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 Aquel
sueño que todos llamamos LIBERTAD
La
libertad siempre fue una necesidad primara que nunca fue tenida en
cuenta para armar la “canasta básica” de aquello que una familia
requiere día a día. Más claro, y doloroso, es ver como una
sociedad se ve abruptamente quebrada en dos o hasta tres facciones,
siempre por conveniencia del poderoso, y sus ataduras son aún
mayores que sus resquebrajamientos; terminar con esto implicaría la
unidad de un mismo pueblo con el objetivo de una vez por todas
conseguir la igualdad que tan poco presente esta en la vida cotidiana
de todos.
Prejuzgar,
juzgar, no aceptar, negar, destruir, alimentar el odio, son cosas que
aparecen a diario en todos lados donde un grupo de gente este
reunida. “Aquel negrito”, “Ese villero”, “Hay que matarlos
a todos” o “Hay que entrar a las villas con una topadora”; así
nos hace y nos han hecho vivir el rencor de aquellos que si pueden
tener una vida digna por sobre los que la vida, y los distintos
gobiernos dispuestos por alguien se aprovecharon de su encarnizada
lucha por una vida como se debe tener, no les fue justa. Esta es la
desigualdad que nos han dejado las generaciones pasadas, sin olvidar
como las actuales han seguido lanzando leña a este incendio.
¿Cuánto
cuesta ser un ser libre? ¿Es posible ser libre? La libertad va de la
mano con la igualdad; la igualdad va acompañada con la lucha; la
lucha es la que comanda a la libertad. Esta sería la cadena perfecta
para llegar a ser un ser que dependa de si mismo para crecer, madurar
y ser independiente. Son muchos los casos de personas que han
movilizado sociedades porque eran, hasta esos momentos, abusados por
déspotas, genocidas, traidores a la patria o vende patrias, asesinos
extranjeros o nacionales y personas que a pesar de su abundante
poder, querían más. Personajes como Ernesto Guevara, Túpac Amaru,
Vladimir Lenin, Emiliano Zapata, Salvador Allende, Augusto Cesar
Sandino, Simón Bolívar, José de San Martín, José Martí, Camilo
Cienfuegos, Fidel Castro, los jóvenes estudiantes del mayo francés,
José Artigas, el Subcomandante Marcos, y tantos otros seres que
formarían parte del gran museo de los hombres y mujeres que lucharon
a capa y espada por la libertad y la igualdad de los pueblos. Hoy
parece ser, lamentablemente, que sus legados quedaron en la
biblioteca y su lucha, por la cual casi todos perdieron la vida, no
se expandieron ni se exportaron como un productor gratuito -de los
pocos que tenemos- a las distintas sociedades que no pueden terminar
con la opresión que sufre por sus enemigos tanto internos como
externos.
El
precio de la libertad es tan caro como el de vivir. Vivir libre es el
sueño que todos tenemos y un sueño por el cual todos queremos
vivir. Pero ese sueño parece ser que no es el de aquellos que
imponen las reglas en el mundo, en la vida y en las sociedades.
Lamentablemente siempre que hubo o existió algún esbozo o grito de
libertad y unidad fue acallado por el fuego, por el terror de las
armas, el dolor de la tortura o por una cruz… Esto no implica que
no existan historias que tuvieran un final feliz para los pueblos,
hay claros ejemplos que nos dan a entender que la libertad es
posible, que la igualdad es una realidad; pero hay que luchar por
ella y si es necesaria morir por ella.
Los
sueños son los que motivan a todos, los sueños son aquellos que
movilizan a las personas con los más puros corazones y a aquellos
que no encuentran una motivación. Toda esa labor, ese comienzo, lo
encarnan y lo explotan los sueños. El sueño de libertad es el sueño
más grande de la humanidad, es el sueño que ha hecho que pueblos
enteros se levantaran unidos contra la suela del opresor, que
evitaran, o lucharan para evitar, que los avances no se conviertan en
retrocesos, que se alzaran para terminar con el manoseo de algunos.
Así fue como muchos países del más bello de los continentes,
Latinoamérica, consiguieran su primera independencia, si es que a
aquello se lo puede llamar independencia, a finales del siglo XVII y
principios del XVIII. Hoy ese mismo territorio es el que tiene que
luchar por cada bocanada de aire como un asmático -no sería raro
que tengamos que desembolsar una cifra de dinero para comprar esa
bocanada-. El claro objetivo de los pueblos que habitan este pedazo
de tierra, lamentablemente separado por las fatídicas fronteras, es
obtener la segunda independencia y hacerla valer como los héroes de
la primera independencia quisieron que fuera.
