![]()
|
Escucho las voces varoniles trajinando por los ámbitos de la casa. Una risa, una protesta, un silbido. Desde mi cuarto, tendida, relajada, me dejo acariciar por esa melodía tan amada. Se llenan los espacios y cada rincón rebelde cae sumiso ante la vigorosa euforia. Se iluminan mis sueños, mi soledad, mi rutina. Siento aroma a carne asada, choque de copas, halagos al vino. Sube la intensidad de los sonidos y los recuerdos caen como lluvia desalmada. Estoy sola mi cuerpo se dobla en el vacío como evitando que huyan las sagradas voces por esos caminos del olvido. |
|
©
Ana María Manceda
Imprimir todos los textos
Kronhela Ediciones
Argentina - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
ARGENTINA