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Cuando
amanece, es cuando bajan
los astronautas de otros mundos,
o cuando ruedan
las víctimas en fila
ordenadas a un abismo desconocido.
El día gira sobre sus engranajes
gastados,
es cuando emergen los seres necesitados
de luz a una claridad
que los fulmina,
la claridad derrite de tristeza la mente.
Cuando la superficie es todo física,
queremos
vivir un mundo de sueños.
Vivimos el efecto narcótico de la
noche
el aire al consumirlo endurece la piel,
allí en las profundidades
no se ve el cielo,
y los cuerpos procesionan en silencio
amanece, la muerte lenta y dolorosa
manos de otros tiempos me desnudan
a la luz de una claridad que fulmina,
de
irremediable ceguera mis ojos.
Palabras separan con brusquedad
emociones;
los labios, del aliento,
mis ansías imposibles de amanecer.
La hosquedad nos hizo este viaje,
pasajeros
blancos de silencio,
células a merced del viento.
Ese largo beso del adiós, donde
somos
sangre de una ruta que
lleva nuestros labios heridos.
©
Iván Hirschhom
Autor del libro Tiempos Descalzos