Así
han quedado muchos pueblos en el olvido, otros han sido, cuando llegó
la modernización, mediaticamente atacados, otros son aniquilados sin
opción de defenderse -porque previamente fueron diezmados
económicamente-. Pensar en una “dictadura militar”, como ciertos
grupos burgueses quieren llamar al proceso que se vive en Cuba desde
hace 51 años, fuera defendida por el mismo pueblo es ilógico, es
hasta ridículo. Los pueblos no defienden a los déspotas, los atacan
y los repudian, pero muchas veces se ven diezmados por el abuso del
terror y de la fuerza de estos líderes; pero en el país del caribe
lo que se vive es otra cosa, es un proceso de libertad y de autonomía
como pocas veces, lamentablemente, se pudo observar y vivir. ¿A
quién le conviene que estos síntomas de libertad e independencia
sean atacados y basureados? Claro esta, que esto le conviene a aquel
que tiene el control y quiere impedir que los pueblos conozcan lo que
es el sabor de romper las cadenas de la opresión y saber que olor
tiene el aire de la libertad.
¿Cómo
podemos permitir que exista el hambre en el mundo? ¿Cómo podemos
aceptar que existan hoy en el siglo XXI personas que no sepan leer y
escribir? ¿Cómo permitimos que nuestra historia sea adulterada por
manos extranjeras y que las nacionales creen falsos héroes y
próceres? ¿Cómo es eso posible? La lucha por la libertad y la
igualdad siempre existió, pero mientras esa lucha existía también
existían las manos que querían ahogar esos gritos y esas luchas. Si
ayer fue posible, hoy también lo es, el sueño está más intacto
que nunca, el paso final es hacerlo realidad.
Los
flagelos sociales que los pueblos debilitados por aquel que se siente
más poderoso -como si se pudiera tener aún más poder con el cual
tener el alma más corrompida- son inmensos, a los ya nombrados
hambre y analfabetismo se les suman la mortalidad infantil, que en
muchos países es INMENSA, la desocupación, el aislamiento y la
discriminación entre otros –varios-. La necesidad, y el objetivo,
que algunos grupos, tanto burgueses, oligárquicos y empresariales,
por hacer sufrir a sociedades enteras llega a ser intolerante y
doloroso.
Desde
antaño la libertad de los pueblos se vio atorada, corrompida y
desaprobada por alguien, país o personaje, que no le gustaba ese
“virus” que algunos llaman IGUALDAD. Así fue como Paraguay, un
país que contaba con su propia industria y no dependía de la
inglesa, fue atacado, destruido y dividido, tanto su pueblo como su
territorio, en aquella repugnante Guerra de la Triple Alianza. La
masacre de indígenas por parte del militar argentino Julio Roca en
la tan “valerosa” Campaña del Desierto –la cual podemos
“admirar” en el billete de 100 pesos de Argentina-. La sangre que
se derramó fue siempre del débil, del humillado, del diferente;
cuando ellos quisieron romper con la monotonía y la desigualdad,
algún pretexto encontraba el poderoso para callarlos y silenciar sus
plegarias y gritos de libertad. Cuando el furor del Comunismo se
vivía en la Unión Soviética y este sistema igualitario y
equitativo –planteado desde la ideología de Karl Marx entre otros
por Lenin y Leon Trotsky y destruido ese sueño por Stalin- amenazaba
al imperialismo yanqui con exportarse a los países de su mismo
continente –no es que me guste tenerlos de vecino- actuaron de la
forma más tribal, más desleal. Los años que Cuba lleva bloqueada
económicamente por los vecinos de México; la toma del poder y el
baño de sangre producido por el asesino de Augusto Pinochet, que
recibió 290 millones de dólares de ayuda por parte del imperio para
tomar el poder en Chile y de forma violenta acabar con el esbozo de
igualdad propuesta por Salvador Allende; la dictadura argentina,
también financiada por los yanquis -500 millones de bancos privados
de Estados Unidos y 415 millones del Banco Mundial y el BID-, fue
igual o más sangrienta que la chilena. Así podría seguir con todos
los países de América Latina, todos aquellos territorios donde el
imperio más terrorista de la historia vio la posibilidad de que los
gobiernos soberanos electos por los mismos pueblos diera un viraje al
sistema comunista o socialista fue aniquilado desde la raíz para
degollar la idea de ser libres e iguales. Del golpe que nos dieron en
aquellos años y el dolor que él produjo no permitió en muchos años
que estos territorios puedan levantarse. Hasta el día de hoy las
esquirlas de esos años siguen lastimando.
