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Maldita muerte

Me truncaste el futuro, sin poder preguntar por qué lo hacías.
Me dejaste un vacío donde el sentir huyó de mí.
Me pusiste a prueba sin entender que no era el momento.

Tus elecciones son equivocadas, no podes darte cuenta que miras mal,
Que estas en una dirección incorrecta.

Tu inteligencia me abruma…ni siquiera te pude conocer.
Nadie sabe bien cómo sos, sólo estas siempre ahí: donde abruma el dolor.

¿De dónde es que viniste? Si nadie te invitó, si nadie te llamó.
Tendrías que ser un poco más perceptiva y reconocer que nadie te quiere cerca, que todos desean que estés lo más lejos posible.

Es tan fuerte el golpe que me diste, que hasta me da miedo nombrarte.
Si te disculparas, no podría engañarte y abrazarte, porque no sólo te lo llevaste a él.

También me llevaste a mí.


Quizás

Quizás… era él mismo el que ponía a prueba, constantemente, su incapacidad de disfrutar.

Sus deseos estipulados y un rumbo con límites lo obligaban a admitir que ya no podía ser de otra forma.

Las heridas no le sanaron, sino que lo escondieron detrás de razonamientos lógicos y de recuerdos agobiantes. Su frustración le ayudaba a justificarse, a sentirse completamente…incompleto.

Tenía que alejar a la felicidad, pues no era compatible con la melancolía que se merecía aquella situación.

Hasta su sombra lo había dejado…ya se había aburrido de tener tan complejas pautas de ser.

Cuando la tristeza lo dejaba solo, cuando todo parecía detenerse en el tiempo, desesperadamente, necesitaba provocar situaciones para volver a hundirse…ya estaba tan acostumbrado a esa rutina.

No podía, no era el momento.

Constantemente marcando su presente, y asegurando impedir la repetición.

Equivocado o no, su vida ya había pasado para él.

Sólo le queda sobrevivir.
Él no cree en la revancha.

 

© Cecilia Castillo
 
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