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La
inscripción caldea
Contemplaba el horizonte, paseándose por uno de los jardines
colgantes, mientras su mentor leía, reverente y suspicaz, el código de Amurabi.
Una sombra luminosa partió el cielo en dos y el desierto, todo oro,
resplandeció, estremeciéndose en silencio. El mentor advirtió que había una
clave indescifrable inscrita en las márgenes del segundo código. Parecía un
logaritmo, una inocua referencia al margen.
Corría el año 1603 antes de
Cristo y el Sultán Magnífico, Harum Al Rashid, no vislumbraba ni la naturaleza
del artefacto luminoso en el límpido cielo, ni la de la oscura inscripción
cuneiforme en las tablas de argamasa.
Sin embargo la ley, en el código
mismo, era muy clara: “Si alguien trae una acusación grave contra un hombre y no
puede probar los cargos que le imputa, el acusador deberá ser entregado a la
muerte.”
Según E-Kur, el memorable mentor asirio, el logaritmo marginal
sugería una clave geodésica tan perfectamente triangular, como el venerado
bumerán de Nemrod, en las ricas planicies de Ur. Era posible trazar, a pesar de
las enormes distancias, una línea de arena desde el remoto sur, desde el templo
sagrado de Harsag Kamala, hasta las ricas granjas de Kish en el norte, volviendo
y cerrando la línea cerca del Éufrates en los insondables pozos de alquitrán de
Dilbat. La anotación señala claramente que todo regresa al punto de partida.
El sultán magnífico contradijo al asirio. No se trataba de coordenadas
de lugar, sino de tiempo. Argumentó que la inscripción señalaba al fatídico
destino de los pueblos y que el hombre del código, no representaba a un hombre,
sino una nación. El bumerán sólo indicaba que tarde o temprano las acciones de
los hombres se vuelven inexorablemente contra sí mismos.
La discusión
fue interrumpida por el estruendo de una enorme explosión. La conflagración
sacudió el firmamento y estremeció los cimientos mismos de Babilonia. A poco,
los curiosos se amontonaron en las inmediaciones del templo de Dumash.
A
esa misma hora y en el mismo lugar, tres mil seiscientos años después, un
reporte de guerra daría cuenta de la desaparición sin rastros de un avión
furtivo norteamericano.
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