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Aire, que pesas en su ausencia,
porque la vida me falta si no estás tú,
porque un hueco siento en mi corazón,
porque no siento ni anhelo si no es por tí.
Me he pasado las noches llorándote,
y el recuerdo de tí es en mi alma vacío,
sólo siento tu falta, te anhelo,
nada en mi vivir me da consuelo.
He pasado horas eternas pensando en tí,
y los sitios que conocí contigo me traen dolor,
solo me consumo ya en mi soledad,
sólo se de verdad que no volveré a amar.
Mil recuerdos son ya espinas en mi ser,
tus caricias me queman en su falta,
nada sino un poco morir es ya vivir.
He vivido contigo instantes sin parangón,
he soñado mil veces que estabas aquí,
nada importa ya sino tu ausencia de mí.
Sólo queda en mi vida ya soledad,
quisiera no tener que más ya respirar,
pues el aire me pesa si no estas tú.
Quisiera sostener mi alma quebrada,
junto a la piel seca que me asoma,
es el destino el que nuestra vida doma,
y la conciencia ante la incertidumbre quedó callada.
Camino de la vida, ¿qué vereda llevas?,
ruta del destino, senda del azar,
quisiera a la suerte yo poder mirar,
y me hundo sin más entre circunstancias ciegas.
Tus ojos son suspiros para mi alma,
tu tacto es cadencia que me quema,
el fuego de mi ser junto a tu cuerpo estalla,
y soy tan sólo celo, instinto enamorado.
Confrontar palabras en líneas gastadas,
componer estrofas, ensayo y error,
escribir a veces es dicha o dolor,
y mi alma suelta su esencia, su savia.
Quisiera acallar del mundo los gritos,
suavizar, confortar, aliviar dolores,
son los individuos anónimos seres
pero su dolor es el mío donde va.
Lejos de mi ser la ilusión me abriga,
sombra de mi piel, esperanza llevo,
a la vida con dicha me entrego,
tal vez así la felicidad consiga.
© Miguel de Asén