Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Clamores de mil voces

Ojos rasgados, quebrados,
pieles morenas, con penas,
pelos cobrizos, con rizos,
y mil lenguajes con coloridos ropajes.
La ciudad tiene ya mil caras
pero una misma ilusión,
compartir chispas de vida
que salen del corazón.
Una antorcha está encendida,
es la llama fraternal,
mil pensamientos en uno acrisolados,
en un pueblo la sangre de mil venas,
finalizaron los sentimientos huidizos,
una cultura de mil bagajes.
Mil años mil pueblos fueron,
y mil envites dió la historia,
queda aun hoy la memoria
de los que aquí estuvieron.
Otros buscan ahora el reclamo
que los antiguos proclamaron,
la misma causa torna morada
del fin que nuestros ancestros buscaron.

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Madrid, villa y corte

Madrid es capital de un reino
y ciudad así cosmopolita,
es villa y sede del gobierno
y corte que a embajadas invita.
Red radial de calles estrechas,
un bar o un banco en cada esquina,
pueblan sus portales gentes maltrechas,
gran población entre sus edificios se hacina.
Lugar de arte, política y comercio,
donde se duerme poco y se trabaja duro,
donde la senectud es mas de un tercio,
donde no queda casi aire puro.
Madrid, la ciudad de la Almudena,
de San Isidro y María de la Cabeza,
donde la gente peregrina y reza
y oculta en la religión su pena.
Madrid, ciudad de músicos y artistas,
con galerias y espacios de conciertos,
le faltaba a esta villa puertos,
playa y un mar de caramelo,
es igual, de Madrid al cielo.

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Fumando espero

Fumar dicen que es placer para millones,
que al inhalar se eroticen los pulmones,
cada calada es evasión, antiestres, relajo,
honrada diversión, lo ves a destajo.
Nicotina, eres dolor para la gente,
asesina de sabor poco corriente,
me llenas de calma a tu paso,
resuenas en mi alma por tu ocaso.
Vierte tu tónico si estas a mi lado,
muerte de ozónico gas, negro pecado.

Bocanadas de humo, deplorable aliento,
caladas que consumo en estable momento.
Tabaco suicida, vos sois un problema,
saco de tu herida tos y flema.
Condena de pitillos que me empeña y en mi anida,
cadena de cigarrillos que se adueña de mi vida.
Tabaquismo profundo, vicio de verdad,
abismo en el que me hundo, sin voluntad.
Bronquiales silvidos que emergen del alma,
puntuales pitidos que convergen sin calma.
En enfisema se convierte tanta toxina,
el problema es la muerte por la nicotina.

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El señor de la guerra

El señor de la guerra se levanta,
es autor que a la tierra espanta,
montañas y laderas le evitan,
antañas fieras que resucitan.
Soldados y fusiles comparten dolor,
callados misiles reparten horror.
Rocas y rios sudan hiel,
bocas con desvarios mudan su piel,
porque llega la hora de la muerte,
porque se entrega quien mora a su suerte,
y llanto con habla se confunde,
y un quebrato entabla que trasfunde.
Civiles aguardan saber sus destinos,
serviles tardan en acontecer los desatinos,
y medallas tornan condecoraciones,
y estallas en rezos y devociones.
Vidas inmersas en duelo sin frontera,
partidas presas de un suelo con bandera,
la ley es el honor, empeños de ermitaños,
y un rey es señor de dueños y extraños.
Luces grandiosas de un hombre sin gobierno,
cruces y losas sin nombre ni reino.

© Miguel de Asén