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Trans La Reja
Al hombre que estuvo en la cárcel por robar unos pañales.
Trans la reja el alma herida,
en mi celda la mente huída,
con frescor de soplo de vida,
olvidando la afrenta no merecida.
Pájaro mil veces ser quisiera
y volar a un lugar sin nombre,
sentir la libertad en mi boca,
llenarme de brisa, de sol, de risa.
¿Tanto mal hice yo al mundo?
¿No son mis lágrimas bastantes?
Son los años millones de instantes
y este pozo es tan profundo,
que aún respirar es ya condena.
Nada ahora mi ser llena,
sólo me queda la pena
y en mis pies una cadena.
Necesito la voz y la palabra,
dar rienda suelta a mi sentir,
si no, parezco morir,
si no, ya no sé reir.
Necesito la voz y la palabra,
para expresar mis temores,
para narrar los amores,
para dar tributo a las flores.
Necesito la voz y la palabra,
pues sin ella nada soy,
pues sin ella no sé donde estoy,
pues sin ella no sé donde voy.
Necesito la voz y la palabra,
para tejer esperanza,
para bailar de mi ser la danza,
para hacer de mi mente punta de lanza.
Necesito la voz y la palabra,
¿y qué queda de mi obra,
cuándo mi juicio verdad recobra,
cuando nada de mis versos sobra?
Necesito la voz y la palabra,
como necesito vivir,
y son mis versos dolores,
y escribir es mi hoy,
las musas son mi matanza,
como de tinta picadura de cobra.
Vivir sin sentir quisiera,
y mi voz es una fiera
que desgarra mi entraña.
El ripio mi juicio empaña,
y siento a veces morir,
y no lo sé describir
ni entre rimas ni con prosa.
La fragancia de una rosa
no se puede expresar en papel,
como inútil es el cincel
para captar el sabor de un beso;
escribo, siento embeleso,
y es mi fuerza de vivir,
sólo así yo sé sentir,
sólo así me siento vivo.
Y es el verso tan esquivo
que traidor parece a veces,
pero regala con creces
el esfuerzo de mi memoria.
Tal vez un sitio en la historia
quede para esta sonata,
serán palabras de plata,
serán recuerdo o huella,
y de mi ser, un poco mella.
Como senda que se queda en el olvido,
como flor silvestre que no germina,
el hombre tras de su sino camina
sabiendo que nada nunca ha sido.
¿Qué es lo que el hombre ha conseguido?
Los frutos de una conciencia asesina,
la envidia que por brotar termina,
los golpes de un destino perseguido.
Nada queda que no quede distante,
los labios secos de un furtivo beso,
el abrazo sensible del amante,
mirar a la mujer con embeleso,
la antigua voz del discurso brillante,
la sombra oscura del futuro espeso.
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Vida estrecha
Oscuras quimeras,
futuras fieras
que son vida y sentir.
Quien pida sufrir
que su corazón prepare,
que su razón repare
y encienda su amistad.
Que entienda la verdad
que queda en cada cosa,
el veda no reposa,
no puede reposar.
La sede del lugar
es esencia de espinas,
conciencia, así caminas.
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Dura rima entrecortada
Quisiera no rimar,
pudiera no encerrar
entre cadenas la pluma.
Quien estas condenas asuma
se ofrecerá a un ocaso,
caerá en un fracaso
del que es duro salir.
Yo procuro intuir
las esencias esperadas,
las presencias anheladas
que el juicio reporta.
Inicio la corta
existencia de la pluma
antes de que mi conciencia se consuma.
Siento de poesía hastío,
tormento, de sed fría, mío,
recorta mi corazón,
acorta mi razón,
entresaca mi entraña.
Ataca mi ser, lo baña,
de pena sin consuelo,
lo encadena al hielo,
que es, a veces, no sentir.
Alguna vez pareces vivir,
recorres versos con la vista,
entre universos de artista,
y escupes un trozo de gloria
ante el alborozo de tu memoria.
Momentos cautivos,
sentimientos vivos,
desolado paso,
gastado fracaso.
Recorrer fronteras,
mitigar barreras
donde germinar un día,
donde crear poesía.
Mil viejas canciones,
madejas de sensaciones
renovadas cada instante,
de las hadas causante,
imperio de un camino errante,
del serio destino incesante.
Quimeras adultas,
fronteras ocultas
que prevalezcan un momento,
que obedezcan al sentimiento
buscando una utopía,
esperando mi voz baldía.
Ocultas miradas que recobran
las adultas hadas cuando sobran
truncados sueños.
Anhelados empeños
que tornarán espera,
que truncarán frontera
entre cadencias dormidas,
hacia inmanencias perdidas.
© Miguel de Asén