|

Noche
prometedora
La noche en que te enojaste y me diste un cachetazo y sacaste la valija del armario para que yo insultara y revoleara ropa, cajones y una silla que fue a dar a la ventana. Esa noche de vidrios rotos en que al final lloramos y nos abrazamos, esa precisa noche supe que teníamos todas las condiciones para convertirnos en Familia.

El tiempo que matamos
Fue un verano dulce y extraño. Juraste que no ibas abusar del sol, ni permitir que él abusara de vos. Tampoco deseabas rodar por el centro o girar aturdida en la disco. Resolviste: “no quiero estar obligada a nada, ni
siquiera a disfrutar”.
Por las tardes te escondías de la playa debajo de una
siesta. Yo, desde el balcón, estudiaba el mar y dejaba a mis
oídos endulzados suicidarse con un walkman.
Jugábamos al parazzi: sacábamos fotos del amanecer como si fuera una
estrella, y volvíamos corriendo a escondernos entre sábanas.
Sólo bajábamos a la costa cuando el viento de la tarde
arrastraba la luz hacia los rincones. Caminábamos descalzos. Las olas fundían nuestras
huellas. Vos perseguías un muelle donde de chica viste posarse
un arco iris. Yo, buscaba una lona cualquiera para cubrirme de estos futuros recuerdos.

Monday Bloody Monday
Los meses son cartones llenos de números que no cantan bingo. Los días vienen vagos y se quedan y viven de mí.
En los calendarios ya no queda espacio para canciones ni domingos. Los lunes empujan, silencian dibujan señales en mi cuerpo. Ríen. Se burlan. Festejan. Juegan al gallito ciego. Dicen adivina adivinador y me gritan al oído cuando pretendo soñar.
|