Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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La melancolía del recuerdo

Qué melancólica noche...

La ausencia de blátido retumba en mi vacío.
Su seudónimo circunda mi cabeza.
Intento hablarle con mi silencio

Me duele la noche.
Este final de día.
11:50 y estoy despierta como el amanecer.

Sólo con un niño mariposa mirándome la espalda.
Con una cama vacía de mí.

Esta noche en todo habita la soledad.

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Después de las 10:50

Siempre existe esa hora de la noche,
Que hace que me levante y escriba de la soledad.

Siempre existe esa cama que de nuevo sin mi,
me hace ver mi vida representada.

¡Siempre, siempre...!

Siempre esa imagen de él, escala mis piernas hasta llegar a donde siempre llega,
para hacerme reír o llorar.
Para que volteé a mi espalda y averigüe si aun tengo esos ojos del niño que
salió del zapato vuelto mariposa.
Para ver que desde haya él también está solo.

Siempre existe esa hora que cambia de lugar pero nunca se aleja.
Esa que me levanta aunque ya haya visto mis sueños.
¡Esa que me tumba al suelo mirando la luna y compadeciendo mi corazón que
desde distancias oceánicas no puede besar a su amado!

Esa hora que aunque ya entrada la noche hace saberme despierta.

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En la invisibilidad

En la amargura del olvido,
bajo la soledad de la compañía,
con los ojos abiertos a la negrura del sol,
me quiero perder en mi misma,
por que ya no puedo conmigo, ni con el recuerdo de lo que una vez fui.

¡No me gusta volverme líquida por miedo a la evaporación!

Los oídos me aturden por los susurros de aquellos (ustedes) que me ven y
que me intentan levantar cuando nadie lo había intentado...
por que nadie nunca me había observado en mi invisibilidad.

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Llora y escribe mucho esta noche

Hoy es un buen día para la melancolía
(¡Hoy no! ¡Hoy no!)
después de tantas verdades, tanta muerte, tanto olvido...
Hoy, después de que hice el amor complejo y sencillo, tengo que llorar.
(Llora entonces, ¡escribe mucho esta noche!)

Pero es que hace meses que no escribo, noches en vela sin llorar;
noches enteras en las que mi alma me gritaba, no podía seguir encapsulada.
...ahora, que quiero salir de mí, mi alma domada no quiere perder el frío.

¡No tengo ya nada por dentro!
Ni memorias, ni recuerdos...
...no tengo el calor de mi lujuria, ni la poca cordura que me quita ése...
Sí, ¡él!

Él que viene como se va,
que habla de la muerte como el principio de la vida...
...nacer para morir...
(incluso no nacer, quedarnos en la nada del todo)

¿En la nada del todo? O es nada o lo es todo...
(es una metáfora que se aprende con el tiempo)
¿Con el tiempo? Tiempo es lo que no tengo... no me basta el día,
¡Cómo no me bastará esta vida! 

No, no es un buen día para la melancolía,
no es un buen día para extrañar al que se ACABA de ir,
ya no tiene sentido el llorar por la ausencia,
ya no me causa dolor la soledad,
la melancolía. ¡Dios!... ¡la melancolía!... ¿hoy para qué?

Ya no quiero perder la cordura; ni quiero querer encerrarme en mi,
hay todo un mundo dentro de mí, y todo un universo afuera,
que atemorizante es la grandeza.

Quiero poder cerrar los ojos y ya no abrirlos, o quizá abrirlos para nunca
cerrarlos, no sé si vivo o sueño, no sé si parpadear o acobijarme...

Y de nuevo él, que tan quitado de problemas, que escribe, que sabe, que dice, que piensa, que coge, que duerme, que vuelve y se va, me da duro en el alma con todo lo que hace, mientras yo... mientras yo...
(Odio esta casa como odio todo el tiempo que estoy dentro de ella)

No entiendo por que hay tantas capas dentro de esta vida que se supone mía.
¿Por qué hay tanto que atravesar para ser libre?

Ya estoy llorando, absorbiendo aire y dejando ir lo que estaba cautivo.
Quería llorar, y en efecto lo logré, y aun pensando en él...
¡¡¡Te dije que quería llorar!!!
(Llora entonces, y escribe mucho esta noche, te hablo mañana, cuídate, ¡bye!)

© Naieli Macias Santibánez