Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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La cerradura
Texto de Nicolás Gasparotto

Cansada de leer,
la manta disparó el final,
de las sedas negras,
bajo una blusa indiscreta.

Secretos de lujurias,
tentaciones en polleras,
su pelo lacio negro,
seduciendo a los roces dispuestos.

Las manos afiebradas,
hablan con la pierna tibia,
y esos ojos color caricias,
escuchan el tocar de las luces.

Dos círculos perfectos,
asolan en la sombra,
del calor que torna el juego,
de volverla liberada.

Girando y cayendo,
una prenda rompe el ruido,
de los senos tersos,
tras la endeble cerradura.

La fina línea negra,
que divide dos montañas,
libra el camino de trabas,
al explorador del valle.

Mirando más allá de lo alto,
las manos cazaban luciérnagas,
dejando a su paso firme,
un hilo de amores transparentes.

Con sigilo exploró las barreras,
esperando la metamorfosis,
de una espalda perlada,
que vivió convulsiones fatales.

Beber de ella pausado,
la fuerza y la resistencia,
vendados los ojos con quejidos,
el aire derretido con ternura.

Los enlaces prisioneros,
de dos bocas barrocas,
fueron la patria del deseo,
del viajero templado.

La eternidad lamió los besos,
el vientre, los abrazos,
el néctar, el diamante,
las estaciones y los espasmos.

En el campo de pelea,
los secretos se velaron,
una fascinante epidemia,
se apoderó del tiempo del mundo.

Entre la perdición de aquellas piernas,
el horizonte cambió su rumbo,
y dibujó con suavidad etérea,
el camino entre la gema y las colinas.

La lengua hablaba idiomas,
de mordiscos y palomas,
los dedos se rozaban,
y formaban dos puños únicos.

La convulsión de los gritos,
la llave girando despacio,
dos cuerpos mimetizados,
bajo un solo te amo.

© Nicolás Pablo Gasparotto