Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Reproche

El sueño juguetea en la pendiente
con gotas de oro, rocío madrugador,
preludio marimbero, ¡Dí a mi Señor!
que quiero quedarme así eternamente,
y eternizado alzarme sobre el viento,
tejer en el cielo una alfombre de flores
y llorar por los perdídos amores
o ecos de mi profundo pensamiento.

Es el mundo que con injusta mano
me ofrece una caricia de horizonte,
alivio a la nostalgia que más amo.

Me ciega el vuelo de ave refulgente,
la música extremece de pavura
y mi sino se aleja de la muerte.

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Mi guitarra

Las cuerdad de mi guitarra
trovadora enamorada,
mentirosa y hechizada
con su temple te desgarra.

Sus taños te quieren decir,
que te ama y te quiere tanto,
su música hace llanto
y solo le quiero oir.

Las cuerdad son un lamento,
un calor refugio de amor;
en una flor, un encanto.

Con una nota, una oración,
al campaneo de un acento
me refugio en su canción.

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¡Orando! Te vi

Con las manos hacia el cielo
formo una oración llorando,
una lágrima rodando
creó una flor... cayó al suelo.

Flor aroma de universo,
una noche a todo color,
porque el perfume es, de amor,
solo así nació mi verso.

Con la obsecion de tus besos,
de aceptación, se declara,
como respuesta a mis resos.

La noche formose clara
e iluminando a la luna...
¡en el cielo, ví tu cara!

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Reina de los cielos

Erase una vez, una señorita,
que quería, pasear...
"y a la Virgencita"
<cantando>, ¡se puso a rezar!

Reinda de los cielos,
madrecita, de esús;
quiero pasar las fronteras
y por las nubes viajar.
Yo no sé lo que esperas
Yo ya quiero pasear.

Reinda de los cielos,
madrecita de Jesús;
Llevame a los Angeles,
que quiero conocer,
los edificios de altas torres,
y largos puentes, de robles.

Reina de los cielos,
madrecita de Jesús;
pido de rodillas a tu cruz,
¿si allí me puedes llevar,
me pongo yo a rezar...
que me lleves a Veracruz.

Reina de los cielos,
madrecita de Jesús;
a tí, madre del Rey
te pido con hinojos,
que quiero ir más lejos,
tal vez a Monterrey.

Reina de los cielos,
madrecita de Jesús;
quiero que tu sepás
ya que tu todo conoces,
me des de nuevo los goces,
de abrazar a mis papás.

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Ansiedad

Nuevamente me encuentro contigo.
Te me acercas tanto,
que siento
cómo dentro de mi corazón
te vas fundiendo,
aprisionando,
lastimando,
hasta que... ¡estallo! y salgo corriendo:
En mi loca carrera
atropello un semtimiento,
y se me escapan
lamentos por la boca.

Són las sílabas que mi prosa vomitan
las que unas veces gimen y otras gritan,
cómo cuando te quise abrazar y te divisé
lejana,
ausente,
indiferente.
sín embargo con mi alma se te toca.

¡Estoy aquí! y con un ansia infinita
que ahoga mi ser
no existo
no vivo
pero aún no estoy muerto,
sigo durmiendo despierto.

Quiero estar en donde no estoy
y el estar aqui se me vuelve insoportable
hasta que mi fuerza se agota,
con dura facilidad.

Y por más que me revelo... me agovia
la ansiedad.

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La soledad

Solo
soledad,
veo en el centro
del cuarto frío...
a viejos floreros,
marchitos alcatraces;
la ventana que no se abre;
un reloj que no dá la hora;
En el escritorio de tres patas
un regadero de libros y papeles.

¿Poeta,
eres tú?
en tu cuarto
amarillento,
fija la mirada
hacia el vacío librero,
con la cara entre las manos
y codos sobre el escritorio,
te imagino, contraída la frente,
la cabellera escasa, despeinada.

¡Oh sol,
soledad!
solfa real,
con soledumbre
nota solitaria...
podría cantar, solerte,
espero que mi solencia
me retire lo soledoso.
Callando lagrimas fugitivas
en la díafana bóveda del cielo.

© Rafael Merida y Cruz Lascano