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Yo te estaré esperando
aunque tú nunca vengas,
cuando vuelva el Otoño
a invitarme a su fiesta.
Cuando vea los árboles
arder en llamas quietas:
y un carnaval de luces
enmascare la tierra.
Cuando escuche en el aire
crujir la rama seca
al quebrajarse y el grito
del ave que se aleja.
Cuando sienta el latido
de un corazón que tiembla.
Y el llanto de la lluvia
sobre las hojas muertas.
En el quiebro más íntimo.
Solamente color entre tus pechos.
Si le pregunto al sábado dirá que la sonrisa
es superior a los recuerdos sorprendidos.
Si le pregunto al alma me dirá que en tus ojos
se conciertan los besos que tanto esperaste
de mis labios.
Si le pregunto al árbol
y a la nación toda de tu cuerpo
me dirán que el candor lo guardas
en la gloria del pecho
y en el quiebro
más íntimo de tus muslos de fiebre.
Yo te tomo dame pues el sonido y ten
estos mis brazos y mi boca
lleno de niebla el pulso hasta
que venzas.
© Francisco Arias