Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Letanías y Salmo Funeral por Osama bin Laden

1. Invocación

Te invoco, ley judía.
Que no se casen mis hijos con extraños.
Que se vaya la esclava Agar y se lleve consigo
el fruto de la mala simiente.
Que los ismaelíes sean para los desiertos
como la piel de hollín y el polvo que levanta el camasin
y quede conmigo la princesa Sara e Isaac,
detenida el hacha del Moriah
sobre el monte del perdón y mi progenitura.
Que venzamos como Atenas sobre Esparta.
Que capturemos a Bizancio.
Que sobre Tebas lluevan los huesos
de los ricos de barbas, impíos
de rudas túnicas y futuros turbantes.
Que Pelópidas mate a los tiranos.

Te invoco, Guerra Santa.
Que mueran los fenicios
en manos de los macedonios.
Que Hannibal ante portas! venza a los sirios.
Que muera Tiberio y todos los Gracos.
Que los cimbros mutilen a Roma
y los godos se apacienten en la Baja Vístula.
Te lo ruego, Biblia en mano y rifle bajo las axilas,
porque Civis Romanus non sum!
¡Viva América! y necesario es
que se vayan los hunos a la porra
para que queden otros, más puros
que los vándalos, y los árabes todos
al carajo y que sean menos gratos
que los israelíes que masacraron palestinos
en Sabra y Chatilla, ¡ay, son como serbios
estos cuicos de barbas de chivo
y del Shalom non grato...
Te invoco, Dios de los ejércitos,
que a mi lado queden y me sigan
y crean a pie juntillas el Sueño Americano,
los crédulos de mi espada y mi misericordia.

Cachondas sean mis hijas como las corintias:
yo las llevaré al cine y a los noticiarios
y no tendrán sus caras cubiertas con velos;
les daré trabajo en las alcaldías
y en los supermercados, serán mis secretarias
y mis concubinas, pero que tengan
sus portadas en Playboy y, ¿por que no?
sus estrellatos, su dinero y sus mugres,
perfumes de mujer y pantaletas y coche,
un mundo franco con tarjetas de crédito...
y los adoradores de baales en los montes,
que ni toquen a ninguna, lo demando,
porque iremos por ellas en guerra
contra el terrorismo y los masivos ultrajes
y de los celosos talibanes fornicarios
haré piras, vengando cada escarnio.

2. Imploraciones

¡Sálvanos de los que lloran sin llorar!
yo soy América, la que no sabe a dónde ir
sin un cuchillo clavado en las espaldas.
¡La pobre América que llora por las víctimas
y por las truncas vidas del avión
y el otro avión y el costón
en los ríos y el malecón de los llantos!
Un agujero veo y mi cabeza meto
en lo profundo, mi corazón sentimental
es un chincual, un laberinto inmenso,
y la frase diseñada y la frívola réplica
de mi dolor está regimentada.
Con los rezos vacíos, el consuelo
se escapa y una gangrena come mi virtud
y una verdad que por dialéctica es vencida
en los pasos que doy, ya me persigue.
En la sombra que veo ya tengo miedo.
En las gentes que asesino, o atropello,
por este miedo inútil y descabellado
que galopa xenofobia y golpe bajo,
me desangro, me muero.

Me has herido, terror de septiembre.
¿Qué has hecho que has marcado
 mi corazón para siempre?
Ya mis ilusiones están alicaídas,
ya mis sueños no vuelan como antes
ni tan alto ni tan libre ni tan santo.
Ya no me atrevo mirar al extranjero
ni invocar sus nombres en los templos.

3. Precauciones

Los vendavales azotan la ingenuidad convocada,
¡y qué olor a muertos con la lluvia
se estercola, qué sucia fantasmagoría
se inventan las pupilas con su mirada que llora!
¡Ay, demonios en lo triste me han televisado!
Las banderas son como relámpagos
sobre el adormecido paraíso de mis gentes.
Afloró ya la voz del Uno y todos somos Uno.
Y con el himno, unos y unos con la patria
y por la ayuda y la Cruz Roja, unos.
Y unos con las dádivas y las flores y las fotos.
Uno, generosamente colectivo, para aplaudir
al héroe, al bravo juntacadáveres,
al sacerdote que unciona como mago
las últimas memorias de la carne y su desastre.
El bombero que apaga el fuego es héroe,
el que va sobre un tractor y remueve
los escombros uno es y como el otro
que está muerto, uno.
Y uno, entre los que desesperan
sin que merezca un homenaje
en el valor de la muerte ajena, ve su espejo
y solidaridad y emulación, porque la guerra
es heroísmo y uno es guerra y dolor.
Uno es héroe en la tirria y pájaro muerto
en el atestiguamiento, porque mucho ayuda
el que no estorba y se retira
y uno es héroe si acude a algún llamado.
Por de pronto, el área será acordonada.
Vayan a sus casas, hijos de Nimrod
y péguense a la tele, escampad
que el huracán es duro y duele.
Recuerden estas horas, sus imágenes y llamas,
odien a esos aviones que por conspiración
de los turbantes sarracenos
se han convertido en balas y han herido
al nervio blando y las mollejas
de esta Tierra Santa, nueva Sión,
Jerusalén de Occidente, América.

