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 Exigencias
21
Nos
han enseñado el
detalle de aguantar la risa -o
el suspiro- cuando
alguien habla de amor eterno.
Nos
han dicho los que saben que
llevemos siempre el celular y
que nos alineemos a los mensajes de la angustia: el
fin ya viene, la gente está depravada, des-creer de todo, la
crisis, la crisis, la crisis, etc.
Nos
reclaman que pertenezcamos a un bando que
nos definamos y nos identifiquemos. Lo
mismo decimos nosotros: ¿Qué?
Piden
que hablemos, que critiquemos ¡mire
que el silencio es terrible! piden
nuestras lecturas acumuladas, las
marcas, las cuentas, ¡algo!
Hablamos
de mejorar la distancia… con nosotros mismos, la
disciplina de la queja. Hay
que repetir el rito que no nos dice un carajo, que
seamos una costumbre
¿qué?,
sí, ¿qué?
Es
decir, nos piden tan solo que no seamos tan diferentes y
que no veamos las cosas tan fáciles, pues
como dicen vamos
a caer muy mal, pesados.
 Fiestas
privadas
Imagínese mi
hermano dándole al control remoto pasando
los canales sin cesar hace una hora, mi
hermana preocupada solo por las calificaciones y
porque no hay conexión a Internet, mi
tía agonizando con el noticiero del mediodía, mi
madre inquieta porque paso mucho tiempo sentado y
encerrado en la habitación haciendo quien sabe qué, mi
padre nervioso con mi futuro y con el futuro en general, el
vecino preguntándome insistentemente
por
qué llevo siempre la misma ropa
Imagínese yo
bailando en la habitación con
el poema que otro me regalaba, pero
al salir no pude compartirlo, estaban
todos ocupados.
 Virginia
está
afanada en mostrar sus sentimientos pero
sin escuchar a los demás
dice
que su soledad nadie la ha escrito y
que su tristeza es más que su sombra cultiva
un yo que parece más una respuesta insuficiente
(decir
ya lo leí no es la meta que
convenimos hace años)
su
héroe es un drogadicto suicida dice
que es diferente dice
que es libre
las
interrupciones que aparecen cuando escribe –dice- son
las que pudren la belleza (esta
última palabra que hoy da pena nombrar)
por
eso pide comprensión cuando
estamos a solas y no pasa nada
controla
su hastío con pastillas de Internet hasta
que la noche cae y la aplasta con
tanta sinceridad
luego
en la calle finge esperar a alguien
por
ello uno se enamora porque
nos parecemos porque
ella también es una mentirosa
Información
aportada por el autor: Jairo
J. Rojas R. (1980) Mérida, Venezuela. Estudiante de Historia del
Arte en la Universidad de Los Andes. Tiene en su haber dos poemarios
inéditos: Nosotros en la historia de ellos e Historias encontradas
en la botella. Participante del taller de creación literaria
dirigido por Maria Isabel Novillo y Betulio Bravo en el año 2004,
organizador del Cine-Foro: pensamiento audiovisual. Actualmente se
desempeña como Asistente en biblioteca en el Centro de documentación
en Ciencias Penales y Criminológicas “Juan Esteban Amorer Reyes”.
U.L.A.
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