Cada
vez, cada día, cada momento en el cual soñamos con ser libres somos
golpeados, atadas, torturados, desmoralizados y calumniados. Soñar
ya no es un camino, el camino es ir juntos a luchar por nuestra
libertad e igualdad; el sueño que tuvimos ya debe ser una realidad y
aunque las trabas que nos pusieron, nos ponen y nos pondrán son
muchas, y muy duras, deben ser derribadas y el camino hasta la
libertad es un camino el cual todos juntos podemos y vamos a
disfrutar.
Manoseados
y aún golpeados, siempre fuimos un territorio explotable, rico en
todo. Rico en oro, plata, níquel, algodón, azúcar, café, bananas,
aluminio, bauxita, cacao, caucho, cinc, cobre, estaño, ganadería,
gas natural, petróleo, hierro, maderas, manganeso, mercurio, sal,
tabaco y trigo. Riquezas que siempre le sirvieron a algún ostentoso
o pululante país dominante o mejor dicho: imperio. Los brazos
baratos que existen, y si no se intenta cambiar la cosa existirán,
en el más bello de los suelos fueron siempre aprovechados por
alguien. Desde que Cristóbal Colón pisó -queda claro que NO lo
descubrió como mienten en las escuelas- nuestras tierras esas
riquezas y esos brazos fueron de gran ayuda para los diversos
totalitaristas que hincaron sus colmillos en el cuello más sabroso y
más lleno de sangre. Nosotros vivimos dominados, asesinaron a los
pobladores originarios de nuestras tierras; nuestros indígenas no
pudieron repeler la brutalidad de los colonizadores –haciendo
referencia a España, Portugal (Brasil) y Francia (Haití)-, la
sorpresa de su andar a caballo, la potencia de sus fusiles y el dolor
que la pólvora producía. Malditos imperios que callaron nuestros
sueños; malditos asesinos que nos encadenaron al subdesarrollo;
malditos sistemas de explotación que abusaron de los sobrevivientes;
malditos todos aquellos que se aprovecharon de nuestra sociedad
–antigua, actual y si no hacemos nada futura-. Realmente ser libre
cuesta mucho, siempre costó mucho y será imposible si no nos damos
cuenta que nosotros somos quienes tenemos al alcance de la mano el
arma más mortal para romper las cadenas de la opresión y recuperar
la libertad que nuestros antepasados indígenas conocieron, vivieron
y disfrutaron.
América
Latina debe entender que vivir en paz y libres del dominio yanqui
-hoy yanqui, ayer ingles y antes de ayer español o portugués- no es
una utopía. Ya hay claros ejemplos en el continente de líderes que
quieren pelear por un cambio; hay gente que, actualizado, supo
entender el mensaje de nuestros héroes. Bolívar, San Martín, Martí
y Artigas deben ver hoy con buenos ojos la unión que existe, cosa
que nunca había pasado, entre varios de los países de nuestro
continente. Hoy más que nunca debemos entender que las fronteras
sólo son divisiones de territorio no humanitarias; somos todos,
desde México hasta el Estrecho de Magallanes la misma raza mestiza
–como dijo Ernesto Guevara en Perú-, la misma sociedad con el
mismo sueño: el sueño de ser libres. América Latina es un solo
continente, un continente igualmente torturado, callado, desalentado
y golpeado, pero nunca muerto. América Latina sigue en pie, pese a
quien le pese. Los sueños de un grupo de idealistas hoy viven, como
ayer o aún más, gracias a personas que los utilizan en sus
discursos y nos obligan a tenerlos en cuenta. La sangre que han hecho
correr no debe ser en vano, las lágrimas derramadas no deben quedar
en el olvido, la explotación de nuestros suelos, nuestras montañas,
nuestros mares, ríos y lagos y nuestra gente no van a ser nunca
olvidados. Debemos, de una vez por toda, entender que por no tener, o
estar al mismo nivel que la oligarquía, valemos lo mismo o más que
ellos. Las clases sociales que luchan por la igualdad, son las clases
que fueron olvidadas, o las que algunos pretenden que sean olvidadas.
