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 Revelación
de María (Fragmento - inédito)
No
avanzar,
abrazando
la intuición de los mudos era la nueva promesa y
se dejó hundir
besando
a cada muerto, saludando
la crisis de nuestra era en las manos y torsos acorralando su
respiración. Y
le creí –perder es nuestra consigna -
El
amuleto que da molde a la orfandad que nos corroe
–Suéltame
fue lo último que sus ojos pronunciaron
y
en la escritura
lo
vi partir como una balsa hecha de cadáveres.
Su
cabeza envuelta en un saco, mi hermano pequeño, la silueta del
perdón, sustrajo
mi palabra de aquellos derroteros en busca de un hogar aunque
no supiese que es tal. ¿Pueden
trazar los caminos de regreso, la bitácora de un dilatado adiós?
Y
con sus huesos a cuestas
como
la única seña de un pasado y raigambre
comenzó
el peregrinaje por rutas insondables.
Y
vi a los grandes profetas del último tiempo vender
sus vidas por un texto que les significara mil más.
Los
vi cruzar fronteras condenadas y
congregarse en las catedrales de todas las ciudades del mundo buscando
mujeres que entendieran su sacrificio, que
secaran sus lágrimas estando
dispuestas a otra ronda.
Los
vi atorarse de pastillas para cuidar la noche traficar
momentos y
moverse en busca de un depósito
lo
suficiente oscuro
para
leer como una manada extinta las
líneas finales de su pueblo y
los acompañaban las sacerdotisas,
bellas,
jóvenes entregando
sus cuerpos salvajes por un verso y
todos andaban con
sus libritos de oraciones bajo el brazo repitiendo
entre murmullos el
mismo juego palabras
llenas de tierna cólera oníricas
aves y viajeros trasnochados con
nuevas viejas maneras
de
quebrar la piedra del molino.

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