La ciudad natural

El sol es una seda amarilla
que viste mis ojos, empañados
de oro; de miradas
que respiran savias, resinas;
olores eternos. Mi cuerpo
es tierra de sangre y de huesos-
de algo que no sabemos qué es-.
Mi cuerpo lleva este bosque
grabado en la literatura de mi alma;
en la memoria del fuego, del aire,
de la tierra, del agua: de la filosofía;
y las magias que copulan
con la naturaleza.
Siempre me levanto de mi sueño
impertérrito como la verdad,
sólido y dulce como estas arquitecturas;
esta urbe de verdes ojivas, de rosetas
rosáceas, del sacerdocio
del jilguero- que canta la oración
dictada por Orfeo y el amor.
Siempre me levanto de mi sueño,
esperando seguir durmiendo:
que mi tierra vuelva a la tierra:
que mi sangre al río
y mi hueso al árbol…;
que mi alma al aire, al cielo, a la nube.
Que mi cruz sea de madera,
mis flores de hierba, mi oración de jilgueros:
mi cuerpo, otra vez, de mi cuerpo.


Sentimientos de no

El dolor abre mis carnes
con sus cuchillos de psiquis.
Hay espadas invisibles,
hay mazazos del aire:
sangrías del espíritu.
Las brisas tienen espinas;
el arrullo de la noche
es un insulto sobre mi sueño,
cargado de un corazón
en el que llueven la bilis,
y la sangre:
en mis venas
corren palabras...
Vendrá el mañana,
vendrá el perdón:
la explicación.
Vendrán otras noches,
en que su despedida-
su rechazo de mí,
sus palabras-
corra por mis venas;
como que ella quedó en mi sangre;
como si llorara rosas derretidas
en mi alma de espinos…


La creación de las aguas

Un día triste, de nubes
que crían sus cenizas lluviosas;
día en que plomizos ojos de cielo
chorrean sus miradas en gotas,
en aguaceros, en la suma del río-
espumado como las cascadas,
aguijarrado; acotado por arenas
blancas como novias,
blancas como una página
sin inspiración, sin poema-.
Un día triste, solitario
como la bondad, solitario
como los días felices.
Dejé que las aguas del río
me vistieran de transparencia
hasta el torso desolado.
En mis aguas se forman
los hechos sedosos del cincel
de las blancas burbujas;
como un homenaje de labios, senos-
curvos y dulces como el amor-;
se forman piernas, sexo, ojos…
Un gen de las aguas,
una mujer tallada en los cristales
que las nubes lloraron sobre mis lágrimas.
Como si el río y el cielo se miraran,
como si la lluvia creara
dos tersos ojos para mis ojos.
(Pera que yo mire mi mirada).
Una mujer, mi deseo;
el paraíso de un invento: de la tinta.
De mi cuerpo,
que es de carne, de sangre:
de agua.

 

© Daniel Alejandro Gómez
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