Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Mónica

Andrés estaba decepcionado y caminaba sin rumbo tratando de olvidar, cansado decidió sentarse en una banca y observó por un buen tiempo la fachada de una casa abandonada.

-¿Tiene hora señor?-Le dijo una joven muy bonita vestida de blanco.
-No señorita-le contestó-Pero ye deben ser las siete.
-¿Viene siempre por aqui?
-Muy poco.
-¿Cómo te llamas?
-Andrés Luna.
-Yo soy Mónica. ¿Me puedo sentar?

Andrés aceptó y desde esa tarde ambos adquirieron la costumbre de reunirse en el mismo lugar, el mismo día de la semana y a la misma hora.

Un dia Andrés le preguntó por sus padres, Mónica le dijo que sus padres estaban separados, se sentía triste porque su madre siempre se opuso a que su padre la visitara, pero ella tenía la esperanza de reunirse algún día con él. Mónica le pidió un favor: que la ayudara a escribirle una carta a su padre, pues ella era analfabeta, cosa que sorprendió a Andrés.

Escribieron la carta, Andrés ofreció llevarsela a su padre (Mónica conocía su paradero), pero no podía pedirle al padre que contestara la carta, Mónica quería evitar que su madre se enterara que intentaba comunicarse con su padre.

Andrés  llegó a la casa del padre de Mónica, encontró a un hombre sentado en un sillón en el corredor.

-¿Señor Vera?-Preguntó Andrés.
-Soy yo-Contestó el hombre.
-Tengo una carta de su hija Mónica.
-Démela por favor.

Andrés le entregó la carta y abandonó la casa, había caminado unos metros y se encontró con un amigo, se saludaron, el amigo observó al padre de Mónica.

-Pobre viejo-Dijo su amigo.
-¿Lo conoces?-Preguntó Andrés.
-Claro, es un hombre infeliz, está loco, estuvo casado con una mujer muy cruel, tenían una hija, un día su casa se incendió, la niña murió, la mujer huyó, fué su culpa, pasó hace mucho tiempo, ahora la niña sería una señorita. Dice que recibe cartas de su hija, el pobre está loco.

Andrés se asustó mucho, pero luego reflexionó y pensó que podía tratarse de una broma. Andrés volvió al lugar donde conoció a Mónica, pero esta vez encontró a otra chica sentada en la banca.

-Disculpe señor-Le dijo la chica-¿Es usted Andrés Luna?
-Sí, soy yo.
-Tengo una carta para usted, es de Mónica,ella me habló de usted.
-¿Desde cuándo la conoce?-Preguntó Andrés.
-Desde hace dos semanas, la encontré aquí y nos hicimos amigas, dijo que ya no volvería, pero que usted vendría a verla, tenga lea la carta.

Andrés abrió la carta y encontró un mensaje que lo asustó aún más:

"GRACIAS POR AYUDARME,
AHORA SABES PORQUE NO PUEDO ESTAR CON MI PADRE.
MONICA".

Andrés y la chica se hicieron amigos, luego se enamoraron y años más tarde se casaron. Decidieron llevarle flores a la tumba de Mónica, descubrieron que no eran los únicos.

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Desde aquí

Llegaste al fin, estas agotado, ha sido un dia duro, antes de dormir veras a Guillermo, nuestro hijo, está dormido ya, acaricias su cabello, te quedas asi unos minutos, te retiras a tu dormitorio, necesitas descanzar.

Despertaste ya, es domingo, esperas siempre éste día, se lo dedicas integramente a Guillermo, el resto de la semana te lo absorve el trabajo, la vida es dura hay que sacrificarse.

Te veo preparando el desayuno, Guillermo está en el baño, tuviste que levantarlo, lo llevaras a pasear, jugaran en el parque hasta el mediodia, luego visitaran a mis padres, me alegra saber que ya cambiaron de opinión sobre ti, es bueno dejar atraz el pasado, fueron épocas muy dificiles; tú entregado al vicio de la bebida, yo escuchando consejos de quienes deseaban separarnos, nuestreas discuciones terminaban violentamente, sólo importaba imponerse, nunca pensamos que ya no eramos dueños de nuestras vidas, desde el nacimiento de Guillermo nuestras vidas le pertenecian a él. Su llegada no fué planificada, nos tomó de sorpresa, por eso nos casamos.

Recuerdo esa noche en que llegaste ebrio, la responsabilidad de ser madre era algo a lo que me costaba adaptarme, pero convivir con un alcoholico era algo imposible de aceptar, discutimos y salí de casa llevándome a Guillermo, el taxi en el que viajabamos chocó con un camión de carga, Guillermo se salvó milagrosamente, el taxista y yo no tuvimos esa suerte.

Desperté en el hospital, te ví a mi lado, llorabas me pedias perdón, prometiste cambiar, luego me ví a mi misma en esa cama de hospital mientras tú llamabas al médico, me asusté, el Galeno ya no pudo hacer nada por mí.

Desde aqui te observo, has cumplido tu promesa, cuando nos casamos juramos estar juntos hasta que la muerte nos separe, irónicamente creo que será la muerte la que nos reuna de nuevo.

© Manuel Alberto Carrasco Vásquez