Dejen que los héroes hagan su trabajo
y que el Presidente a solas se conmueva
y que el FBI, la CIA tomen notas y pregunten
y husméen, arrestando a los hombres de bigotes
y ojos negros, a los cholos que parecen árabes,
a los árabes que parecen cholos.
Tengan paciencia, gemid y velad,
que los amigos de Europa, mis aliados,
arman nuestra venganza y nos auxiliarán,
porque superávit queda aún en el erario
y la reforma tributaria que propuse
les envió sus rembolsos y vencimos a Gore
y estamos unidos y unidos estamos.
Sean obedientes, hijitos míos,
que en su favor inventaremos
los comportamientos diseñados y postreros,
su manera de llegar al aeropuerto,
caminar en las calles y visitar los santuarios.
Estas fronteras serán las más seguras del globo
y todo sea por el bien y la seguridad y el amor
que nos tenemos, uno por uno en Uno,
y siempre ha sido así, no desesperen.
Esperad en casa,
cosechad y ved la muerte
pasarse al otro lado.

4. Rituales del luto

Los que quieran llorar, vengan aquí.
Esta es la calle y el espacio del lamento.
Aquí hay vigilia, al fondo una bandera
más grande que la muerte y menos frágil.
Traigan sus propias velas y enciéndalas
y canten por América del Norte
y recen por el Presidente y vayan
y tomen un lugar para la foto.

Bajo las sombrillas del luto y de la pose
y de las lágrimas públicas
captadas por las lentes,
se conjunta la sublime tristeza y su elegía,
la muerte y el misterio, y cabalgan.
La entrevista sucinta de los noticiarios
quiere un rostro novelero, compungido,
que hable sobre las fosas y las viudas,
los niños asustados y el futuro;
el presidente es el actor de una lujuria de poder
y de palabras que tendrá que exorcizar
la Tragedia de Septiembre y sacar la estámina
del hervor de huracán con que se destroza
la gran mercadería, las Torres de la gloria financiera,
los Portales del Imperio armado y del pentagonismo
y, tristemente, las vidas anónimas
que todo lo creyeron
intocable, indestructible, permanente
y se ha ido, con extraña gloria, para siempre...

5. Las cruzadas

Estas bocas y sus dientes de rabia,
los ojos que no saben lo que buscan
y no pueden hacer más sobre lo acontecido
sino querer venganza,
a falta de luz y explicaciones,
¡no pueden ser inocentes!
yo me siento mercenaria y voy a las Cruzadas,
¡ay, protege estos misiles y balas
que voy a echar sobre el suelo afgano,
Inocencio III, si eres santo, protege la cruz roja
de mi pecho y mis portaviones y mis lanzallamas!
No te olvides de mí, Papa,
que voy por Constantinopla,
igual que fui por Zara y húngaros y golfos persas.
No me retires los dones caballeros
que voy por Saladino, a Ciudad Santa,
y quiero libre acceso a tu corazón de león,
mi buen Ricardo, ay, Federico II,
por el trono de Jerusalén, también
con mi Dios canto! y, sin embargo,
me objetan, me preguntan,
¿por qué todo lo has dado al señor,
al rey y al papa? ¿por qué no has defendido
las causas más justas del Oriente?
¡No sé, mi corazón ha dependido del petróleo
lo mismo que este llanto y esta muerte
que me revuelca dentro el Sueño Americano!
Siento lástima por Bush y Gore y por los muertos
y asco y dolor, en algún entresijo íntimo y profundo.
Es tal vez un niño jugando a los vaqueros.
Un pastorcillo de la conjuración,
¡ay, pero como yo siente mis ayes!
¡Ay, Esteban de Cloyés, que vives
en el vientre de Jonás y la ballena,
no cruces a los niños a pie sobre la mar,
no vendas el destino a piratas de Egipto!
Te los encomiendo, Padre de la Patria.
Santo Lincoln, como héroes en el Uno
mis soldados, y sácanos a salvo del ántrax
y la guerra biológica, Señora Libertad,
si sirves para algo...
No seas John Wayne y Rambo
y el Karate Kid, Bush, y recuerda a Gadafi
y a Saddam y Khomeini, lo mismo que los mullah...
¡ay Nicolás de Colonia, si tus 20,000 niños,
se hubiesen quedado en sus escuelas
o aquí en la casa y los parques y talleres,
seguro que no se habrían ahogado,
ay, no prediques fuego fatuo
en el Jordán ni mares de basalto
por transmutación; héroes o no,
les he amado!

© Carlos López Dzur