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La vuelta al símbolo descarnado

Solía inspeccionar los parques y las plazas, observando con curiosidad a las parejitas de enamorados, que se besaban devoradoramente en los bancos de las plazas y los parques urbanos, los estudiaba con la concentración del científico frente a una incognita, lo que hacia suponer, por una mala interpretación de mi actitud, como una conducta alevosa, ya que se me comenzaba a catalogar, por los guardas o transeúntes asiduos de esos lugares, como uno de los tantos merodeadores perversos o de esos vulgares voyeurista.

En realidad, mi fijación no respondía a una motivación lasciva y sino a una motivación metafísica. Para continuar con este relato debo aclarar algo, siempre he encontrada que "las correspondencias afectivas demostradas mediante gestos y expresiones corporales, como un arcano oscuro e inescrutable".

Percibía el amor, traducido al sentimiento recíproco y comunicable humano, como una instancia inaccesible, es decir que podría catalogarme perfectamente como una especie de agnóstico del amor; en realidad no dudaba que pudiera existir ese sentimiento, lo que dudaba era la forma de alcanzarlo.

Mi timidez me impedía acercarme al sexo opuesto, a quien- idealizaba- y me hacia fantasear con figuras, inasibles, etéreas y sublimes. Las percibía como seres seres míticos, perfumados y sublimes, pero también, a veces, las percibía volátiles, maliciosos, y ambiguas. Esa idealización polarizada, era producto de mi soledad y mi imaginación enmarañada. A decir verdad me sentía atrapado en mi mismo, sin poder salir de ese sitio hermético y todo lo que estuviera fuera de mi, era extraño, fascinante y a la vez amenazador.

Me atrevo para quien desconfié de mi sinceridad trazar algunas pinceladas de mi personalidad...Mi crianza fue la típica del hijo único, con el agravante que mi madre había enviudado al año de mi nacimiento, y se había aferrado a mi, como si fuese un fetiche mágico que completaba todos sus deseos o lo que es lo mismos, me había convertido en su único sentido de la vida..

Cuando recurrí al psicólogo me encontraba en un estado deplorable, atado en mi imposibilidad de relacionarme, a duras penas podía trabajar en una oficina de la Administración Pública, donde solo mi tarea era imprimir sellos y foliar parvas de hojas interminables. Por suerte no tenía que comunicarme con nadie, y me había puesto en una sección donde abundaban los minusválidos y los que no respondían a los patrones de "aptitud normal".

A pesar de sentirme un ser defectuoso tenía sueños e ilusiones, deseaba fervientemente enamorarme, tener una familia, ser importante para alguien más que mi madre, quien me había impreso la sensación de la culpa. Una culpa abstracta y monstruosa, donde todo lo que apartase de su presencia.

A esta altura de mi vida, el pronostico de felicidad era muy poco probable, mi cobardía, sumado a mi timidez, mi defectos en el habla, ya que frecuentemente tartamudeaba, me impedía soñar con la felicidad idealizada, por todos anhelada.

Mi estado era patético, sumado a que prácticamente no salía de mi casa, una vez que regresaba del trabajo.

Recuerdo que una noche había soñado con una sirena que estaba en un estanque, yo la observaba fascinado y ella trataba de seducirme. Yo quería tomarla, pero temía que si me acercaba a ese especie de estanque me caería y me ahogaría. Al otro día me había quedado muy preocupado por ese sueño fantástico y no lograba sacarme de la cabeza la figura fabulosa, que me seguía perturbando.

El psicólogo me dijo que buscase imágenes, libros, objetos, y todo aquello que pudiera asociar con sirena, para amplificar ese símbolo. En realidad no deseaba llevarle el apunte, pero había algo interno que me decía que podría ahí encontrar alguna respuesta a mi vida.

Una tarde cuando salí del trabajo sentir la necesidad de caminar a la deriva, no necesariamente el camino que tomaba para ir a mi casa, como si tuviera la sensación que encontraría la respuesta al sueño en ese trayecto.

