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¿Qué hiciste de tu vida estos últimos años?
Nada importante, consumí pasión, ruido risas falsas buscando calmar mi necesidad de amor, pero no lo logré, seguí vacío... ¡Qué gran tragedia!
¿Y eso cambió?
Vaya si cambió, conocí a la mujer que con su sola presencia le dio sentido a mi vida. Es como si hubiera estado enamorado de ella desde siempre... Si parezco un chiquilín. La amo con inconciencia, con angustia, con risas verdaderas con celos, con todo... La amo sin que me importe el mañana, ni la edad, ni el que dirán, ni todas esas cosas tontas que generalmente alejan en lugar de unir.
Cuéntanos ¿Cómo se llama? ¿Cuándo la conociste? ¿Dónde la conociste? Para que revelarles eso, basta con que sepan que la siento mía, como son míos mis pensamientos, como es mía mi historia, como fue mía mi angustia mientras la buscaba. Y ahora que la encontré voy hacer lo posible para no perderla. La encerraré en una torre muy alta, con rejas, con cerraduras inviolables, con fosas, con caminos redondos... O mejor, la amaré tanto y de tal manera que aún teniendo la posibilidad de irse, no lo quiera hacer.
Pero y ella ¿También te quiere?
¡Haré que me quiera! Transformaré mis angustias, que no son pocas mis frustraciones y desengaños, que no son pocos, en verdadero amor que solo su boca podrá paladear... Y ¿En cuanto tiempo lo piensas lograr? Dependerá de mis errores, dependerá de mi insistencia, dependerá de la insistencia con que lo haga. Quizás me lleve toda la vida... o más. Pero de algo estoy seguro, esta noche voy a comenzar.
Carola oye el sonido de una armónica en la casa, suena queda, como amortiguada pero no distante. Muy intrigada quiere saber de donde proviene. Luego de recorrer la planta baja sube al altillo, al abrir la puerta encuentra a su marido sentado sobre un canasto de mimbre tocando el instrumento iluminado por un haz de luz que entra por la ventanita del respiradero. Al verla, Marcos le sonríe y la invita a sentarse a su lado.
- ¿Y esto? Pregunta Carola señalando la armónica.
- Buscaba otra cosa y me topé con ella. Quise saber si todavía era capaz de interpretar un tema que tiene su historia, para mi encierra un sentimiento de deuda hacia mi mismo.
- ¡Una historia! Me encantaría escucharla.
Marcos, en aparente ordenar de sus recuerdos se queda callado por unos instantes, finalmente comienza.
- Cuando tenía unos quince o dieciséis años tomé clases de armónica, en esa época estaba de moda el blues y la armónica era el instrumento imprescindible. Una tarde, mientras practicaba, oí un piano; la que tocaba era una chica de una torre vecina, un piso más abajo que el mío, nunca la conocí, desde mi ventana solo podía ver sus brazos o su espalda. Se ve que ese día estaba componiendo un tema, tocaba una estrofa, agregaba notas, las eliminaba, las cambiaba de lugar, repetía todo. Cuando parecía que lo dio por terminado, después de varios días de trabajo lo interpretó primero en guitarra y luego en piano. De tanto escucharlo me pareció que yo lo había aprendido y se me ocurrió acompañarla. Le debe haber molestado mucho como lo hice o habrá creído que le estaba haciendo burla; la cuestión fue que hizo barullo con el piano y bajo bruscamente la cortina de la ventana de su departamento, quizás como una muestra de su enojo.
La familia que vivía en ese departamento viajaba con mucha frecuencia. Aproveché una de esas ausencias para mejorar mi forma de tocar y aprender a interpretar bien ese tema. Una tarde, mientras practicaba con mi armónica oí un piano ejecutar los primeros acordes de el tema en cuestión. Estaba seguro que era ella, parecía estar invitándome a que la acompañe, me pareció que buscaba comunicarse conmigo. No respondí, no se si fue por timidez o porque temí otra reacción destemplada, me vino rápidamente a la memoria el incidente anterior. Volvió a hacerlo y esperó para seguir, luego de la tercera invitación sentí que no me podía rehusar y me largué. El resultado, por lo menos para mi fue maravilloso los ojos de Marcos quedaron fijos en un punto elegido al azar, porque su mente seguía navegando en el pasado, continuó contando.
