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Con un pujo y un quejido
nació mi verso desnudo.
Lo engendré con vestigios
de sueños inconclusos.
Lo parí con el amor
con que se alumbra un hijo.
Y lo dejé volar
con la libertad inocente de un niño.
Con lucidez de moribundo
y nada de malicia
revuelvo en mi lástima
buscando
ternuras desolladas.
Cavo una fosa de tiempo
para enterrar
el cadáver de mi nostalgia.
Me abrigo con un saco de lunas
y salgo a columpiarme en sueños
que dejé sin mortajas.
cáncer
-dijeron-
me muero
-dije-
Dios dijo
sigue
© Alicia Inchauspe