Luego de un rato de deambular, entre en una librería de libros viejo, de la calle Corrientes, y ahí encontré una libro sobre símbolos. Era un libro anticuado y su cubierta estaba deteriorada, pero no por ello dejo de interesarme. Abrí en la primera hoja y leí:

La palabra símbolo deriva del término griego "symbolon" y este a su vez de "syn-ballein", asociar, juntar. Quedan conectados de este modo elementos heterogéneos, por ejemplo, las partes antagónicas de un todo internamente cohesionado: se puede concebir que esto señale el ordenamiento conjunto de un modelo original y primario (arquetipo) y de una imagen del ámbito terreno y, en efecto, muchos opinan que éste fue el sentido primigenio del símbolo.

Luego abrí en otra pagina y vi figuras míticas de diferentes pueblos de la antigüedad y leí:

Sirenas: del griego seiren, que significan la que seduce. También puede derivar de seira que significa, cuerda, lazo, atadura, o seiros que significa lo que brilla, o lo que arde. De plateada y gélida belleza, hipnotizan a los marinos con sus voces llenas de misterio y vanidad, y les "atenacean el deseo con las promesas de revelaciones..." Una vez que ellos se acercan, solo les ofrecen la muerte y la devoración. Se les atribuye una enorme sabiduría. Los hombre de mar- que suelen sonar con estas letales musas- les profesan un ominoso respeto. Ocurre que las sirenas poseerían el don de predecirles el futuro..." Luego de leer muy por arriba, las definiciones, de hadas, ninfas, ondinas, la relación con las brujas y otras elementales, sigo leyendo hasta dar con una explicación de un analista jungueano que dice:

Todas estas figuras femeninas fantásticas encontrarían resonancia en el Arquetipo de la Gran Diosa Madre; que expresa lo mutable y cambiante y la permanencia en la transformación, lo cíclico y lo móvil. Muy asociada al régimen lunar, acuático y de la tierra fértil, se revestía de las características de estos reinos: generatriz, renovadora, misteriosa.

De modo general el arquetipo de la madre cuando actúa como complejo psíquico tanto en el hombre, con en la mujer implica la búsqueda del retorno a la protección materna, a ese paraíso imaginario de plenitud y goce.

La virtud que este arquetipo desarrolla es la capacidad nutricia, de protección y amor.

La diosa madre aparece también simbolizada por todo lo que sea profundo: abismos, valles, fuentes, grutas, lagos. En otras ocasiones aparece como la casa o la ciudad. En general toda cosa que sea grande y que abrace, contenga, ciña, rodee, envuelva, cubra, preserve o nutra a otra cosa pequeña pertenece al grupo de símbolos que se refieren a la madre primordial.

En el varón, el arquetipo de la madre se superpone muchas veces con el del ánima.

Los conceptos de evolución, materia, espacio y tiempo están ligados subterráneamente con el arquetipo de "la Gran Madre naturaleza" ...El tiempo suele ser divinizado o simbolizado por figuras masculinas pero los mitos que giran alrededor de él transparentan su naturaleza femenina y ourobórica. Cronos, la divinidad griega del tiempo devora a sus hijos como los devora la Madre Terrible....

Muchos de nuestros mas terribles temores están arraigados en esa figura de la madre terrible. Los temores mas atávicos respecto a ese aspecto devorador de arquetipo de la madre se refleja en el mito de las vampiresas receptada en las culturas de todo el mundo:

Esa tarde llegue agobiado a mi casa, después de leer tantas cosas raras, en relación a esa imágenes aparentemente inofensivas, primero de las sirenas y luego su relación con el inconsciente. El hecho que las haya idealizado y temido, no estaba del todo errado. Ahora comprendo, que soy uno de los pocos hombres que no han sido hechizados por el canto de las sirenas, ni tampoco he sido vampirizado por sus imágenes hermosas. Ya no deambulo por las plazas como un fisgón, y ahora me dedico a estudiar una nueva ciencia, fundada por mi, el agnosticismo metapsiquicoemocional

© Walter Embón