Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Concepción

José está sacado
y María
y María
es un tanto sotana.
Todos los labios
se entregan
desde sus pies.

Ambos están listos.
Sin lágrimas
y al ras del grito
ella abre sus piernas
cerca
muy cerca
de la primera costilla.

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Nazareth

Mientras un arpa teje
la túnica pobre del desierto
todos empujan
en un pogo de mercado.

Nadie la ve.
La cigüeña gambetea
al tifus moderno,
y mastica agujas
para llegar.

Los instantes
que vienen
buscan un todo
virgen.

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Sentido del ángel

El aire va en ella
con el sentido del ángel
y lentamente se pierden
los días en las notas.
Así que él vuela
y deja desde arriba.
Por un antes ella
lleva tímida
una gelatinosa entrega
de nubes estivales
y entrega manzanas.
Así que él muerde
y sabe desde abajo.
El viento va
con el sentido del ángel
y lentamente se la lleva
para darle qué mirar.
Un mensaje y un mendrugo
temen la paz que se cae
sobre él después
en todo el frío.
Aunque ella haya tejido
mantillas de hilo doble
con todos los suspiros
que quedaron en la casa.
El tiempo va
con el sentido del ángel
y lentamente se lo lleva
mientras ella repite
los suspiros
son la ausencia
de besos...
los suspiros son...

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Arrullo

Hay un sol en vos:
del ombligo la luz.
Una voz del arrullo
da al río de los sueños.
Hay un sol en vos:
de los ojos el cielo.
Dios
te creo.
Tu voz nos arrulla
en el río de ensueño:
del ombligo la luz.

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Razón

Él dará al origen
una voz
una religión
un camino
un sol
una estrella
algo de la tierra
una razón
y el andar.

Él dará a los pasos
la sombra previa.

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Kristo

No seré de acero
como razones o leyes
ni verteré los ácidos
para aclarar misterios.
Los barcos bajo alas
acompañarán
mi acostarme del mar.
Un ademán parece el adiós
que se repite
y repite
sobre el adoquín adormecido.
Pero
ya no estaré
para agonizar en agostos agrios.
Seré agua, tierra, alma,
recuerdos, clavo, bosque
y un águila de vuelo muy alto
después de las agujas.
Ahí
cada luz para
en los agujeros.
Ya ves
el ajedrez en el cielo
del otro Cristo.

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Ignorancia

Este aliento de perro
que se lee y nota
no es caliente
y se derrama en las manos.
Esta lágrima de tinta
que se traduce en otro idioma
no rueda en las mejillas
y se enreda en los ojos.
Esta lengua de mudo
que se traba en la saliva seca
no se mueve
y baja a los dedos.
Este pié del árbol
que se escribe al anochecer
no deja otras huellas
y sin embargo da a las hojas
porque no sé decir.

© Rubén Eduardo Gómez