Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


Volver al Listado de autores
2

Hablábamos de los ojos y de los que creen que en la mirada se puede ver la fuerza del alma. Los suyos eran ojos de ciudad, como esas calles abrumadas de miles de historias vagabundas: ambiciones, desengaños, fracasos, vanidades, angustias, soledades, soledades y más soledad.

Creo que no he conocido algo más mentiroso que la ciudad. Sus grandes edificios y el progreso simulando amparo y larga vida a la integridad del futuro de la civilización; si esto es ser civilizado hay muchos que preferiríamos ser hombres de las cavernas.

Eran ojos también de infancia ausente. Que extraña razón la que nos hace desterrar lo que nos hiere y sepultar la agonía de haber sido quienes fuimos. Pero el pasado no puede ser cambiado por mas destierros o entierros que logremos inventar y sus ojos lo sabían y lo decían todo.

Convengamos en que no era lo que se dice ser el "alma de la fiesta"; mamá se encargó tan bien de cuidar y proteger a su muchacho de todos los males de este mundo, de los males, de los bienes y de los amigos que nunca pudo tener.

Y por sobre todas las cosas, las que nombro y las que estoy omitiendo decir, de su padre que sí estuvo cerca, pero hubiera sido mejor para él que no lo hubiese estado.

La multitud de sus cicatrices, trofeo a la memoria, herencia inalterable de su tormentosa niñez; su intento de suicidio; su sueño recurrente del puente circular que se convierte en cenizas y del mar que lo tragaba pero no acababa nunca de ahogarlo. Amilcar Hussen y su pena. Una daga atravesando sus días, un suicidio a la razón. La muerte en el alma. La desesperanza de no poder deshacer y volver a escribir todas y cada una de las páginas de su vida. El "no ser". Existir pero no ser. La pena tiene esa química especial, ese choque entre tu cabeza y una pared que te saca de la realidad, que te lleva a ese lugar donde no sos nada. Donde se puede encontrar el propósito de la existencia o con solo intentar comprenderlo conocer las sombras de la locura. Te cura o te mata.

Todo esto dentro de un estuche un tanto maltratado y esos ojos de tempestad hablan por si mismos de este hombre enredado de quien intento humildemente, aunque mas no sea, dar a conocer una pequeña porción de su historia.

© Diego Bisio