Sin armas, pero con ganas, sin educación, pero con sueños, sin
zapatillas, pero con fuerza, sin comida, pero con ideales, sin
vivienda, pero con objetivos. Nunca serán ellos los que
desaparezcan, serán ellos los que van a decidir, cuando todos
juntemos nuestros brazos y piernas en el duro camino que hay que
recorrer para la igualdad y libertad, y repartir las cartas en la
mesa. Seguramente si esto sucediera, la situación en el mundo sería
más justa por el simple hecho de entender que alguien que pasó
hambre no va a permitir que otros sufran ese genocidio.
Todos
los latinoamericanos somos América Latina, ya lo decía la famosa
Declaración Francesa de los Derechos
del Hombre, viendo que muchos quieren y
exigen el parecido con Europa, “Cuando una persona se apodera de la
soberanía debe ser condenada a muerte por los hombres libres.”;
Juan Jacobo Rousseau dice en su Contrato
Social que mientras un pueblo se vea
forzado a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como pueda
sacudir el yugo y lo sacude, hace mejor, recuperando su libertad por
el mismo derecho que se la han quitado. Hoy estamos obedeciendo todos
los mandatos y gritos que vienen del norte de nuestro continente. Un
país, que sin decisión ni el voto de nadie, que se cree quien puede
decidir sobre la soberanía, los lideres, la economía, la educación,
la seguridad, etc. de los pueblos. Bolívar poco antes de su muerte
dijo dos cosas, una fue que los Estados Unidos parecían, en aquella
época, estar destinados por la Providencia para plagar América de
miseria en nombre de la libertad. Al parecer, el Libertador ya
vislumbraba lo que los actuales genocidas del mundo querían hacer.
La segunda fue “Nunca seremos dichosos, ¡Nunca!”. Hoy, siglo
XXI, debemos tomar esa última frase y darle el gusto a Bolívar de
saber que su pueblo si será dichoso, que su pueblo piensa y va a
proseguir su lucha y su sueño, el sueño de una América Latina
unida y libre. Así será y así debe ser.
Se
viven vientos de cambio en América Latina, solamente hay que saber
entender y poder descifrar, para bien, esa nueva corriente. No es
cosa fácil, pero es verdad que hay fuerza y brazos capaces de lograr
la segunda y definitiva independencia americana. Ya lo había dicho
Zapata en su momento “Estoy dispuesto a luchar contra todo y contra
todos”, todos los pueblos doblegados por el enemigo debemos estar
dispuestos. Debemos decidir y terminar con la malaria que nos castiga
desde la llegada del primer imperialista a suelo americano.
Fugazmente dejamos pasar las olas que nos podrían haber remontado.
Dejamos pasar el envión de la libertad, el de la igualdad, el de la
independencia; esta podría ser la última ola y no es cuestión de
esperar. Las amenazas son abrumadoras, los pueblos siguen siendo
castigados, los individuos explotados, los suelos succionados, las
montañas destruidas, los mares agotados, las selvas desabastecidas y
a las personas las dejan sin sueños. No dejemos que nos agoten, que
nos expriman. Somos el continente de Túpac Amarú, de Ernesto
Guevara, de Bolivar, de San Martín, de Zapata, de Sandino, de Martí,
de Marcos, de Artigas, de tantos más que no bajaron nunca sus brazos
y la única forma que los imperios genocidas tuvieron para acabar con
ellos –solamente físicamente, pero no ideológicamente ni
espiritualmente porque aún siguen presentes- fue con la muerte, la
muerte o la persecución, la persecución o la tortura, la tortura o
el exilio, el exilio o el asesinato. Pero sus vidas y sus luchas no
serán nunca difamadas. Sus espíritus libres se separaron en
millones de parte e ingresaron al cuerpo de una generación –y
generaciones venideras- que va a dar, o piensa dar, su vida por el
continente y la libertad e independencia de él por sobre las fauces
del enemigo más terrible y asesino que le toco enfrentar. Siempre
nos obligaron a quedar de rodillas, a mirar al más poderoso de abajo
hacia arriba; ya llegó el momento de que la cosa cambie, ahora
cuando miren para abajo no verán un continente arrodillado, verán a
un indio, no sólo a uno, sino millones, que estarán más que
dispuestos a defenderse de la maquina voraz con la que el imperio
sacude. Se toparon con la sangre de un pueblo revolucionario, que
creció, aprendió y estudió –a pesar que adulteraron la historia-
de los héroes que el continente tuvo; de la sangre que desparramaron
–que no sólo servia de abono para el suelo como el narcisista
