Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


Volver al Listado de autores
Lamento del hijificado

Por quererte no te dije, papá,
que necesité, con todas las fuerzas de mis terquedades,
a veces no quererte, aún no quererte del todo.

Investigué desde mi ser si odiarte me daría
más amor y la noción de no necesitarte.

Yo quise ser ajeno de tal modo
que, aún muerto, me dueles porque te quiero
y me siento algo tuyo, como te siento mío.

No parecerme a tí, no deberte tanto, sí,
alguna vez fue mi propósito.

No sé por qué si fuíste tan predeciblemente bueno
(y mi amor se torcía como una vara al viento);
te copié mucho más que los genes:
¡ah viejo amado: sendero, guía!
eres parte suficiente de mi comportamiento diseñado.

¿Pero -acaso- no soy futuro, búsqueda, pasión,
sed de esencias propias, hambre de mis propias pisadas?
Por eso quise que me quisieras como a dios
que alguna vez amaste, sin compromiso.

Sea lo que sea el amor, a él lo invocaste
sin que haya hecho por tí un bledo,
excepto llenarte la boca de ironías parecidas a rezos
y aferrarte a su nombre, vecino de la muerte.

Con toda la familiaridad con que se piensa amar, te amé,
pero me habría gustado que nada te atara, por costumbre,
a este querer, a veces hostil, de tu amparo.

¿Qué tal haberte visto como a otro hombre
que tuvo sus batallas, sus caprichos secretos?

¿Habrías querido tú ser más libre para dejarme solo
y echar en tu camino otras satisfacciones
que yo estorbé y que, sin mí, habrías cumplido?

Precisamente, por quererte, me imaginé
que todo lo supe sobre tí y no fue cierto.

Que tenías secretos (y sí los tenías).

Que conocí sobre tu generosidad sin límites
y sobre toda angostura, tu orgullo, tu energía,
con tantas alternancias de incertidumbre
y soledad y cansancios...

¡Por eso, me faltas irremediablemente!
Te fuíste de mis manos y mis expectativas
Te ocultaste hasta darme el vacío
del intransferible conocimiento de tu vida

¡Y ya estás muerto, caramba,
para que no sepamos más uno del otro
y seas tiniebla y olvido lento y noción de sepulcro!

No sé qué hacer para desenterrarte:
si deseo que existas como curioso estímulo
en hombres de ajena talla y encanto;
no me conformo con este pobre amor,
tierno, ignorante, que sabe que me amaste
tanto como predeciblemente te quise...


© Carlos López Dzur