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¿Qué se oculta detrás de tus silencios?
¿Por qué sombras solo hay en tu morada?
¿No hay acaso en ti, ese sosiego
al que todos los mortales aspiramos?
A través de toda mi existencia
A la Muerte, yo siempre preguntaba
Quería compartir de sus arcanos
Ansiaba develar el Gran Secreto
Más, la Muerte, altiva y desdeñosa
Con un gesto burlón y de desprecio
Mis sutiles y quiméricas preguntas
Impasible y ausente soslayaba
Cuando quiso el Destino inexorable
Marcar el final de mi jornada
Truncose mi camino, mis cielos se nublaron
Mí luz se disipó, secaronse mis mares
La Muerte que en silencio, paciente me esperaba
Me dijo dulcemente, ¡Ahora ya lo sabes!
Voy llevando a mis espaldas
un ataúd abierto
presto a recibir penas
lagrimas, tal vez, un muerto
Está hecho de pino basto
armado con enmohecidos clavos
un pedazo de lona al fondo
y con un burdo carbón
pintada una cruz de adorno
y un trozo de oración
al fatigarme el caminar
descanso y a mi lado
el ataúd me invita
en su interior a reposar
Eternos compañeros de camino
iremos transitando en la penumbra
esperando que plúguele al destino
dejarnos descansar en una tumba
¿De donde venías? Tu ruta, ¿Cuál era?
¿Qué rumbo seguías? ¿ Cual era tu meta?
Crucé por tu vía, trunqué tu camino
Cambié tu destino. Tus ojos radiantes
Hablaban de tierras, de mares distantes
No había en tu mirada ni espinas ni abrojos
Te tuve en mis brazos, probé de tus labios
Brillaba en mi cielo el fulgor de tus ojos
Pasado algún tiempo te fuiste apagando
Como una llamita que un niño encendiera
Los años llenaron de sombras, de abrojos
El limpio destello que había en tus ojos
¿De donde venías? ¿Qué ruta llevabas?
Mi infamia y el tiempo, ¡Quebraron! tus alas!
© Anselmo González Madrigal