Las ninfas vuelan en torno a mi,
las contemplo boquiabierto,
circunvalan mis sentidos,
irradian un calor abrasador,
emiten destellos cegadores,
mi mente da tumbos, cae, se confunde.
Luego, súbitamente,
me encuentro solo,
en la penumbra,
con sed, vicios, y carencias.
Pienso... ¿Realidad?
Pienso... ¿Libertad?
Desenfreno, Carpe diem,
¡Cuantas cosas por hacer!
Tengo tanto tiempo...
Tanto tiempo que perder.
Revolución, cambio de ideas,
mis valores, mi moral,
no importan tanto ya...
Tanto como para esperar...
¡Esperar!
¡Ese guiño del destino, que me muestre algún camino!
¡Esperar!
¡A esas niñas agradecidas, que alegran tanto mi vida!
Esperar...
Un cambio, el permanente cambio...
Ansiar...
Una nueva situación,
un nuevo escenario,
que le de luz a mi vida...
La soga al
cuello,
prisionera de la carne,
esclava del placer,
adicta al felino frenesí.
Rompió y
entró,
lo dejaste entrar,
rompió y entró,
sin duda, lo dejaste entrar.
Ahora
chifla para que acudas,
ya no como prisionera del amor,
sino como esclava del placer....
Manan
palabras,
de tu boca,
esbozan frases,
de superación.
¿Qué querés
decir?
Pará,
no me mientas más,
o no me hables más...
Tus
procedimientos no coinciden,
con tu planificación,
tus carencias, tu sed, tu vicio,
impiden tu
liberación...
¡Tu
liberación!
De un animalito,
que no es tigre,
¡Es ratón!
Fueron
muchos años,
años de estar,
a la hora indicada,
en el mismo lugar.
Pensá,
pensá, pensá,
quizás, quizás, quizás,
alguien te espera,
a cualquier hora,
en cualquier lugar.
Sólo es
cuestión,
de sacarte la correa,
escapar de tu amo,
y correr hacia la soledad... alguien encontrarás...
Pero
deja,
por favor deja,
de asistir a la misma hora,
al mismo lugar...
© Juan Manuel Daza