Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Carta urgente

Planeta Tierra, 9de agosto del 2000

“Me llamo KOSARA, llegué a este planeta con la ilusión de encontrar un lugar para que los habitantes de mi astro puedan desarrollar una nueva vida, ya que en mi planeta se hace cada vez más difícil sobrevivir sin agua.

Mientras viajaba en mi nave, vi un enorme planeta que me llenó de esperanza, pero lamentablemente me llevé una gran desilusión...

Apenas me bajé de la nave, toda la gente que me veía salía corriendo despavorida porque yo era diferente, y no se dan cuenta que lo que importa es lo de adentro. Me sentí discriminado (como mucha gente se siente en este mundo.)

Me hice invisible y salí a recorrer las calles, vi que la gente se atropella sin pensar en el otro. Escuché que decían que ellos hacen lo que quieren en busca de la felicidad, y no saben que la felicidad es querer lo que uno hace.

Para alegrarme un poco, fui a ver qué pasaba en un cumpleaños de una tal señora Castro, y me imaginé que iba a estar reunida con la familia; así fue, había abuelos con sus nietos, padres y madres con sus hijas, un grupo de hermanos y suegros con su nuera, todo aparentaba un ambiente de calidez, pero era solo eso, una apariencia, porque cuando llegaron a sus respectivas casas, comentaron lo mal que la habían pasado.

Cuando estaba por volver a mi nave, me encontré con un ladrón que le robó a una pobre señora lo que tenía. Me pregunto yo, ¿no es más digno trabajar?.

Subí a mi nave espacial, y di una última mirada a este planeta, pero hubiera preferido no hacerlo, ya que vi tanta impunidad y tanta injusticia que, angustiado, volví a mi planeta.

El problema de este mundo es que hay cada vez más gente y menos personas...

Seguro que cuando leas esta carta, yo ya no estaré vivo, pero vos tenés la oportunidad de cambiar y de hacer que los demás cambien. Aprovechá lo que tenés, hay muchos otros seres que lo necesitan y no lo tienen...”

KOSARA.

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Probando pruebas

Existen días que se cierran para no abrirse...
Existen silencios que hieren...
Existen dolores del alma que son más fuertes que los físicos...
Existen heridas que sangran...
Existen cicatrices grabadas...
Existen pruebas en la vida que nos hieren, sangran y quedan grabadas; y sobre todo nos hacen preguntar: ¿por qué?.
Pero todo tiene un porqué. Hasta esas situaciones que nos hacen crecer, y a las que nosotros llamamos “pruebas”...

Hace mucho tiempo atrás, existía un solo ser que divagaba por todo el planeta, era el dueño de todas las construcciones del mundo urbano y el amo de la naturaleza. Este individuo era feliz, pero no le daba importancia a la felicidad ni a lo que tenía, porque nunca había perdido ni sufrido por nada.

Se sentía importante, fuerte y valiente.
Jugaba con los sentimientos, y sin querer, lastimaba...
Un día, apareció otro ser invisible mucho más poderoso que aquel individuo, y al ver cómo desperdiciaba sus cosas fue poniendo trabas en su camino...

El primer obstáculo fue que llenó de piedras todo su sendero; y entonces, este individuo se sintió muy mal al pensar que perdería para siempre la belleza de su naturaleza; entonces; trabajó y trabajó hasta que sacó todas las piedras.

Se dio cuenta que con perseverancia y esfuerzo se logran todas las cosas. Pasó la primer prueba: logró amar a todo lo que lo rodeaba.

En segundo lugar, envió a millones de personas para que convivieran con este ser egoísta y solitario.

Al principio, se sintió ofendido e incómodo, pero luego, aprendió el significado de las palabras amistad y compañía.

Tan bien se sentía, que organizó una fiesta. En aquella reunión, empezaron siendo unos pocos amigos de verdad, luego del quinto timbre, llegaron a ser 25 invitados amigos; y a partir de la octava vez que sonó el timbre, fueron 64 invitados... solamente invitados...

Al terminar la alegría de la fiesta, solamente quedaron acompañándolo aquellos pocos amigos de verdad; y pudo sentir el dolor de creer en alguien y ser defraudado...

Pasó la segunda prueba: logró darse cuenta de que existen personas que nacen para crear dolor, pero que también existen otras que nacen para calmarlo.

Lo último que hizo este “maestro ser” antes de desaparecer fue mandarle millares de pruebas que le irían sucediendo durante toda su vida; para que se diera cuenta que son necesarias para crecer y que cada vez le dolerían menos; ya que iría aprendiendo; y como muestra de esto aquel “individuo aprendiz” nos dejó este legado:

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Existen días que se cierran para no abrirse...

Existen silencios que hieren...
Existen dolores del alma que son más fuertes que los físicos...
Existen heridas que sangran...
Existen cicatrices grabadas...
Existen pruebas en la vida que nos hieren, sangran y quedan grabadas, pero...
Existen recuerdos que se abren y tratamos de no cerrarlos...
Existen palabras que curan...
Existe el amor, que es el remedio del alma...
Existen heridas que sanan...
Y existen pruebas que nos hacen crecer y volver a creer...”

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¿De dónde surgió tanta gente?

En el mundo en que vivimos, existe toda clase de personas; y toda clase de actos que realiza esta gente.
Muchas veces, esas situaciones nos lastiman, y nos rebelamos ante ellas haciendo a los oídos sordos, a los ojos ciegos y al corazón fuerte.
Cada día que pasa, vemos más situaciones injustas alrededor nuestro, más lágrimas que caen, más ilusiones que se apagan, más heridas que se abren...
Pero las injusticias y la tristeza, al igual que la justicia y la alegría tienen un origen...

