Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


Volver al Listado de autores
Memoria

En los hoteles fui guardando mi niñez
y ahora, que siento mis huesos como una molestia
entre la carne,
nada queda de los años en que no tenía obligaciones
y llenaba mis rodillas y brazos de raspones y moretones
en las largas tardes de potrero.
¿Se puede ser viejo sin recordar la niñez?
No se puede. Se sobrevive mientras se agotan
esas imágenes de cuando el cuerpo crecía
y el asombro no tenía límites,
pero cuando los recuerdos de la niñez se terminan
los minutos no se llenan
y la soledad se hace cada vez más grande
hasta que se termina muriendo de ataque al corazón
o consumido por el cáncer,
y eso es lo que dictaminan los médicos,
ignorantes de las causas verdaderas de muerte.

Volver al Listado de autores
No sé

Tuve amigos con los que éramos dioses,
pero los años
nos llevaron por distintos caminos.

Tuve mujeres a las que supliqué que creyeran
que yo era capaz de hacer cualquier cosa
con tal que no me dejaran,
pero terminaron diciendo adiós.

Como un gato con las uñas sacadas,
atesoré por años objetos que me resultaban imprescindibles:
algunos discos,
libros, una pipa,
los retratos enmarcados de Adhorno y Hendrix;
pero el tiempo llevó a que no les otorgue tanta importancia.

Hay noches que no puedo dormir
y siento haber perdido todas esas cosas.

Otras, aferro la certeza que mi futuro
depende en gran medida
de dejar de malgastar mi vida pensando en cosas del pasado.

No sé, a veces, si soy dueño
de un triunfo o de una derrota en secreto.

Volver al Listado de autores
I

Mientras en este pueblo
todos son cautivos del frío
y tiemblan en sus camas
produciendo sonidos extraños
como si tuvieran patitas de tero
y ocultos en sus cuerpos
relojes de todos los tamaños
y botellas de alcohol
mientras en este pueblo
no hay prostíbulos ni bandas
de música en los parques
en nuestra casa blanca
nos corren descalzos
el amor y el deseo.

Ermitaño

Aléjate del reloj,
Decía mi madre,
Y me obligaba
A tomar espesos platos de sopa.

Mi viejo era distinto.
Confiaba en las virtudes
Que escondían mis ojos
Y me mandaba a prenderle
Sus cigarrillos.

En mis hermanos
Nunca confié demasiado.
Sólo jugaba con ellos cada tanto
Algunas partidas de ajedrez.

Cuando crecí lo suficiente
Para decirles adiós
Recuerdo que nadie atinó
A detenerme.

Solemos vernos cada tanto
Para cruzarnos
Regalos baratos.

Las ropas
que visto

Las ropas que visto
Fueron compradas
A tipos que se encuentran
Próximos a morir.

Conscientes de su fin,
Obtuve de ellos
Buenos precios.

Sólo me arrepiento
De un gorro que no tuve
El cuidado de probármelo,
Y cuando llegué a casa
Descubrí que no entraba
En mi cabeza.

No sé porqué
Dejé pasar unos días
Y cuando traté de devolverlo
Ya era tarde.

El tipo se probaba
Su ataúd.

Volver al Listado de autores
Si te tengo desnuda

Si te tengo desnuda
veo cárceles abiertas
donde salen desventuras.

Si el día se vuelve gris
desnuda abres el sol
y lo dejas sin dormir.

Si un día dices "me iré"
te irás con la piel cubierta
yo habré cerrado la puerta
que guarda tu desnudez.

Mi amor es amor de piel
así nadie se equivoca
se ama lo que se ve
no lo que esconde la ropa.

Si te tengo desnuda
en los inviernos más crudos
las flores muertas perfuman.

Si te veo desnuda
no sólo veo tu cuerpo
sino lo que guardas dentro.

Si un día dices "me iré"
te irás con la piel cubierta
yo habré cerrado la puerta
que guarda tu desnudez.

Mi amor es amor de piel
así nadie se equivoca
se ama lo que se ve
no lo que esconde la ropa.

Volver al Listado de autores
Grilletes

 

Una señora pasa
con sus billetes
a comprar una casa
y unos grilletes.

Con la casa que compre
tendrá su abrigo
y con unos grilletes
tendrá marido.

Tendrá marido, sí
pa' que obedezca
y si se porta bien
algo de siesta.

Algo de siesta, sí
hijos e hijas
comida bien humeante
y el domingo misa.

Los domingos a misa
sin ropa vieja
y con unos billetes
para la iglesia.

Porque es la garantía
del casamiento
no se rompe el grillete
hasta estar muerto.

Si el marido se suelta
por fallecido
la señora lo llora
con los vecinos.

Con los vecinos, sí
y acongojada
y a lavar los pañuelos
por las lloradas.

Por las lloradas, sí
hasta que el tiempo
se acuerde del grillete
y olvide al muerto.

Olvide al muerto, sí
nuevo marido
a renovar la cama
y los vestidos.

© Claudio García