Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Belleza

Cruzo la calle, indiferente a los autos, al peligro. Tenia por delante el piso deformado de la plaza. Buenos Aires es hermosa. Me imaginé a mi mismo efectuando los pasos que iba a realizar. Desde el seno de mi ser, sentí el viento moviendo mi pelo, forzándolo a la izquierda, junto a mi cabeza. El pasto verde apareció ante mi, luego mi mirada iba a posarse a una pareja que se besuqueaba. Con harto frecuente de tal imagen, iría al centro de la plaza donde la vista se contentaría con la estatua que rellena el vació.

Los pasos del ser, se transformaron en acción real.

Me mantuve indiferente ante las baldosas que en penosas condiciones provocaban que mis pies se inclinaran de un lado a otro arrastrando con este movimiento al resto de mi cuerpo. Viento helado, se hace responsable de la ruptura del frío habitual. Mi cuello gira, arrastrando a mi cabeza. El pasto, la pareja, molestia y la estatua.

Mi mirada fue arrastrada al pasto. En este se encontraba la espontaneidad pura, la belleza pura. Quince palomas, allí. Apenas caminaban, y lo hacían con la gracia habitual de las palomas. No emitían ningún sonido. No picoteaban el suelo en busca de alimento. No tenían motivo de estar ahí, ni ningún deseo que las motivara. Su existencia no tenia razón.

Las palomas y yo éramos similares, existíamos sin motivo, pero por este instante ambas existencias se vieron como belleza de espontaneidad.

Un niño entro en el cuadro, corriendo. Las palomas huyeron. El instante había muerto. La angustia me inundaba, quería conservar al instante como eterno. Pero solo había quedado en la memoria, degradado a un conjunto de símbolos, cuyo significado nunca igualarían aquel instante. Entonces la belleza fue solo una palabra.

© Federico Javier Gorga