Pareció como si cada uno de nosotros hubiera ensayado para ese momento, reconozco que los conocimientos musicales de ella, muy superiores a los míos hicieron la mayor parte, pero aporté una cuota especial de ritmo y variaciones, logré darle un estilo particular, la cuestión es que salió un concierto imprevisto. Cuando escuché aplausos y pedidos de bis de algunos departamentos, tomé conciencia de lo que habíamos hecho y me emocioné.
Oí que ella gritó ¡Que se asome el de la armónica! Nuevamente me vino a la memoria esa tarde en que ella me despreció y a pesar de la timidez intenté levantar la cortina de mi ventana pero se cortó la cinta y lo único que salió fue un golpe de cortina similar al que ella hizo esa tarde. Su ventana estuvo cerrada por largo tiempo; muchas tardes toqué con la esperanza de recibir respuesta que lamentablemente no llegó.
Al abrirse nuevamente esa ventana, eran otras personas las que ocupaban ese departamento. Ese día me di cuenta que había perdido la oportunidad de conocer a esa chica, me arrepentí tanto por haber dejado que el hecho de haberse cortado la cinta de la cortina haya marcado mi vida de alguna manera, fue tanta la bronca me dio mi actitud que desde ese día deje de tocar la armónica... hasta hoy.
-¿Lograste saber algo de ella?
- No, desapareció de mi vida,... si bien la tuve en mi mente por mucho tiempo.
- ¿Por qué si ni siquiera la conociste?
- Es difícil de definir, pero desde aquel momento tuve la sensación de haberme subido al tren la vida pero dejando algo sin terminar, me quedó eso que llaman "una materia pendiente".
- ¿Te gustaría encontrarla?
- Si, creo que si.
- ¿Si la encontraras que le dirías?
- Le pediría disculpas, le contaría todo lo que te conté a vos para que entienda aquella actitud...
- La vida te regaló esa oportunidad, podes disculparte, esa chica está a tu lado.
Marcos la mira extrañado.
- No te entiendo.
- Yo soy esa chica.
Marcos la mira a los ojos, su mirada está cargada de sorpresa y desconfianza; se queda callado, parece esperar que su mujer le diga << No, es mentira>>. Pero ella no lo dice lo mira con una sonrisa.
- ¡Si, aunque no lo creas soy yo!- Dicho esto sus ojos se humedecen por la emoción.
- No puede ser- Dice Marcos reaccionando- con los años que nos conocemos ¿Ninguno de nosotros sabia esto?... ¿O vos si lo sabias?
- No, te juro que no. Marcos la mira desconfiando- ¡Te lo juro Marcos!
Marcos agarra las manos de su mujer y con una sonrisa picara le dice:
- Haber contame tu parte de la historia.
- Esa tarde, después de haber cerrado la cortina de esa manera me di cuenta que había estado mal, me arrepentí y volví a tocar, estaba pidiendo perdón, pero no tuve respuesta. Al otro día viajábamos para terminar con todo lo referente a nuestra mudanza, fue cuando nos fuimos a vivir a Córdoba ¿Te acordás? Cuando volvimos hicimos una fiestita de despedida, principalmente vinieron los chicos y chicas del conservatorio y algunos vecinos. Yo tenía muchas ganas de conocerte, sabía que eras un muchacho por la forma en que tocabas y los temas. Durante la fiesta oí la armónica, en verdad yo no tenía muy claro en que piso vivías, dejé todo y corrí a comunicarme con el de la armónica, o sea con vos. Tocaste muy bien, cuando te pedí que te asomaras y recibir un golpe de cortina, me dio mucha bronca... tanta bronca que quise borrar ese incidente de mi vida, por eso yo tampoco la volví a tocar esa canción... Hoy cuando escuché una armónica interpretando mi olvidado tema sentí una gran emoción... me pareció volver a esa tarde ¡No lo podía creer! ¡ Que hermosa y mágica sorpresa nos deparó el destino!
En un concierto intimo de guitarra, piano y armónica; entre lágrimas y besos, la luz de la luna se filtra la luz de la luna por la venta entreabierta.
© Anatolio Kosluk