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Un mundo parpadeante se sumerge en mis adentros.
Alguien me presiona hacia otro mundo
donde hierve mi sangre.
Mi piel se perfora,
se parte en dos;
escapan los demonios internos.
El placer es un viaje al cielo.
Mis ojos cansados de no ver el mundo,
mis oídos ardiendo por no escuchar.
Arde todo mi cuerpo.
Escupo dolores,
inhalo paz.
Pasa el tiempo,
suspendido de monotonía.
Las sombras disfrazan almas,
las luces huyen mientras
los sonidos me abandonan.
Mi cuerpo tiene sed.
Arde,
arde sin ti.
Tambalea, se vuelve débil.
Llora sin llorar.
Ríe sin reír.
Junto a mí florea un instante.
El espejismo crece hasta el delirio,
inventa la eternidad.
Mi pensamiento es un velo
que se tiende sobre oasis.
Largo olvido despoblado de memoria.
El sol rueda sin tregua.
Abraza aromas,
calcina al más allá.
El viento hierve,
lleva tu sangre;
te confunde.
Nadie detrás de mis sueños.
en la estepa de mi imaginación.
Espigó mi cuerpo ayer.
No lo noté.
Sólo recuerdo esquirlas de cielo que ultrajaron mi piel.
(Vaga memoria)
No siento frío, ni calor, rara sensación de no sentir.
Me he ido con la fetidez del desamor intacto que abandoné junto a ti;
de aquel del que no queda mas que rescoldo.
Me he ido para merodear rincones inexplorados;
en necesidad de hablar con esta nueva transeúntidad en mi alma...
a pesar de mi nombre y una lengua vernácula; que nadie entenderá.
¿Para que hablar entonces?
Me he vuelto un mundo en mundos inexistentes.
Incluso respirar es diferente.
Todo ha cambiado, menos el fétido olor de tu desamor.
Quiero morir en sosiego.
Mi cuerpo trémulo está fatigado.
Quiero besar tus labios y caer.
Caer en la belleza de la continuidad.
Porque esta noche es corta,
y te irás con el día que no tiene piedad.
Vendrá la mañana y después ¿qué?
Porque después del después,
ya no hay nada...
Mas que el recuerdo.
© Naieli Macias Santibánez