Hace mucho tiempo atrás, reinaban en todo el universo dos seres superiores; éstos eran completamente diferentes, pero ambos se necesitaban.
Uno de ellos era muy tranquilo; y al moverse con fuerza las aguas, las hacía volver a su ritmo normal.
El otro, al ser muy fuerte, solamente al suspirar, proveía de viento a todo el planeta.
Uno era muy bello, y creó los paisajes y los animales a su semejanza.
El otro, era demasiado inteligente, e inventó todas las construcciones y los edificios existentes en el mundo.
A pesar de que se divertían mucho; al ser tan diferentes llegó un día en que no se pusieron de acuerdo y comenzó una gran pelea.
Tan grande fue esa discusión que utilizaron al mundo como barrera y se lanzaron todos sus poderes (que quedaron desparramados por la tierra) hasta desaparecer.
Así fue, como al haber tantos poderes “buenos” y “malos” sueltos, surgió el hombre, que los absorbió   y se convirtió en el dueño de todo el mundo.
Aparecieron diferentes personas. Ellos ocuparon los edificios que habían creado aquellos seres, se asombraron con la belleza de los paisajes y utilizaron todo lo que podían, pero no valoraron nada.
Hubo gente buena y gente mala. Mujeres y varones. Pero gente al fin. Personas que lucharon contra la injusticia de otras. Hubo desde 12 chicas y 18 varones que fueron estudiantes a razón de 2/6 hasta un gran número de narcotraficantes.

Sin embargo, el mundo sigue girando, y siguen surgiendo millones de personas “justas” e “injustas”, que se siguen peleando, ya que dentro de ellas llevan el espíritu de aquellos seres que todavía no se olvidaron de la pelea que los hizo desaparecer.

Pero como no todo es malo, esas situaciones injustas que vemos día a día, es para que nos demos cuenta de que dentro del paraíso esos seres escondieron el infierno, para que estemos siempre atentos y valoremos lo que tenemos.

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¿Mi mundo o nuestro mundo?

     - ¿Y? -... fue la primer pregunta cuando salí...

Antes de contestar pensé (como siempre en cosas raras) que una simple letra expresaba muchos sentimientos, ya que mi compañera estaba entre angustiada y esperanzada.

- Lamento decirte que NO... –

Y mi amiga, que era igual a todos, bajó la cabeza...

Todo empezó desde chiquita. Siempre me trataron diferente. Es más, decían que era medio “ida”; solamente porque me quedaba mirando las flores, y algunas veces, la luna.

Nunca me voy a olvidar de mi entrada a 1º grado, todos mis compañeritos juntos, y yo con mi única amiga, mi muñeca “Pepita”, hablando sola (ya que ella no abría la boca para lastimar, como hace la mayoría de la gente, sino que pronunciaba solo lo que yo quería.)

Al principio, todos creían que era algo propio de la edad, pero al pasar el tiempo y ver que mi única amiga se llamaba soledad, se empezaron a preocupar...

Y ni hablar de mi rendimiento escolar, ya que respondía algo, supuestamente, sin sentido; pero yo decía lo que creía con respecto a mi parecer.

Una vez, me preguntaron cuál era el lago más grande; y yo les dije que mi bañera. En otra ocasión, me hicieron decir porqué funciona el cuerpo humano y yo contesté que era por el líquido rojo parecido al de las lapiceras.

Desde esa respuesta, me llevaron al psicólogo, para que me “integrara a la sociedad”, aunque no sabían que yo ya estaba dentro y que tenía las puertas abiertas para aquel que quisiera ingresar a mi mundo distinto pero “mío”. Este analista le buscaba ángulos a los círculos, colores vivos al color blanco y profundizaba lo simple.

Tanto tiempo estuve ahí, que me terminé acostumbrando, y cuando hay costumbre se apaga la luz. Entonces, me convertí en alguien igual a todos, pero que yo no quería ser, que estudiaba y repetía lo que la profesora quería escuchar y que tenía amigos, mejor dicho, una soledad compartida.

Aunque siempre caía en la tentación de decir lo primero que se me cruzaba a la mente; y gracias a eso, me gané unas cuantas repetidas de curso. Es medio lerda – decían.

Hasta que por fin, solamente, me faltaba un examen final... y esta vez, estaba preparada, era una más de la serie de humanos y cualquier cosa que me preguntaran, tendría una respuesta lógica.

Empezaron con matemática:

- ¿Cuántos árboles hay en mi quinta, si 2/5 son ciruelos, la mitad del resto, limones y 6 naranjos?

Pensé y pensé, pero reflexioné: “Si ser yo misma es pecado, voy a ir feliz al infierno” y conteste que muchos, si lo único que importa es la naturaleza.

Siguieron preguntándome cuál era la fuerza más importante del mundo, y para mí es el AMOR.

Trataron de ayudarme con una pregunta fácil: - ¿Cuáles son las 7 maravillas del mundo? –

Y respondí que eran: “Despertarse, estar vivo, agradecer, soñar, reír, llorar y amar.”

Y, finalmente, me interrogaron acerca de cuál es la gracia de ser humano. Y yo les dije, que el mayor regalo que nos dio Dios, es que somos todos diferentes, aunque algunas personas como ellas y la mayoría de la gente, no se dá cuenta... y juzgan a personas como yo...

Y sí, reprobé, prefiero seguir dormida en mi mundo, y no abrir los ojos y encontrarme con la pesadilla que es “nuestro” planeta.

Al final, volví con mi muñeca Pepita, ya que mi amiga se sintió superior y no pudo tener una amiga retrasada.

Así es, nunca aprobé el curso para convertirme en “Ser Humano”.

© Ana Belén Margherit