro mundo esté en el abismo, en el fondo de él podemos encontrar cosas maravillosas.   

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Nuestro verdadero camino

Demasiadas veces, pasamos por malos momentos en los que la tristeza nos invade el alma, y nuestro llanto cae como una intensa lluvia, en otras situaciones, reímos como los jilgueros sin saber la razón.

En muchas ocasiones, un error nos puede marcar para siempre, en otras, ese error nos hace aprender y cambiar totalmente de rumbo.

A algunas personas les va tan bien en la vida que parece que fueron tocadas por una varita mágica, y a otras tan mal, que es como si la suerte las hubiese abandonado.

Sin embargo, lo que nos toca vivir a cada uno tiene una razón...

Hace mucho tiempo atrás, en una pequeña masa de tierra rodeada por miles de caminos, existían dos personas que eran felices simplemente por estar vivos, pero que no pensaban, sino que sentían.

Con el paso del tiempo, ese sentimiento fue creciendo y como fruto de ese amor, nació otra persona más.

Luego de varios años, esa pequeña tierra estaba habitada por millones de individuos y ya no cabían dentro de ella, entonces alguien vio los miles de caminos y se introdujo en uno, y poco a poco, todos los habitantes comenzaron a imitarlo, y consecuentemente el diminuto planeta quedó desierto.

Pero lo que ellos no sabían, era que esas rutas los llevarán a un nuevo y gran planeta y que los transformaría en personas pensantes, cuyo destino ya estaría marcado según el camino que anteriormente eligieron.

Uno de ellos era oscuro como la noche, y la persona que entró allí tendría que enfrentar situaciones muy difíciles, pero tendría el valor y la fuerza para hacerlo.

Otro, tenía un color celeste como el mar, y dentro de él entraron dos personas; que serían hermanos, les encantaría pescar como recuerdo de su camino y compartirían todo (hasta los cinco y siete pescados que consiguieran.)

Otro de los tantos caminos, era de color rosa, y la gente que se introdujo dentro de él, sería muy sensible, y a causa de ello, llevaría una vida muy tranquila.

El pasar de los años, hizo que los caminos desaparecieran y que la gente ya no se acordara de ellos; sin embargo, fueron ellos los que trajeron a todas las personas diferentes pero necesarias a nuestro planeta.

Y nos dejaron un legado: “que por más que nuestra vida empiece hecha, somos los dueños y los constructores de nuestros propios caminos”.

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El mundo en que vivimos

Existía una vez un planeta en donde reinaba la paz, la alegría y el amor.

En este planeta, nunca ocurrieron guerras ni atentados, ya que sus habitantes eran sabios. No se utilizaba el dinero ni había clases sociales; cada uno tenía diferentes virtudes y los demás las valoraban y las respetaban.

No tenían preocupaciones, pero asumían sus responsabilidades.

Si llegaba a surgir algún problema entre ellos, lo resolvían pacientemente, sin acudir a la violencia.

Estas criaturas tan preciadas se llamaban “Extraterrestres”.

Podríamos decir, entonces, que los seres que habitaban este planeta eran realmente perfectos, pero sobre todo felices.

Un día, sin saber cómo ni dónde, apareció un “humano”; éste al ser distinto a los demás se sentía importante y creía ser el mejor.

Se veía tan supremo, que comenzó a ponerle nombres a los extraterrestres, por ejemplo a una la llamó Susana, a otro Juan, etc.; también le puso nombre al planeta, lo denominó “Tierra”.

Les enseñó palabras nuevas, como ser: rico, pobre, impunidad, robo, etc.

Inventó la plata, ya sea en monedas como en billetes, y los educó con la modalidad de que si por ejemplo, Susana tiene monedas de 25 centavos y de 10 centavos, y con ello obtiene $5,65 es una persona pobre, en cambio, si Juan junta $1000 es rico y puede participar en el gobierno.

Sin embargo, los extraterrestres, le dijeron que $50 de dulzura más $80 de comprensión menos $30 de mentira, daba como resultado $100 de amor; pero estas palabras no figuraban en su diccionario.

No se daba cuenta que enseñándole estas cosas estaba arruinándolos y arruinándose...

Luego de muchos años, llegó un día en que la Tierra estaba habitada por extraterrestres y humanos. El planeta estaba cada vez en peores condiciones; entonces, los extraterrestres decidieron fabricar naves e irse al espacio exterior en busca de un lugar mejor.

Mientras que en la Tierra, quedaron los humanos gobernándose entre ellos, peleando entre sí y siendo egoístas sin ver lo que ocurre a su alrededor.

Pero no todo es malo, hoy en día, existen algunos seres que son mitad “Humanos” y mitad “Extraterrestres” y luchan porque haya justicia, alegría y sobre todo amor.

© Ana Belén Margherit