venido a prócer de Domingo Faustino Sarmiento pensaba de los
gauchos- no fue, ni será, en vano. Esa sangre es la que nos ha hecho
soñar en que se puede ser libre de verdad, aquellos derramamientos,
muy dolorosos, y los actuales –ya quizás sin una matanza
indiscriminada por las armas, pero si por otros medios
lamentablemente más efectivo y que no dejan un culpable a la luz- es
la que hoy nos motiva a luchar. No bastará con el poder de los
medios, el poder económico, el poder que tengan; los pueblos merecen
vivir y morir LIBRES. Y así lo deseaban todos nuestros antepasados
–a pesar de que muchos tengamos raíces europeas, y renegamos de
ellas- somos hijos de indios, porque este suelo que habitamos es el
mismo suelo que los indígenas dominaron, conocieron, utilizaron y
plagaron mucho antes de que un grupito de españoles, apoyados por
una monarquía, liderados por Colón decidieran hacer de
descubridores y posteriores navegaciones, actuar de asesinos y
ejecutar a la única raza de América Latina que nació y vivió
libre. Lamentablemente, no murió en libertad por culpa de los
desalmados invasores, porque eso eran: INVASORES.
“El
pueblo que compra manda, el pueblo que vende sirve; hay que
equilibrar el comercio para asegurar la libertad; el pueblo que
quiere morir vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse vende a
más de uno”, aseguraba el primer libertador cubano José Martí y
a la vez el CHE lo rectificaba en la cumbre de la OEA realizada en
Punta del Este en el año 1961. Aquel dicho, sumado al de “El
pueblo que confía en su subsistencia a un solo producto, se
suicida”, dicho también por el nacido en el país del caribe, es
el barco común que las naciones que se encuentran por debajo de
México, ese inclusive, tienen para negociar. Son pocos los países
de América Latina que tienen industrias y si las tienen son pocos
los que venden productos manufacturados. Es decir, una industria
débil desde siempre, y cuando esa industria podía apuntar a ser
fuerte en el mundo -hago referencia a países como Argentina, México,
Brasil, Chile, entre otros- se privatizaron y se vendieron por una
muy pequeña cifra de dinero a los intereses imperialista. El sueño
de YPF en Argentina, duró hasta los 90 -previos ataques de todos los
gobiernos que tuvieron en sus manos el poder- cuando el entonces
presidente Carlos Menem vendió la petrolera, que nunca en su
historia había dado perdidas, a un grupo español. El resto de
Latinoamérica no quedó al margen de este tipo de políticas, de
esta explotación de sus empresas, sus industrias, sus servicios, sus
suelos. Cuando los distintos países del continente eran colonias de
España y Portugal, se abusaba del monocultivo, según como fueran
siendo las necesidades allá en Europa; cuando el furor fue el oro y
la plata, desabastecieron de estos productos a todo el continente;
cuando el furor fue el azúcar, los españoles y portugueses tomaron
la decisión de que en todas sus colonias, donde el suelo fuera
fértil para producir el “oro blanco”, sólo se cultivara la caña
de azúcar abusando del suelo y del monocultivo. Luego fue el cacao,
en países que aprovechaban para cultivar tabaco u otros productos,
después llegó el monocultivo de algodón; el cual, luego de la
independencia de los países se lo vendían a Inglaterra y este
imperio nos vendía las telas trabajadas, es decir con el valor extra
de la manufactura. ¿Cómo puede ser que vendamos, ayer y hoy,
nuestras materias primas y comprar el producto finalizado? Fidel
Castro, líder de la Revolución Cubana iniciada en 1959 y hasta hace
poco Presidente de aquel país que respira libertad, dijo en su
histórica defensa por el asalto al cuartel Moncada “Cuba sigue
siendo una factoría productora de materia prima. Se exporta azúcar
para importar caramelos…” El producto finalizado es el que más
vale, entonces hoy Estados Unidos, ayer su ex maestro Inglaterra, han
explotado al máximo el negocio de comprar productos, materias
primas, baratas y vendernos, en base a esos productos, el fruto
finalizado, es decir: PERDIDAS ECONÓMICAS. Claro, yo vendo a 5 y
compro a 10, pierdo una suma de dinero por no producir el producto;
además de todo, era sólo uno el que fijaba el precio de la materia
prima en los mercados internacionales, y esos precios se movilizaban
según el furor del producto o la necesidad de la industria europea y
luego la del vecino de México.
Aquí
no finaliza la forma más ruin de explotación. Hoy, con una
modernización del abuso y la utilización los países si tienen
industrias, pocas, no sea cosa de que se liberen económicamente,
industrias que dependen de Estados Unidos o de algún país del viejo
continente. Esto sucede, porque al igual que en la época del
colonialismo, los brazos de trabajo en América Latina son muy
baratos y fáciles de explotar.
El
filosofo alemán Karl Marx, padre del comunismo, escribió en su obra
El Capital
“El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América,
la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas
de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de
las Indias Orientales, la conversión del continente africano en
cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los
albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos
representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de
la acumulación originaria”. Queda claro lo sucedido y los
antecedentes. Los brazos esclavos fueron traídos de África a
América para trabajar primero en las minas y luego en los campos
como el bum industrial, nuevamente ayer europeo hoy yanqui, lo iba
requiriendo. Así fue como nos convertimos en el bien necesario de
una maquina económica que nos exprimía como un limón, nos sacaba
todos los jugos y dejaba una cáscara llena de miserias, total la
riqueza se lograba en otro lado donde no había que explotar a nadie.
Nuestros brazos fueron, son y, si no hacemos nada ya para liberarnos,
serán baratos; el sueño de libertad e igualdad no esta desecho, el
sueño está intacto y ya no debe basilar más si es o no momento de
salir a tomar el toro por las astas y luchar por la Segunda
Independencia de América Latina.
No
hace falta ir muy lejos para entender que cuando en nuestro
continente, todos países hermanos aunque quieran separarnos, se
intento no ser dependiente de alguien o se llevó a la práctica ese
sueño de libertad por parte de algún pequeño grupo, el acto
vandálico encabezado por el imperio de turno fue el de ahogar o
ahorcar ese pensamiento independiente de igualdad. Las distintas
reformas agrarias que sirvieron, durante poco tiempo claro esta, para
dar trabajo y alimento a los trabajadores de una parcela de tierra,
no fueron bien recibidas por Estados Unidos, y así actuaron contra
quienes lucharon por los necesitados. Zapata fue asesinado, Allende
destituido –a pesar de que dio la vida por Chila-, Sandino
asesinado, Ernesto Guevara asesinado, Artigas desterrado. Parece ser
que no pueden existir libres pensamientos y síntomas de igualdad. Si
no vas con el imperio y su corriente colonizadora, a pesar de estar
en el siglo XXI, es sinónimo de que no debes existir. Seremos
libres, pese a quien le pese. El sueño de un continente
independiente y unidos sus países entre si como hermanos que son y
como Bolívar, San Martín, Artigas y Martí deseaban es inminente,
está muy pronto a llegar. Capacitemos a los pueblos para poder
defenderse del maltrato que hoy mismo cometen las sociedades de un
mismo país. Ya lo decían hace mucho “Un pueblo que piensa es un
pueblo libre”, cuando el 110 por ciento de una población sepa leer
y escribir, el sueño de ser libres va a estar hecho, cuando no
exista un niño, joven o adulto muerto por el hambre y la
desnutrición vamos a haber realizado de una vez y por todas la ¡GRAN
REVOLUCIÓN DE AMÉRICA LATINA!
Hoy
somos un continente subdesarrollado –culpa de algunos poderosos-,
ya decía el CHE que el subdesarrollo es un enano de cabeza enorme y
panza hinchada, que sus piernas son débiles y sus brazos cortos no
armonizaban con el resto de su cuerpo. Así es como muchos chicos en
los pueblos, que no son la capital de un país, se encuentran. Las
provincias chicas de algunas naciones de América Latina sufren el
aislamiento que desde hace cientos de años los grupos usureros y
adinerados les hacen pagar… Nadie sabe porque existe el
ensañamiento del que más tiene contra el que menos tiene, pero
siempre fue así. El pobre se ve obligado a ser explotado para poder
comer y darle de comer a sus familias; el pobre es el que no tiene
derechos laborales y debe estar en las minas, en los campos o en la
industria siendo explotado y abusado por los jefes o los dueños de
un latifundio o empresa. Todo esto podría decirse que es por culpa
de los gobiernos propios de cada país, pero sería ir hacia la
mancha y no saber porque está esa mancha en ese lugar. Sobre Cuba,
por ejemplo, se dijo cuando amanecía el siglo XX que poco a poco
todo sobre la isla iba pasando a manos de ciudadanos yanquis, lo cual
favorecía esto a conseguir la anexión de aquel territorio a Estados
Unidos; además, en 1960, el ex embajador yanqui de la isla Earl
Smith aseguró que previo al arribo de Fidel el embajador era el
segundo y muchas veces hasta el primer personaje del país, muchas
veces más importante que el presidente. A estos malos tratos, en
realidad trato de poderoso imperialista a país subdesarrollado, se
suma los robos de territorio a México –Texas, California,
Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada y Utah- y ya se decía
“Pobrecito México, tan lejos de dios y tan cerca de Estados
Unidos”. Todo el continente sufrio directamente el ataque y los
colmillos del imperio. Sus empresas, sus políticas, su manoseo. Todo
el territorio sufrió sus manejos, maltratos y decisiones; todos
vemos sus bancos, sus petroleras, sus fabricas de ropa, sus
industrias de alimentos, su todo. Nosotros vivimos, sin darnos cuenta
quizás, monopolizados por ellos y sus productos. Ellos, con el
maldito libre comercio y sus entidades financieras –FMI, Banco
Mundial, Bid, etc.- ya están instaurados en el continente, rigen los
precios de todo, la política de los países, su economía y su todo;
desfavorecen los productos nacionales de cada país y la industria de
cada nación se ve obligada a cerrar o a venderse al imperio. Así se
instauran y así nos manipulan, pero claro esta que no debemos ceder
ni aceptar sus reglas de juego. Somos Latinoamericanos y nosotros
ponemos las reglas en nuestro suelo.
Desde
el extremo norte de México hacia el último metro de tierra al sur
de Argentina, somos todos una raza única que sueña con ser libre y
ser independiente del imperio. Sueña con la igualdad entre sus
pares, con la igualdad de posibilidades para todos, con la
posibilidad de que TODOS tengan acceso a la salud, a la educación,
al trabajo, a la alimentación, a una vivienda. Que nosotros seamos
los que podamos depender de nosotros para hacer y soñar. Que los
sueños sean nuestros y no los instaurados por otros, que soñemos
con la libertad y luchemos por ella; que nada quede en la historia.
Que los sueños pasen a la etapa superior y sean realidad; que los
sueños de libertad sean ya una realidad para los pueblos que
vivieron bajo las fauces del imperio, repito ayer español o
portugués, luego ingles y hoy yanqui, puedan volar libres. No hay
que permitir que en nuestro siglo exista gente que no sepa leer ni
escribir, que muera de hambre, que viva en las calles; esto pasa, y
en nuestras manos esta la fuerza para hacer que esto no suceda más.
Si los pueblos defienden sus procesos de cambio, nadie, absolutamente
NADIE podrá acallar el grito de ¡LIBERTAD!
Pueblos
de América Latina: soñar no cuesta nada, lo que cuesta es hacer
realidad esos sueños. Pero para hacerlos realidad, y que no queden
sólo en el inconsciente, hay que ejercer la labor de pelear por lo
justo, por la igualdad, por aquellos que hicieron todo lo que estuvo
a su alcance para que nosotros pudiéramos conocer el significado de
la palabra “Libertad”. Cuando todos juntos peleemos por lo mismo,
y con la misma motivación, vamos a poder culminar con la opresión,
que lamentablemente avanza por las calles sin darnos cuenta, o sin
querer darnos cuenta, y conseguir de una vez por toda la tan ansiada
INDEPENDENCIA por la cual lucharon los verdaderos héroes de nuestro
continente -respetando su época-: José de San Martín, Simón
Bolívar, José Martí, Ernesto Guevara, Túpac Amaru, José Artigas,
Salvador Allende, Fidel Castro, Emiliano Zapata, Augusto Cesar
Sandino, etc. Hoy y siempre, ¡VIVA LA LIBERTAD Y LA IGUALDAD DE LOS
PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA!
Baradero,
Buenos Aires, enero de 2010
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